Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1996/01/15 00:00

AMARGO PANORAMA

A pesar de todos los anuncios de ayuda que han recibido los cafeteros, más de un especialista sostiene que el futuro del cultivo del grano es bien oscuro.

AMARGO PANORAMA

EL PRIMER ANUNCIO VINO del presidente Ernesto Samper durante el Congreso Nacional Cafetero el pasado 4 de diciembre, cuando el jefe del Estado se comprometió con un cuantioso paquete de ayuda en favor de los cultivadores del grano. El segundo aguinaldo tuvo lugar en el proyecto de reforma tributaria que aprobó el Congreso la semana pasada, el cual prevé que el 10 por ciento de los recursos adicionales que perciba el Estado por concepto del aumento del IVA estarán destinados a aliviar las deudas bancarias de los pequeños productores.
Pero a pesar de que ambas noticias colman aspiraciones de vieja data entre los cafeteros, el entusiasmo no ha sido el mayor. Y es que, se gún algunos, para muchos cultivadores del grano es su última oportunidad de salir adelante. Si estas soluciones proyectadas no funcionan es muy probable que sus oportunidades se hayan agotado por completo, porque el panorama para 1996 es bastante oscuro.
Para decirlo en términos más duros: este año que los cultivadores tanto han insistido en su crisis, los precios han sido relativamente buenos y en el mundo se ha hablado de bonanza. Pero hacia el futuro las cosas serán más difíciles por un aumento importante en la producción, principalmente por la recuperación de la cosecha brasileña, que de acuerdo con estimativos del Departamento de Comercio de Estados Unidos estaría sobre los 25 millones de sacos. Una sobreoferta en el mercado tumbaría los precios a niveles muy inferiores a los actuales.
Por eso los países productores están esperanzados en que los planes de retención funcionen y los inventarios de los importadores disminuyan. De darse esas circunstancias los precios para el próximo año estarían en alrededor de 1,20 dólares por libra, nivel que en cualquier caso es insuficiente para el grano colombiano . Es decir que así las cosas salgan a pedir de boca, los caficultores va a salir perdiendo.
Lo que pasa es que la producción en Colombia es más cara que en otros países por los costos de la mano de obra y por la revaluación del peso. Para que la exportación del café colombiano sea rentable el precio debe -según los estimativos más conservadores- estar por encima de 1,30 dólares la libra. Las cifras sobre cuánto vale producir una libra varían. Mientras que la Federación de Cafeteros estima que ese costo está en 95 centavos de dólar, los cálculos de Unidad Cafetera señalan que son 85 centavos. A cualquiera de las dos cifras hay que sumarle 20 centavos de dólar que vale el proceso de exportación y 20 centavos más para la Federación (aquí están contemplados los rubros como la promoción del café colombiano en el exterior, la investigación y el servicio de la deuda del Fondo Nacional del Café). En ambos casos el resultado es más alto que el precio internacional previsto para el año que viene.
Las diferencias de costos de producción con otros países exportadores son enormes. Por ejemplo a Costa Rica le cuesta una libra de café 80 centavos de dólar, mientras que a Brasil, 50 centavos.
Pero el rosario de dificultades del café colombiano en el exterior podría ir más allá del precio. Su participación podría disminuir para darle paso a cafés de menor calidad como los asiáticos, ya ,que las tostadoras multinacionales han hecho avances importantes en mezclas y en mejoramiento de granos y están obteniendo un café de buena calidad y a un precio muy inferior al colombiano.
Ante estas perspectivas, diversos sectores, comenzando por el mismo gobierno, han insistido en que es hora de hacer cambios radicales en la caficultura colombiana. El aumento de la productividad por hectárea cultivada para que los costos sean menores, es una de ellas. Además, sólo las tierras más aptas deberían dedicarse a la caficultura y las demás podrían buscar una nueva vocación, que bien puede ser la ganadería o la agricultura tradicional. A los trabajadores desplazados habría que crearles nuevas opciones. El gobierno ha previsto la creación de microempresas en la zona.
Si los argumentos de la productividad y la viabilidad son expuestos por los conocedores en Bogotá, en las regiones cultivadoras la perspectiva de los productores es diferente. Para ellos el café ha sido una actividad que le ha dado bienestar a 350.000 familias por varias décadas y es prácticamente imposible pretender desmontarla en unos años. Por otra parte, recuerdan que la estabilidad del campesinado es tan importante que los países desarrollados se gastan cientos de millones de dólares subsidiando a sus agricultores. Lo más curioso es que debido a la generación de empleo es que economías como la vietnamita y la indochina han promovido el cultivo del café.
Lo importante, por ahora, es que los planes diseñados por el gobierno y por la Federación realmente les sirvan a los cultivadores y que les permitan superar la actual crisis: ponerse al día con sus obligaciones crediticias y adoptar nuevas tecnologías para mejorar su productividad y sus ingresos. Si esos planes fallan o resultan insuficientes, entonces la situación tenderá a complicarse. La Federación ha señalado que en las circunstancias actuales la única ayuda adicional que el Fondo Nacional del Café le puede dar a los cultivadores es mantener el precio de compra de la arroba de café en 201.000 pesos. De seguir las cosas como van, todo apunta hacia que en la tierra del café más suave del mundo se comience a hablar unicamente de tinto amargo.

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