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| 2/1/2014 2:00:00 AM

El rumbo de la Alianza Pacífico

El más ambicioso bloque de integración del hemisferio, les impone grandes desafíos. En el agro colombiano hay muchos temores. ¿Cuáles son las oportunidades?

Tres años después de que naciera la Alianza del Pacífico, el ambicioso proyecto de integración en América Latina, los cuatro países que la integran –Chile, Colombia, México y Perú– se alistan para dar uno de los pasos más importantes.

El próximo 10 de febrero, durante la VIII Cumbre de Mandatarios en Cartagena, se oficializará la creación de una gran zona de libre comercio, con la firma de un acuerdo que elimina los aranceles para el 92 por ciento de los bienes y servicios que se comercializan en las cuatro naciones del bloque.

Solo quedará pendiente el 8 por ciento del comercio, conformado en su mayoría por productos agropecuarios, que son los más sensibles y tendrán un proceso gradual de desgravación de hasta 17 años.

De esta manera se consolida una “integración profunda” que ha despertado grandes expectativas en América Latina y en el mundo, por sus alcances económicos, comerciales y políticos. Así quedó demostrado durante su presentación oficial en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, donde la dirigencia política y empresarial del planeta conoció de primera mano los objetivos de esta unión.

La Alianza del Pacífico es una gran apuesta regional que busca potenciar a los países miembro ante la comunidad internacional y estrechar los vínculos comerciales con Asia, un continente en expansión.

El proceso es muy ambicioso porque se trata de integrar cuatro economías que mueven cerca del 50 por ciento del comercio de América Latina, representan el 35 por ciento del producto interno bruto (PIB) de la región y tienen 210 millones de habitantes. Es decir, sumadas se convierten en la octava economía del planeta, superando a Brasil.

A diferencia de otros procesos de integración en América Latina, el de la Alianza del Pacífico ha logrado avances más rápidos de los esperados. En menos de dos años se han consolidado acuerdos comerciales y de libre circulación de personas. Por ejemplo, se flexibilizaron las reglas de origen y las normas técnicas para el intercambio de productos, se eliminaron las visas de turismo y se avanza en acabar con las de negocios.

Los cuatro países ya se están promocionando en el exterior. Abrieron una oficina comercial conjunta en Estambul (Turquía) y tienen previstas otras dos en Casablanca (Marruecos) y Mumbai (India). También una embajada conjunta en Ghana, (África) y otras futuras en Argelia, Singapur y Vietnam.

Ahora bien, la integración va más allá de lo comercial. La Bolsa de Valores de México ingresará en los próximos meses al Mercado Integrado Latinoamericano (Mila), en el que están Colombia, Perú y Chile.

Pero, sin duda, el acuerdo de mayor impacto se dará en Cartagena, cuando se liberará más del 90 por ciento del comercio, paso que deberá ser aprobado por los Congresos de los respectivos países. En este tema hay inquietudes de diversos sectores que ven venir una mayor competencia. En Colombia la negociación del capítulo agrícola levantó tal sensibilidad que la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) se marginó del proceso argumentando que el campo será el gran perdedor.

El presidente de la SAC, Rafael Mejía, le envió una carta al ministro de Comercio, Industria y Turismo, Santiago Rojas, en la que fija sus reparos al acuerdo y le pide la lista de los productos agropecuarios que quedarán sin arancel y los plazos de desgravación.

Para el dirigente gremial, en esta negociación han faltado transparencia y claridad sobre lo que se está negociando y reiteró que Colombia se afectará en materia agrícola. “Hay muchas concesiones a México”, dice Mejía, quien ve con preocupación que se elimine la franja de precios porque sienta un grave precedente a la hora de negociar con las naciones asiáticas.

Sin embargo, el ministro Rojas sostiene que el impacto no será perjudicial porque para el agro se negociaron plazos largos de desgravación. Por ejemplo, en maíz se fijaron 17 años y para la carne de bovino, diez.

La verdad es que lograr un acuerdo gana-gana en materia comercial será uno de los mayores retos, no solo en el tema agrícola. Para Alicia Bárcena, directora ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el gran desafío de la Alianza está en fortalecer el comercio intrarregional, que apenas es del 19 por ciento, muy bajo si se tiene en cuenta que en Europa es superior al 70 por ciento.

