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| 9/12/1994 12:00:00 AM

ALIANZAS PARA EL PROGRESO

Con la apertura, se abren paso en Colombia nuevas formas de hacer negocios: la maquila, la franquicia y el joint venture.


EN UNA ECONOMIA DE mercado abierto existen nuevas reglas de juego aplicables a humildes y a poderosos. De ahí que haya surgido la necesidad de pactar alianzas estratégicas entre empresas, para beneficiarse de mano de obra barata, de mercados en expansión o de nombres de marca que garanticen éxito. En esas modalidades están la de representación de empresas extranjeras: la de maquila, la de compra y venta de franquicias, y la de jointventure.
En Colombia la primera ha funcionado por mucho tiempo sin que implique para el país grandes transferencias. La segunda ha sido importante para sectores como la confección, pero se limita al uso de mano de obra buena y barata. Las dos últimas son las de mayor potencial económico en el país, pero la cultura al respecto es casi nula.
La franquicia es un método de distribución o comercialización en el que una empresa (franquiciador) concede, bajo contrato, a un individuo o a otra empresa (franquiciado) permiso para establecer un negocio en un territorio definido y durante un tiempo específico. En el país el número de microempresarios fracasados es incalculable porque cuentan con escasos recursos económicos, poca formación administrativa, una capacidad operativa limitada y, en consecuencia, una fragilidad muy grande. Muchos se mantienen al borde del abismo. El franquiciado, a cambio del pago de un porcentaje sobre sus ventas, recibe asesoría suficiente en todas las áreas para enfrentar el reto.
"Pero si superamos un poco la idea del negocio de la esquina y avanzamos hacia nuevos conceptos, el desarrollo de la pequeña empresa en Colombia será distinto ". dijo a SEMANA Javier Orlando Gordillo, director general de la empresa Desarrollo Empresarial de Colombia, Desacol, con sede en Cali, y única dedicada al tema de las franquicias. En esencia la franquicia es un elemento importantísimo en la promoción del pequeño empresario.
" Pero en el país todos quieren ser independientes y ser los mejores de todo al mismo tiempo", dijo Juan Diego Londoño, consultor de la Comisión Europea. El síndrome colombiano es querer ser el mejor en todos los frentes. "Eso es imposible. A uno le va mejor si se concentra en una sola cosa", agregó. En Colombia hay camino recorrido con las franquicias de CocaCola. Pizza Hut, Office Depot. United Colors of Benetton, Wrangler, Sir Speedy. DHL y varias más. Otras harán pronto su ingreso como McDonald's y la cadena de comidas rápidas La Tablita. de México.
Algunas empresas colombianas ya han invitado a otros inversionistas a formar parte de su familia. Es el caso de Presto en el Viejo Caldas, y de sus posibilidades de expansión a Ecuador, Venezuela. Centro América y México. O casos como el de Totto, que en breve debutará en Costa Rica, Ecuador y México. O el de Azúcar, que se extenderá a otras ciudades de Colombia y a Ecuador. Estudios hechos por Desacol, promotora de la Asociación Colombiana de Franquicias, Acolfran, revelan oportunidades en confecciones, calzado, artes gráficas y el amplio sector de los servicios.
El derecho de franquicia de una empresa colombiana cuesta entre ocho y 10 millones de pesos, que sumados a los 30 ó 40 millones del montaje, eleva el total de la inversión a unos 50 millones. El riesgo, sin embargo, es muchísimo más limitado que si el inversionista se lanza solo al agua.
Todavía habrá que vencer muchos obstáculos. Pero si los inversionistas de hoy están buscando un socio específico con el que puedan hacer algo bien, rápido y barato, una franquicia podría ser la fórmula."Definitivamente la empresa moderna ha dado la vuelta, y Colombia tendrá que hacerlo hoy o mañana ", dijo Londoño. -
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