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| 5/12/2012 12:00:00 AM

¡Arrancó el TLC con Estados Unidos!

El Tratado de Libre Comercio con el país del norte generará muchas oportunidades de negocios, pero es urgente modernizar la infraestructura y actualizar entidades como la Aduana, el ICA y el Invima si se quiere aprovechar a fondo el acuerdo.

Ocho años después del inicio en Cartagena de la primera ronda de negociaciones para un Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos, en la misma Ciudad Heroica se bajará la bandera para dar marcha a este gran pacto comercial que marcará un hito en la historia del país. Este martes, desde ese puerto, saldrá el primer embarque rumbo a Estados Unidos, bajo el nuevo marco del TLC con el principal socio comercial de Colombia. El buque llevará confecciones que entrarán sin pagar impuestos (aranceles) a ese mercado.

Tener un Tratado de Libre Comercio con la primera potencia económica del planeta, con un PIB superior a 15 billones de dólares (millones de millones) no es un acontecimiento menor. Implica tener acceso a un mercado de más de 310 millones de habitantes, con un PIB per cápita de 46.800 dólares. A partir de ahora, el 99,9 por ciento de la oferta industrial exportable colombiana entrará de inmediato sin pagar impuestos a ese país. Por su parte, el 81,8 por ciento de los productos industriales estadounidenses –de los cuales el 92,5 por ciento corresponde a materias primas y bienes de capital no producidos en Colombia– entrará libremente al mercado nacional.

Pero no solo el tema comercial es lo importante. Desde el punto de vista político se ha observado que los países que tienen TLC con Estados Unidos (un grupo de 18) han fortalecido la relación bilateral. México es un buen ejemplo, pues siempre había mantenido una relación de amores y odios con su vecino del norte y ahora es un estrecho socio comercial. Colombia también ha mantenido sólidos lazos diplomáticos con Washington, especialmente desde que se puso en marcha el Plan Colombia. Ahora, con un acuerdo de esta magnitud en el que las partes hablan de tú a tú, las relaciones, incluidas las empresariales, se fortalecerán y constituirán seguramente un matrimonio bien avenido, incluso blindado, para enfrentar los vaivenes que imponga la coyuntura. El Tratado implicará una nueva relación con Estados Unidos, dice el ministro de Comercio, Sergio Díaz-Granados. “Pasamos de un escenario unilateral a una relación estable y permanente”, anota.

En el mundo de los negocios, tener reglas estables ayuda a proyectarlos en el largo plazo. Con el TLC desaparece la incertidumbre del régimen conocido como Atpdea, que establecía preferencias a algunos países andinos para entrar sin pagar impuestos al mercado norteamericano, pero debía ser renovado cada cierto tiempo, lo que no permitía a las empresas planear con visión de futuro.

Pese a que algunos sectores, especialmente el agrícola, han expresado temores e incluso se sienten en desventaja frente al mercado estadounidense, los expertos creen que, en el balance general, los tratados comerciales son más favorables que adversos. El ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, dice que a este TLC no le ve sino cosas buenas. “Confío en él por una razón conceptual y es que el comercio es la madre de los negocios”.

Algunos escépticos afirman que el 70 por ciento de las exportaciones colombianas a Estados Unidos son minero-energéticas y que ese sector no necesita de un TLC, por lo tanto el impacto favorable no sería muy grande. Sin embargo, como siempre, es cuestión de ver el vaso medio lleno o medio vacío. Según Hernando José Gómez, responsable de la Oficina del TLC, este se convierte en un enorme potencial para expandir las exportaciones hacia otros sectores, aprovechando que puedan entrar sin pagar a ese mercado.

El año pasado, el 38 por ciento de las exportaciones colombianas se enviaron al mercado de Estados Unidos, es decir 21.700 millones de dólares, mientras que los productos estadounidenses que llegaron al país alcanzaron 13.600 millones de dólares, principalmente materias primas y bienes de capital.

El exministro de Comercio y primer negociador del TLC, Jorge Humberto Botero, señala que los TLC generan grandes oportunidades, pero especialmente dinamizan la agroindustria y el propio sector agropecuario, áreas donde Colombia quiere poner mayor énfasis porque son altamente generadoras de empleo.

Más allá de aumentar las exportaciones, el gobierno espera que el TLC atraiga más inversión extranjera directa. Muchos inversionistas podrían aprovechar a Colombia como plataforma de sus negocios, pues, si cumplen las reglas de origen, podrían acceder desde acá al mayor mercado del mundo.

Lo importante de la inversión extranjera es que con ella llega más empleo. El gobierno estima que gracias al Tratado se crearían 100.000 empleos por año y que el impacto sobre el crecimiento sería de un punto porcentual.