Pero otro de los desafíos es disminuir la gran desigualdad social y evitar caer en los errores de otras negociaciones que, por diferencias comerciales o políticas, terminaron saltando en pedazos. Para Mauricio Jaramillo, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, el reto será demostrar que es posible una integración en América Latina y que puede perdurar más que la Comunidad Andina de Naciones (CAN) o el Mercado Común del Sur (Mercosur), que afrontan dificultades.

Con la conformación de esta Alianza quedan claramente definidos dos bloques –económicos y políticos– en la región. Uno – el que está listo para la firma– de economías abiertas, con democracias sólidas y partidario del libre mercado. El otro es el Alba, del que hacen parte Venezuela, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Bolivia y varias islas del Caribe, caracterizado por gobiernos de izquierda con un modelo económico estatal y proteccionista en cuanto al comercio. Mientras tanto, Brasil, la potencia regional, sigue siendo visto como un país con un pie en el modelo de izquierda y otro en la derecha.

En la cumbre del Alba realizada el año pasado en Guayaquil (Ecuador) se afirmó que estos dos proyectos de integración son totalmente incompatibles. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, dijo que “se enfrentan dos visiones del mundo: el neoliberalismo, el libre comercio, y aquellos que creemos en el socialismo, en garantías de derechos y en zonas libres pero no para el comercio sino libres de hambre y pobreza”.

El panorama político tampoco está tan despejado en la propia Alianza. La presidenta electa de Chile Michelle Bachelet ha señalado que no será excluyente con otros procesos de integración en la región. Además, Colombia todavía tiene pendientes por resolver conflictos comerciales con México, por las salvaguardias al acero, y con Panamá, por las restricciones comerciales al calzado y las confecciones.

Aunque hay temores de algunos sectores, la verdad es que hay varios países que quieren entrar y ya hacen fila. Uno de ellos es Costa Rica, que la semana pasada solicitó su adhesión, así como Panamá y Guatemala, que esperan el visto bueno. Adicionalmente, hay 25 países observadores que podrían ingresar en el futuro.

Para confirmar que las puertas están abiertas, el presidente de México Enrique Peña Nieto afirmó en Davos que “esta no es una alianza cerrada y está abierta a todos aquellos países que compartan los postulados democráticos, de defensa del Estado de derecho, del libre comercio, y de inclusión y desarrollo social”.

En conclusión, la Alianza del Pacífico es la plataforma de integración más importante que se está consolidando en América Latina, después de otros conocidos fracasos. No será fácil avanzar hacia un camino común de crecimiento y desarrollo social cuando hay tantos intereses de por medio, pero los cuatro países involucrados creen que vale la pena intentarlo.



Qué está en juego con la Alianza

Como en todos los acuerdos de comercio, hay oportunidades inmediatas para algunos sectores. En otros casos, hay que enfrentar retos.



Entre los sectores que ven oportunidades en este bloque están:

•Turismo: 
Se incrementó el número de viajeros. Colombia es uno de los destinos preferidos para los peruanos mientras que México registra un crecimiento de más del 20 por ciento en las visitas de colombianos.

•Educación:
 Se creó un cupo de 400 becas de las cuales ya se entregaron 256 para programas de pregrado, doctorado e investigación en los cuatro países. Se trabaja en la homologación de títulos universitarios.

•Comercio exterior:
Colombia prevé mayores exportaciones en los sectores químicos y plásticos, alimentos, industria farmacéutica y cosméticos, entre otros, con el fortalecimiento de cadenas productivas. En el sector textil-confecciones se espera posicionar marcas y conformar cadenas de comercialización.   Otros ven con preocupación esta gran alianza. 

•Agro:
Hay temor por la competencia de México. La SAC dice que con la eliminación de la franja de precios los productos más afectados serán aceite de palma, arroz, carne de cerdo, maíz, leche, fríjol rojo, confitería, chocolates y biocombustibles. Según el gremio, están en juego 1,3 millones de empleos.

•Desequilibrio comercial:
Colombia tiene un amplio desbalance comercial con México. Mientras el año pasado importó de ese mercado 5.137 millones de dólares, apenas exportó 771.000 dólares.

•Infraestructura:
Es el gran cuello de botella. Mientras Colombia no tenga carreteras modernas, puertos y aduanas eficientes y grandes centros logísticos, será muy difícil competir.
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