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| 10/2/2010 12:00:00 AM

Arde Europa

Aumentan las protestas en todo el Viejo Continente por las medidas de ajuste y recortes salariales y pensionales. Europa parece a las puertas de una crisis social.

Mientras en Wall Street los inversionistas están de plácemes, celebrando el mejor septiembre de los últimos 70 años de la bolsa neoyorquina, en Europa los trabajadores y las familias la están pasando realmente mal. En Madrid, Barcelona, Bruselas, Dublín, Lisboa, Roma, París, Riga, Varsovia, Bucarest, Praga, Belgrado y Atenas, miles de personas están saliendo a las calles a marchar contra las medidas gubernamentales que imponen recortes de salarios, pensiones, beneficios sociales y, en algunos casos, aumento de impuestos.

Son los duros contrastes de la economía. Mientras las ganancias comienzan a retornar a Wall Street, lugar donde se originó la recesión mundial, en Europa luchan para hacerle frente a la crisis fiscal que se desató por el elevado endeudamiento y el exceso de gasto que muchos gobiernos aplicaron para salir de la crisis económica.

La Unión Europea ha exigido recortes y ajustes a todos los países que se salieron de las normas fiscales que se habían establecido para la zona (el déficit público no debe superar el 3 por ciento del Producto Interno Bruto, PIB). En algunos países las medidas son mucho más severas que en otros. En Grecia incluye la eliminación de bonos otorgados a los empleados públicos; reducción de los bonos vacacionales, que son cobrados cada año, y su cancelación para quienes obtengan mayores ingresos; prohibición de aumentos salariales y de pensiones para funcionarios públicos por al menos tres años; e incremento de los impuestos. En Lituania, la política de austeridad del gobierno incluye mayores impuestos, recorte de las pensiones y reducción de los salarios públicos entre el 20 y el 30 por ciento. En Alemania, el gobierno de Angela Merkel anunció que subirá impuestos y hará recortes importantes de gastos. En Polonia hay congelación de salarios, al igual que en Italia. En España se recortarán muchos de los beneficios que tenían las familias y programas de salud, educación y cultura y se congelarán todas las pensiones.

El gobierno español anunció que el fondo para la acogida e integración de los inmigrantes caerá el 40 por ciento y las empresas tendrán más facilidades a la hora de disminuir sus plantas de personal. El tema pensional ha avivado las protestas. En Grecia, Alemania, Francia y Portugal ya han propuesto subir la edad de jubilación hasta los 62 años o incluso elevarla hasta los 67 años para obtener una pensión máxima con un mínimo de 45 años de cotización. Ni el Reino Unido se escapa de los ajustes. Allí se pretende adelantar la fecha de entrada en vigencia de la nueva edad mínima de jubilación a los 66 años de edad.

Los sindicatos del Viejo Continente dicen que no están dispuestos a aceptar estas medidas. Sin embargo, el mensaje de los gobiernos ha sido contundente en el sentido de que se mantendrá la austeridad y que las reformas continuarán. Muchos analistas temen que de la crisis financiera se pase a una crisis social sin precedentes en Europa. El número de desempleados ya suma 23 millones en toda la Unión, por lo que las severas medidas de ajuste alimentan las protestas.

Lo peor de todo es que, a pesar del descontento social, el tamaño de los déficits fiscales es tan grande que amenaza la estabilidad de la Unión Europea. Es decir, no hay otro camino. Europa está esperanzada en que una vez llegue la recuperación económica y se generen nuevos empleos, habrá mayores ingresos y, en consecuencia, ya los gobiernos no tendrán necesidad de hacer recortes de gasto. Sin embargo, a la espera de que soplen esos mejores vientos para la economía, muchos temen que las protestas desaten una verdadera crisis social como no había visto Europa y cuyas consecuencias todavía nadie se atreve a pronosticar.
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