Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 6/16/2012 12:00:00 AM

Angela Merkel: con el mundo en sus manos

Buena parte del destino de la economía mundial depende de Alemania. Políticos, economistas e inversionistas creen que la salida de la crisis que vive la Eurozona pasa por las manos de la poderosa Angela Merkel.

La crisis de la Eurozona cada vez está peor. Al descalabro de la economía griega se suma la difícil situación que viven Portugal, Chipre, Italia y España, países que ya están en recesión. Sus sistemas financieros están muy frágiles -en algunos casos al borde de la quiebra-; los gobiernos están pagando a los inversionistas intereses nunca antes vistos por su deuda y las tasas de desempleo superan el 20 por ciento. Los jóvenes viven el momento más dramático: uno de cada dos españoles y uno de cada tres italianos no tienen trabajo. La caída de estas economías está amenazando el crecimiento de los países centrales más grandes como Alemania y Francia.

Mientas la crisis en la Eurozona hace metástasis, crecen las angustias en otras economías. La recuperación en Estados Unidos pierde impulso; Japón no levanta cabeza; Reino Unido, la economía más poderosa por fuera de la zona euro, entró en recesión por primera vez en dos años; India está asediada por la revaluación y el enfriamiento de su economía; China se desacelera, y el primer afectado en el equipo latinoamericano es Brasil. La séptima potencia emergente (uno de los llamados Bric) les bajó los ánimos a todos en la economía internacional, con un crecimiento en el primer trimestre de solo 0,2 por ciento.

La crisis de la economía tiene atrapada la atención de todos los medios de comunicación del planeta, que hablan de cómo se está agravando día a día el panorama. La prestigiosa revista inglesa The Economist ilustró su última carátula con un buque -que representa la economía mundial- hundiéndose en las profundidades del mar y bajo el título 'Start the engines, Angela' (Prende los motores, Angela). Según la publicación, la economía mundial está en grave peligro y, en buena parte, todo depende de una mujer.

La revista recoge la percepción que hay en el mundo. Políticos, inversionistas y economistas piensan que, en gran parte, la solución a la crisis de la Eurozona pasa por las manos de la poderosa canciller alemana Angela Merkel (ver recuadro).

Son varias las razones por las cuales todos creen que el destino de la economía mundial está en sus manos. No es solo por su liderazgo, que de hecho ejerce con sobradas cualidades y por encima de todos los poderosos jefes europeos. Es también porque está al frente del motor de la economía de Europa. Alemania es el país que mejor ha capoteado la crisis: tiene el déficit fiscal más bajo del bloque económico; la tasa de desempleo alemana es la más reducida desde la reunificación y, pese al entorno tan difícil, el Bundesbank (Banco Central) revisó al alza sus pronósticos de crecimiento para 2012 hasta el 1 por ciento, frente al 0,6 previsto en diciembre. La 'canciller de hierro' es el emblema de una de las fórmulas de salida más duras de la crisis: la disciplina fiscal. Y muchos la ven como el jefe del equipo de bomberos que puede ayudar a apagar el incendio.

Lo que está en juego

El asunto es que el incendio que estalló en la Eurozona amenaza con extenderse por todo el planeta. Todos están asustados. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, advirtió que hay una seria amenaza de que por culpa de Europa el mundo viva una nueva recesión. El mandatario les exigió a los líderes europeos inyectar capital en sus bancos y estabilizar el sistema financiero. "Las soluciones son duras, pero hay soluciones", dijo, anotando además que "no todo puede ser recortar", aludiendo a las medidas que ha impulsado Alemania en Grecia y ante la crisis en general.

En plena campaña electoral, la economía le podría hacer pasar una mala jugada al presidente Obama. El candidato republicano Mitt Romney ha aprovechado las estadísticas económicas, que muestran que la economía se desaceleró en el primer trimestre y que la tasa de desempleo subió en mayo por primera vez en 11 meses, para cargar contra Obama y afirmar que sus políticas "han fracasado", dice la agencia EFE.

Con la crisis del viejo continente es mucho más lo que está en juego. Para empezar, el bienestar de los ciudadanos europeos que por años habían vivido como ricos y ahora están pasando las verdes y las maduras. Pero también está en juego la estabilidad social y política de estos países.

