Domingo, 22 de enero de 2017

| 1996/05/13 00:00

ARRIEROS SEMOS

CON LA FABRICACION DE SUS PRIMEROS CAMPEROS LA WILLYS DE COLOMBIA HACE REALIDAD UN SUEÑO

ARRIEROS SEMOS

Quienes viajaban entre Bogotá y Armenia el pasado domingo primero de abril quedaron sorprendidos: una caravana de camperos Willys nuevos, pintados de blanco y con una raya verde, pasó frente a sus ojos. Esos nueve vehículos, aún sin placas y con un escudo de la Policía pintado en el capó, son el producto de un sueño que nació hace cuatro años en Pereira: producir jeep Willys en Colombia.Esa idea no surgió de un azar macondiano. En 1992, al recorrer una feria de microempresarios y comprobar que el 60 por ciento de los expositores vendían repuestos para Willys, al industrial José Oscar Giraldo se le ocurrió que era posible fabricar estos camperos en Colombia. Para lograrlo era necesario localizar al dueño de la marca en el exterior, pero en su búsqueda Giraldo descubrió algo increíble: la marca Willys no estaba registrada en ninguna parte del mundo. Desde 1963, cuando la Willys fue adquirida por la Kaiser, su marca desapareció de la oferta del mercado automotor. De esta manera cualquiera podía registrarla, y eso fue exactamente lo que él hizo.Pero para fabricar el jeep que durante 50 años ha recorrido todos los caminos colombianos hacía falta mucho más que un nombre. Para darle vida a este proyecto Giraldo se asoció con varias personas, entre ellas Lorenzo Jaramillo, un ingeniero mecánico que trabajó con la General Motors en Estados Unidos y con Colmotores a principios de los 70. Jaramillo se enamoró de tal forma del proyecto que decidió comprarle su participación a los demás socios y embarcarse solo en esta aventura. El siguiente paso consistía en hacer un prototipo del campero. Luego de evaluar varios motores y componentes nacionales e importados, Jaramillo armó una réplica de un Willys 1954. La reacción de algunos compradores potenciales no fue la esperada: el modelo era demasiado pequeño y no satisfacía las demandas actuales del campo colombiano. El vehículo de los 90 debería tener más capacidad de carga y de volumen.En otras palabras, el nuevo Willys no podía ser una simple copia del anterior: tenía que ser rediseñado. Jaramillo se embarcó entonces en la tarea de hacer un campero que pudiera cargar más de 1,5 toneladas. Para lograrlo el empresario paisa contó con la ayuda de los fabricantes nacionales de autopartes, quienes le diseñaron piezas especiales. El 60 por ciento de los elementos de la versión final del vehículo se fabrican en el país. Los componentes importados son el motor, las cajas principal y auxiliar, la dirección y los instrumentos.Pero además de hacer un carro era necesario montar una empresa para que el proyecto pudiera convertirse en realidad. Lo primero que hizo Jaramillo fue obtener una licencia del Ministerio de Desarrollo para ensamblar camperos en el país. Con el fin de capitalizar su empresa, el incipiente empresario vendió un porcentaje de acciones a dos grupos de inversionistas, uno encabezado por Gabriel Germán Londoño y el otro por Hernando Galindo. Luego constituyó una segunda firma, Auto Trading S.A., que es la propietaria de los activos y de la cual también es socio el grupo encabezado por Josué Alvarez. El montaje de la planta fue un proceso largo, pues la consecución de los equipos le tomó a Jaramillo tres años.Willys de Colombia está produciendo actualmente cuatro camperos diarios pero sus proyecciones son mucho más ambiciosas: hacer 10 carros por hora. En los planes de la compañía, además de los jeeps, está contemplada la fabricación de microbuses y de minicamperos. Este último sería un vehículo popular de bajo cilindraje cuyo precio al público sería inferior a cinco millones de pesos.Como el mercado de los carros anda de capa caída, las cosas para la Willys no serán fáciles (ver distribución en el gráfico). Si bien el mercado de los camperos creció el año anterior, al pasar de 12.735 unidades vendidas en 1994 a 14.124 en 1995, en los dos primeros meses de 1996 ha registrado una caída cercana al 15 por ciento. Sobre la comercialización de estos jeeps hay opiniones diferentes: mientras que algunos voceros de las ensambladoras tradicionales consideran que éstos entrarán a pelearse el mercado existente, otros, como Asociación Colombiana de Fabricantes de Autopartes _Acolfa_, señalan que los Willys ya tienen un mercado cautivo, sobre todo en el eje cafetero.Pero si el mercado nacional resulta insuficiente las alternativas podrían estar en otros países del Tercer Mundo que tengan unas deficiencias viales similares a las de Colombia. En los últimos años las casas automotrices han fabricado camperos de lujo, sin embargo la oferta de carros de trabajo mecánicamente sencillos ha disminuido. Ese es precisamente el espacio que quiere llenar la Willys. Como dijo a SEMANA Mike Ervin, vicepresidente de mercadeo internacional de la Hércules _la compañía que le vende los motores a la ensambladora colombiana_: "En países como Vietnam, Pakistán y Tailandia hay grandes posibilidades para estos vehículos" . Y es que ya hay propuestas internacionales concretas: "Hace unas semanas me llamó un comerciante chino que quería que le vendiera 10.000 carros. Le dije que no tenía cómo producirlos. El me respondió que no importaba y que le vendiera sólo 1.000", relató Lorenzo Jaramillo.Aunque el ingreso de la Willys sea difícil y le toque luchar a brazo partido para poder sobrevivir, nadie puede negar que con este proyecto el Tercer Mundo le puede dar una lección a las grandes ensambladoras, y es que, en materia de carros, todavía hay muchos que están convencidos de que todo tiempo pasado fue mejor.

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