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| 4/27/1987 12:00:00 AM

¡AMEN!

Finalmente, la Iglesia decide pagar los platos rotos en la Caja Vocacional

¡AMEN! ¡AMEN!
Había que echarse la mano a la sotana. Seis meses de artículos de prensa, entrevistas, comentarios, cuestionamientos y fuertes pronunciamientos de distintos sectores contra la jerarquía eclesiástica colombiana, terminaron el martes de la semana pasada, cuando la Conferencia Episcopal decidió solidarizarse con los ahorradores perjudicados por la quiebra de la Caja Vocacional, y aportar los recursos necesarios para que todos los afectados recuperen su dinero.
Como era de esperarse, la actitud de la Iglesia fue vista con alivio. Sin embargo, quedó flotando en el ambiente la impresión de que si estos anuncios se hubieran hecho hace 4 ó 5 meses, poco después del estallido de la crisis, los daños para la imagen del clero colombiano habrían sido mínimos. Pero debido a la demora, la idea que quedó fue la de que sin escándalo, el Episcopado nunca se habría decidido a aportar sus recursos.
Sea como sea, la ayuda de la Conferencia Episcopal resulta definitiva si se tiene en cuenta que, sin ella, sería imposible la devolución de los dineros. Las cifras de la Caja confirman esa impresión. En el momento de la cesación de pagos en octubre del año pasado, la entidad contaba con unos dos mil millones de pesos en activos y 3.015 millones en pasivos, según los cálculos preliminares. De estos últimos, cerca de 2.800 millones correspondían a depósitos de 1.132 ahorradores, en su mayoría laicos. Por tanto, una simple operación de resta deja en claro que el hueco a llenar es de poco más de mil millones de pesos.
Sin embargo, la profundidad del hoyo puede haber cambiado en los últimos meses. Para empezar, la visita realizada por la Superintendencia de Sociedades ha permitido concluir que, teniendo en cuenta el enredo existente con los papeles, documentos, archivos y libros de contabilidad, faltan todavía algunos días antes de que se puedan establecer las cifras definitivas. En lo que tiene que ver con los ahorradores, una fuente de la Superintendencia indicó a SEMANA que "la cosa está tan enmarañada que hay gente con pagaré, hay otra con recibo, y hay otras más sin pagaré ni recibo".
Parece estar ya establecido que los ahorradores pequeños (aquellos con depósitos inferiores a los dos millones de pesos cada uno) son menos que lo calculado inicialmente. Esto implicaría que, del crédito otorgado por el gobierno nacional por 310 millones de pesos para devolverle este mes el dinero a este grupo de ahorradores, sobren recursos. Por otra parte, la lista de activos de la Caja apenas se definió la semana pasada y todavía no se sabe, a ciencia cierta, cuánto valen. Está claro, entonces, que la cuantía del faltante aún no puede determinarse y que, por ende, el hueco puede llegar a ser más grande o más pequeño cuando se establezcan las cifras definitivas de activos y pasivos.
En cambio, lo que ya nadie discute es de dónde va a salir la plata para cubrir el déficit. Para empezar, está el edificio de la calle 26 con carrera 27, en el centro de Bogotá, donde funciona el Secretariado Permanente del Episcopado (SPEG) y que está avaluado en 550 millones de pesos. Además, otro tanto deberá provenir de las diócesis regionales, donaciones hechas por los jerarcas de la Iglesia y otras rentas del Episcopado. Ya con estos aportes, se asegura que por lo menos los 749 laicos que tenían depósitos cercanos a los 1.600 millones de pesos, podrán recibir su dinero antes de que termine este año.
Con todo y las dificultades, las cifras se han ido aclarando por el camino. No sucede lo mismo con el tan esperado juicio de responsabilidades. Durante los seis meses de escándalo de la opinión, sin respuesta clara de la Iglesia, el agua sucia le cayó a monseñor Abraham Gaitán Mahecha --ex director de la Caja--, no sólo por parte de los articulistas de la prensa, sino también por el lado de los obispos. Por un momento, todo parecía indicar que Gaitán Mahecha tendría que cargar solo con toda la responsabilidad. Sin embargo, la semana pasada éste decidió romper su silencio. En un comunicado y una entrevista exclusiva con SEMANA, monseñor Gaitán sostuvo que la responsabilidad era compartida con gerentes, auditores, asesores y, ni más ni menos, que con la junta directiva de la Caja, que hasta entonces había pasado agachada. Lo anterior no quiere en modo alguno decir que Gaitán Mahecha haya salido idemne de la situación. De hecho, a mediados de la semana pasada se planteó la posibilidad de que el ex director de la Caja sea sometido a un juicio canónico por parte de las autoridades eclesiásticas. En fin, aunque lo sucedido en los últimos días con la Caja y con las personas vinculadas a su crisis marcó el inicio de un proceso de aclaración de las circunstancias, la historia sólo terminará cuando los ahorradores reciban su cheque y se lleven a cabo los procesos contra los presuntos responsables.
Sólo entonces, la Iglesia colombiana, después de haber aprendido algunas lecciones, habrá despertado de su pesadilla y, como al final de la misa, podrá decir, con los brazos en alto:
"Podéis ir en paz".--

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