La disciplina fiscal a la que se han visto sometidos en los últimos tres años Grecia, Portugal, Irlanda, Italia y España es un arma de doble filo. Los disturbios sociales y las protestas por los recortes, las reformas laborales, los despidos, el incremento de impuestos, el congelamiento en pensiones están a la orden del día en las principales capitales europeas, donde el movimiento de los Indignados y los grupos de extrema derecha cobran fuerza cada día que los gobiernos se ven obligados a apretar los cinturones. Con la crisis, las fuerzas más radicales en la sociedad levantan la cabeza: de Marie Le Pen en Francia a Alexis Tsipras, el jefe de Syriza, la alianza de la izquierda radical en Grecia.

El deterioro en la calidad de vida, el empobrecimiento de la población y la pérdida de las conquistas sociales han barrido con los políticos del viejo continente. Algunos tuvieron que renunciar antes de tiempo como consecuencia de las presiones y revueltas sociales, otros fueron castigados en las urnas por el pueblo. La lista es amplia. Silvio Berlusconi de Italia, Gordon Brown en Inglaterra, José Sócrates de Portugal, Yorgos Papandreu de Grecia, Brian Cowen de Irlanda, José Luis Rodríguez Zapatero de España, Lars Løkke Rasmussen de Dinamarca y hasta Nicolas Sarkozy de Francia, que perdió las últimas elecciones. No hay presidente o primer ministro que esté a salvo del chaparrón de la crisis.

La única que ha sobrevivido unas elecciones en medio de la crisis ha sido la canciller Angela Merkel, aunque su partido ha perdido elecciones regionales. Y el próximo año se juega su futuro en las elecciones nacionales entre unos votantes alemanes que se resisten a pagar por los platos que, a su juicio, otros rompieron en Europa.

Pero en juego hay mucho más: la supervivencia del euro. La probabilidad de que Grecia abandone el euro tiene consecuencias que no se han dimensionado. El fantasma de la salida de la moneda única ha rondado a los helenos las últimas semanas. Los ahorradores han sacado depósitos de los bancos, asustados ante la posibilidad de que el país regrese a su vieja moneda, el dracma. Si esto ocurriera, sus ahorros valdrían una fracción de lo que valen hoy.

El director de Fedesarrollo, Leonardo Villar, afirma que si esto sucediera, la credibilidad de la moneda única estaría en juego y ciudadanos portugueses, italianos o españoles podrían actuar de igual forma, provocando una corrida de depósitos. "Una ruptura desordenada del euro sería algo catastrófico. No creo que vaya a suceder", afirma.

En un escenario de una ruptura de la zona euro, el pronóstico de ING es que se presentaría una depresión en este bloque con una caída del 10 por ciento en su Producto Interno Bruto y durante un período muy largo de tiempo. Y, ahí sí, que tiemble todo el planeta.

Aunque China, India y los países emergentes, como los de América Latina, hacen contrapeso en la economía mundial, serían igualmente impactados con una caída dramática en la demanda del viejo continente, que es uno de sus grandes socios de negocios. De hecho, los efectos ya se ven en los precios del petróleo, que han caído un 20 por ciento en las últimas semanas. Esto se debe, en parte, a la incertidumbre que reina sobre la economía mundial y a la desaceleración del consumo en Europa.

La verdad es que nadie está blindado. Para Colombia es preocupante la caída en los precios del petróleo, pues es el principal producto de exportación. Una recesión global golpearía al país por el lado del comercio internacional y los flujos de inversión, que se afectarían de inmediato. El gobierno acaba de reducir su pronóstico de crecimiento para este año a 4,8 por ciento (estaba entre 5 y 6 por ciento).

Origen y solución

Los economistas saben perfectamente cuál es el origen de esta crisis, pero no se ponen de acuerdo en el remedio. En el fondo, nadie lo sabe.

La actual situación que viven los países europeos, en buena parte, es un coletazo de la crisis que se originó en Wall Street en 2007, debido a que los gobiernos tuvieron que aplicar planes de rescate para salvar al sector privado (según el FMI, al menos ocho países han desembolsado más de 1,2 billones de euros de sus arcas para rescatar al sistema financiero). Pero hay que buscar el origen más atrás. Los últimos ocho años han sido de indisciplina fiscal en los países de la Eurozona y ahora están pagando los platos rotos de esa laxitud.