¿Será real tanta belleza?, se preguntarán muchos. La verdad es que solo el tiempo lo dirá. Por ahora, los países que le tomaron la delantera a Colombia con la firma de TLC con Estados Unidos han tenido resultados positivos. Al año siguiente de la entrada en vigor del TLC con Estados Unidos, las exportaciones de Centroamérica crecieron 47 por ciento; las de Costa Rica, 41 por ciento; las de México, 28 por ciento, y las de Perú, 25 por ciento. En este último país surgieron 1.318 nuevas empresas exportadoras en los dos primeros años del Tratado. De estas, el 96 por ciento fueron pymes.

Sin embargo, no todo es un camino de rosas. Como dice Sergio Clavijo, director de Anif, “los TLC son tan solo oportunidades de abrir nuestro comercio exterior para ver si dejamos de ser el Nepal de América Latina”. Pero eso tiene que ir acompañado de otras tareas, y los retos son inmensos. Los rezagos en la infraestructura son críticos. Movilizar mercancías por las carreteras nacionales es una odisea y es el peor cuello de botella para la buena marcha del TLC. Otras labores más urgentes tienen que ver con modernizar y sincronizar las aduanas, el ICA, el Invima y la Policía Antinarcóticos. Analdex ha estimado que el atraso en estos frentes viene representando sobrecostos del 20 por ciento.

Según el presidente de la SAC, Rafael Mejía, “llevamos muchos años perdidos desde cuando en 2006 se dio la aprobación del acuerdo, sin que los organismos gubernamentales que tienen responsabilidades en su implementación se hayan preparado lo suficiente”. Ojalá que el TLC sea la excusa para hacer la tarea que no se hizo en el pasado.
 
¿Y cómo van las regiones?

En un comienzo no todos los departamentos se beneficiarán de la misma manera. Unos están más preparados que otros.

El TLC se puede convertir en un importante instrumento de política para que ciudades diferentes a Bogotá puedan comenzar a registrar tasas importantes de crecimiento. Hernando José Gómez, exdirector de Planeación y actual jefe de la Oficina de Aprovechamiento del TLC, afirma que con el acuerdo se podrían generar nuevos polos de desarrollo. Así ocurrió en México, cuando puso en marcha el TLC con Estados Unidos. Ciudad de México, el epicentro del desarrollo de ese país, comenzó a compartir el progreso con las ciudades del norte, que empezaron a atraer inversiones para exportar hacia Estados Unidos.

En Colombia, en un comienzo, el litoral Caribe –Barranquilla, Cartagena y Santa Marta– va a aprovechar mejor las ventajas del TLC por obvias razones: hay puertos y zonas francas con techo industrial disponible con los cuales se puede competir y atraer inversión extranjera. Pero no es solo eso. Según Gómez, esta región está haciendo bien la tarea de mejorar sus gobiernos locales, servicios públicos, movilidad y hasta las universidades están educando los profesionales que necesitan las industrias locales. “El Caribe se va a disparar en forma muy importante”, señala. El reto es desarrollar el llamado Caribe interior.

En el caso de la región Pacífico, se estima que Cali tendrá las oportunidades iniciales, así como el norte del Cauca e incluso Pereira. El exdirector del DNP destaca el caso de esta última porque sus mercancías gastan el mismo tiempo hasta Buenaventura que las de Cali. “En este momento Pereira está en el eje del Pacífico porque está conectado por carretera de la misma forma que Cali. Estas dos ciudades necesitan que se consolide el tramo Buga-Buenaventura, crítico para poner a marchar esta zona”. Obviamente, hay que resolver el cuello de botella del puerto de Buenaventura (ver artículo sobre la infraestructura). Esta región que está en transformación podría tener un futuro muy promisorio, pues en pocos años, cuando se amplíe el Canal de Panamá, estará más cerca de la costa Oeste de los Estados Unidos.

En el centro del país no les irá igual a todas las ciudades. Aunque Medellín tiene problemas de conectividad física –por lo que es urgente el proyecto Autopistas de la Prosperidad–, dio un giro hacia los servicios y la tecnología. “Si uno no tiene carreteras, puede participar de las cadenas de desarrollo en servicios. Medellín está haciendo un gran esfuerzo en tercerización, salud y animación digital”, señala Gómez. Pero Medellín sigue siendo la base de la exportación manufacturera hacia Estados Unidos y tiene que solucionar pronto el tema de la infraestructura.

Las ciudades interiores del Eje Cafetero, así como los Santanderes e Ibagué, necesitan conectividad y mientras se resuelven los temas de carreteras (la Ruta del Sol es la opción), el gobierno cree que el río Magdalena podría ser una alternativa. Bogotá sigue siendo la ciudad con mayores fortalezas para atraer la inversión extranjera. Sin duda, la principal obra es la modernización del aeropuerto y, en ese marco, la terminal de carga, que cumple la misión de ser la más importante de Suramérica, especialmente para las exportaciones hacia Estados Unidos.
 


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