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| 5/26/1997 12:00:00 AM

AÑO MALO, UTILIDADES ESPECTACULARES

Mientras en 1996 la economía tuvo el peor año de la década las utilidades de las 100 empresas más grandes de Colombia aumentaron 83 por ciento.

Cuando el Dane anunció hace pocos días que el año pasado la economía tan sólo había crecido 2,1 por ciento nadie pensó que la situación tuviera lado bueno. Al fin y al cabo, con ese resultado, 1996 se convirtió en el año de peor desempeño económico en lo corrido de la década. Y es que aunque en 1991 el crecimiento fue igualmente bajo, el año pasado la economía cerró con un mayor nivel de desempleo, una situación fiscal preocupante y una revaluación alarmante (ver gráfico). Pero, contra todo pronóstico, algunos tuvieron motivos para celebrar. A pesar de la recesión las utilidades agregadas de las 100 empresas más grandes de Colombia crecieron 83 por ciento en 1996. ¿Cuáles son las causas de semejante recesión económica? ¿Cómo se vieron afectadas las empresas de los distintos sectores económicos? ¿A qué se debe la disparada de las utilidades de las 100 empresas más grandes del país?
En picada Hace poco más de un año, cuando el entonces ministro de Hacienda Guillermo Perry anunció que la economía colombiana crecería sólo 4,5 por ciento en 1996, muchos empresarios manifestaron su descontento. Después de todo la economía llevaba ya tres años creciendo a tasas superiores a 5 por ciento y un bajón de casi un punto no era una noticia grata. Las proyecciones oficiales no variaron sustancialmente con la llegada de José Antonio Ocampo a la cartera de Hacienda. El nuevo Ministro se limitó a reconocer que el crecimiento podría ser un poco menor de lo previsto y que estaría entre 4 y 4,5 por ciento. Con el paso de los meses y la evidencia de las tendencias recesivas las metas oficiales se siguieron ajustando hacia abajo, hasta que en diciembre del año pasado las autoridades anunciaron que el crecimiento económico del año había sido de 3 por ciento. Si bien esa cifra ya resultaba claramente deficiente respecto al desempeño económico reciente, una vez más el anuncio oficial terminó siendo excesivamente optimista. Hace pocos días el Dane dio a conocer que en 1996 la economía tan sólo creció 2,1 por ciento, menos de la mitad de lo proyectado por Perry al comienzo de ese año y casi un punto por debajo de lo que señalaban los anuncios oficiales al final del mismo. Con ese resultado el crecimiento del año pasado no sólo es malo sino que marca el final de una expansión económica de cinco años (ver gráfico). Las siete plagas Con el paso de los meses han quedado claros los factores que llevaron el año pasado a la economía colombiana al estado de postración en el que se encuentra. Se trata de una combinación de circunstancias exógenas adversas que, sumadas al manejo de la política monetaria y a la incertidumbre política creada por el llamado proceso 8.000, difícilmente podían haber generado un resultado distinto al que se vio. Por un lado la economía vivió los rigores de la crisis cafetera, que llevó a que uno de los sectores económicos de mayor importancia en la generación de consumo quedara ahogado entre las deudas y los bajos ingresos. A esa situación se sumó la agudización del ciclo descendente de la construcción, un sector que había sido clave en los años anteriores para absorber la mano de obra desplazada por el proceso de reconversión adelantado por la industria manufacturera para enfrentar la apertura. Como si eso fuera poco el país se vio sometido a los rigores de la recesión venezolana y la devaluación real del bolívar, con el consecuente efecto negativo sobre las exportaciones no tradicionales colombianas. Para acabar de rematar, el año pasado la economía también sufrió los costos rezagados de la fiesta de consumo y flexibilidad monetaria que se dio durante los últimos años de la anterior administración. Por un lado, ante los peligrosos niveles de endeudamiento a los que habían llegado, los agentes privados optaron por recortar de manera drástica su nivel de consumo. De otra parte, desde 1994 la Junta Directiva del Banco de la República inició una severa política de control monetario, para compensar la laxitud de los años anteriores, que tuvo como resultado un notable incremento de las tasas de interés, cuyos efectos rezagados siguieron golpeando la demanda agregada el año anterior. Sin embargo el manejo monetario no pudo garantizar la continuidad de la tendencia descendente de la inflación, pero sí contribuyó a la desaceleración de la producción y del empleo (ver gráfico). Estos factores económicos negativos se vieron reforzados por circunstancias políticas adversas que desplomaron las expectativas de los agentes económicos, y con ellas sus decisiones de consumo e inversión. A la incertidumbre generada por el juicio al presidente Ernesto Samper se sumó la zozobra en la que cayeron los colombianos a raíz de la descertificación de Colombia por parte del gobierno de Estados Unidos, y especialmente por la posibilidad de que el país fuera objeto de sanciones económicas ordenadas por la Casa Blanca. Si bien con el paso de los meses la importancia de estos dos factores se fue atenuando, paralelamente fueron creciendo los efectos recesivos de la lucha contra el cartel de Cali.
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