Pese a que los pilares fundamentales de la Unión Económica y Monetaria han sido los límites a la inflación y el déficit fiscal, del que se impuso como regla un máximo de 3 por ciento del PIB, varios países cayeron en las tentaciones propias de gobiernos populistas y gastones.

Las naciones de la Eurozona empezaron a perder el rumbo a partir de 2002, cuando economías poderosas como Francia y Alemania tuvieron problemas de crecimiento, le hicieron el quite a la regla de oro fiscal y, como consecuencia, los otros países se sintieron en libertad para aumentar su gasto. Con menores tasas de crecimiento económico, y con la crisis, el déficit inevitablemente se disparó. La deuda de Italia es del 130 por ciento de su PIB y casos similares se presentan en Portugal, Grecia o Irlanda.

Se entiende, entonces, que con las deudas hasta el cuello la fórmula que se haya planteado en los rescates lanzados por la Unión Europea -con Alemania a la cabeza- se haya basado en la disciplina fiscal. Otra fórmula ha sido inyectarle liquidez a los bancos, que se han visto afectados con la crisis de deuda de los gobiernos -son tenedores de los títulos- y con el deterioro de la cartera, pues los ciudadanos, con las dificultades que han tenido, se han colgado en sus obligaciones, principalmente hipotecarias.

Pero las inyecciones de recursos solo han calmado momentáneamente a los inversionistas y a los mercados, que vuelven a castigar a los países cobrándoles mayores tasas de interés por sus bonos soberanos.

Ambos remedios, la disciplina fiscal y el rescate bancario, han sido cuestionados por voces como la del premio Nobel de Economía Paul Krugman, quien afirma que en lugar de salvar a las personas, como debe actuar la economía, se ha buscado rescatar a la banca. Como otros economistas, Krugman sostiene que lo que se necesita es crecer las economías y los recortes no ayudan a eso. Es decir, piden aplicar una política keynesiana de gasto y no de apretón.

Europa, el mundo -y la reunión del G20 de la próxima semana en México- se debaten entre estas dos concepciones, la del ajuste y la de impulsar el crecimiento. La Unión Europea ha sido incapaz de definir un plan de fondo, paralizada por las diferencias entre sus líderes en este tema.

El préstamo que se le concedió a España por 100.000 millones de euros (125.000 millones de dólares) para rescatar su sistema financiero es un buen ejemplo del debate que sostienen los economistas. No ha logrado calmar a los mercados y, por el contrario, está generando gran preocupación, pues aumentará el défícit fiscal español, ya en 9 por ciento (su deuda ascenderá a un 90 por ciento del PIB). Y esto significa que vendrán sacrificios para poder pagarlo: España debe reducir su déficit a 3 por ciento.

Mientras Merkel afirma que España hizo lo correcto al solicitar a sus socios europeos recapitalizar su sistema bancario, el ministro británico de Economía, George Osborne, calificó de "deprimente" el plan de ayuda a la banca española, al afirmar que la operación llega tarde y está mal diseñada. "La Eurozona debía recapitalizar directamente los bancos y no por la vía de la deuda pública de España, porque en caso contrario no se convence al mercado de que el país es solvente. Pero aun así, ellos -los gobiernos de la eurozona- eligieron ese camino".

En medio de esta grave crisis, muchos analistas creen que buena parte de la solución está en manos de Alemania y de Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE).

Alberto Bernal, de la firma Bulltick Capital Markets, afirma que ante la gravedad de la crisis hay que tomar medidas urgentes y más audaces como que el BCE encienda la máquina e imprima billetes y se permita la creación de eurobonos.

El asunto es que, como la mayoría de los alemanes, Angela Merkel se opone a la creación de eurobonos para reactivar el crecimiento, una medida que también ha sido impulsada por Francia. "La crisis no se resolverá con un remedio milagroso, sino como resultado de un trabajo duro a base de rigor presupuestario y reformas estructurales", ha dicho hasta el cansancio la canciller alemana.

La verdad es que Alemania podría ayudar a respaldar la deuda de los miembros de la Eurozona solo después de lograr una unión política más fuerte, y un pacto fiscal y bancario con una mayor coordinación dentro de la Unión Europea. En el fondo, los alemanes piensan que si van a respaldar bonos para que gasten otros países, tendrán que asegurarse de que esos gobiernos mantengan disciplina fiscal, algo que, como ha demostrado, sí sabe hacer Alemania.
La canciller ha sido atacada por sus colegas, que la culpan de ignorar el riesgo que implica una disciplina fiscal en tiempos de recesión económica. Durante la campaña electoral a la presidencia de Francia, François Hollande amenazó con no respaldar el pacto fiscal aprobado en la última cumbre comunitaria si su vecino no impulsa medidas de crecimiento.

Todo el mundo espera que en la próxima cumbre comunitaria, el 28 y 29 de junio, no solo Angela Merkel reflexione, sino que todos los líderes comunitarios se pongan de acuerdo, algo bien difícil porque ya se sabe que el gobierno británico, por ejemplo, se opone a incorporarse a la posible unificación del sistema bancario que planean algunos países europeos, igual que al final del año pasado no ratificó el nuevo pacto fiscal en el continente. Al paso que van las cosas, la solución que queda es la que propuso jocosamente la gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, cuando dijo que "encerraría a los líderes europeos en una habitación, cogería la llave y los dejaría allí hasta que acordaran un exhaustivo y completo plan". Esto, que no ha logrado hacer desde el comienzo de la crisis, es lo que tiene al mundo al borde del precipicio. Y la señora Merkel tiene la llave en el bolsillo para conseguirlo… o impedirlo.
 
La canciller de hierro

¿Quién es la dura política que, en medio de la crisis, sigue exigiendo austeridad?
 
Cuando en 1994 fue nombrada ministra de Medio Ambiente, una desgarbada conservadora llamada Angela Merkel no se imaginaba que algún día el futuro del mundo estaría en sus manos. Entonces era una de las más brillantes políticas de Alemania y la consentida de Helmut Kohl, el canciller de la reunificación. Hoy Merkel ha debido ponerse en los zapatos de su mentor, pues como aquel durante la Guerra Fría, hoy sus decisiones definen el destino del planeta.

Nunca antes en la actual crisis europea las expectativas en torno a Berlín habían alcanzado un nivel tan alto como la semana pasada. Durante dos años, Merkel ha tenido el timón del Viejo Continente y nadie duda de su liderazgo, pero crecen las voces que le piden un cambio de dirección en las políticas para contener la crisis: más crecimiento. ¿Quién es esta terca capitana que tras dos años de crisis sigue exigiendo austeridad y disciplina fiscal?
Merkel, doctora en Física, proviene de un hogar protestante y vivió en la desaparecida Alemania Oriental. Del orden moral en que creció provienen sus convicciones. La mujer más poderosa del mundo es una política calculadora, convencida de que el Estado de Bienestar es un baluarte europeo que solo puede subsistir en una economía de mercado estrictamente vigilada por el Estado. Más que quererla, los alemanes la respetan. Poco después de que fuera elegida canciller por primera vez en 2005, ganó fama por su mente fría y reflexiva, atípica para un político. No le gustan los debates, más bien modera, negocia y alcanza compromisos que desarman a su rival. Por esta calmada resistencia, en Alemania la llaman la ‘canciller de teflón’.

En Europa no hay gobernante que no le pase al teléfono. Se ha granjeado la confianza de los líderes del continente. No descrestándolos con retórica, sino amonestando a muchos por incumplir los compromisos adquiridos cuando surgió la Eurozona. Ha logrado darles seguridad incluso a los habitantes de Italia, Francia, España y Gran Bretaña que, según una encuesta del Centro Pew, la admiran más a ella que a sus propios gobernantes.

La canciller sabe que sus pasos no pueden afectar a su propia población. El votante alemán tolera las millonarias ayudas para Europa, siempre y cuando no lo afecten. Así, aunque la crisis todavía no haya tocado a Alemania, un simple roce podría costarle a Merkel el puesto y al Viejo Continente, perder a una importante líder.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.