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| 3/15/1999 12:00:00 AM

ASFIXIA TRIBUTARIA

Colombia se caracteriza no solo por su pesada carga tributaria sino también por la diversidad de <BR>gravámenes que enfrentan sus empresas.

En el índice de libertad económica publicado recientemente por la Fundación Heritage y el
Wall Street Journal, Colombia obtuvo una calificación de 4 sobre 5. Este puntaje no es nada alentador si se
tiene en cuenta que el valor máximo representa el menor nivel de libertad económica, al cual se acercan
países tradicionalmente proteccionistas y con excesiva intervención estatal, como China y la India. El índice
de libertad económica se construye a partir de 10 criterios, uno de los cuales está representado por la
carga tributaria que enfrentan las empresas en cada país.
Todos los analistas y empresarios coinciden con la ministra de Comercio Exterior, Martha Lucía
Ramírez, al afirmar que, para competir interna y externamente, los productos colombianos deben
ofrecerse a precios favorables, y esto solo es posible mediante un estricto proceso de racionalización de
costos. Esta anhelada eficiencia depende no solo de factores internos de las empresas, sino también de las
fuerzas externas que las afectan, una de las cuales es, sin duda, la carga tributaria. En Colombia las
empresas deben pagar un impuesto a la renta, otro de industria y comercio, aportes parafiscales, un
impuesto a las transacciones financieras y suscribir, además, bonos de paz. A esto se suman el impuesto
predial, el impuesto por vehículos, el impuesto de timbre, la contribución a la Superintendencia de
Sociedades, contribuciones por valorización, impuestos a la gasolina, peajes, derechos arancelarios y
otros relacionados con la constitución misma de la empresa, como los gastos notariales, el impuesto de
cámara y comercio e impuestos por la compra de inmuebles. La lista es larga y se tornaría interminable si
se tienen en cuenta gravámenes relacionados con actividades industriales y comerciales específicas.

El contexto internacional
Al referirse a la carga tributaria como factor determinante en la competitividad de las empresas colombianas
necesariamente debe hacerse una comparación con otros países. Para tal efecto, SEMANA realizó un análisis
de lo que le sucedería a una empresa imaginaria 'X' en 11 países del mundo, a partir de datos compilados por
las firmas consultoras Ernst & Young y Deloitte & Touche. El análisis incluye seis países latinoamericanos,
dos euro-peos, dos asiáticos y Estados Unidos. Para efectos comparativos se tuvieron en cuenta el impuesto
a la renta, impuestos dependientes del valor de los ingresos, impuestos dependientes del valor de la nómina
e impuestos a las transacciones bancarias (ver gráfica).
Los resultados confirman lo que la mayoría de analistas y empresarios colombianos han manifestado
en numerosas ocasiones: de los seis países latinoamericanos analizados tan solo Brasil y Venezuela
superan a Colombia en cuanto al monto de los impuestos. Con ingresos netos por 10 millones de dólares
anuales, según los supuestos de la metodología utilizada por SEMANA, la empresa 'X' pagaría impuestos
totales por 1.332.750 dólares en Brasil, 1.245.000 dólares en Venezuela, mientras que en Colombia su tributo
ascendería a 1.076.625 dólares aproximadamente. Por su parte, en la economía más exitosa de América
Latina, Chile, la empresa 'X' tan solo tributaría 225.000 dólares.
Al compararse con los países asiáticos la situación es ambigua. Hong Kong, la economía más libre del
mundo, exigiría a la empresa 'X' el pago de 240.000 dólares mientras que en Japón el tributo ascendería a
1.108.125. En cuanto a los países europeos la situación es muy diversa. Mientras que en el Reino Unido la
empresa tributaría 540.000 dólares, en Francia el tributo ascendería a una suma superior a los dos millones
de dólares. Sin embargo algunos argumentarían que frente a los servicios que reciben las empresas en
países desarrollados de sus gobiernos en términos de infraestructura y acceso a investigación, entre otros,
es ridículo que las empresas colombianas coticen al fisco en niveles similares.

Un panorama alentador
Sin embargo en Colombia existen algunas excepciones a las normas impositivas generales. Más allá de los
beneficios de la Ley Páez y los recientes otorgados en la zona cafetera, la última reforma tributaria otorga un
incentivo a las empresas generadoras de empleo, que consiste en una reducción en el impuesto de renta por
el valor equivalente a las prestaciones sociales de los nuevos empleados, siempre y cuando representen un
incremento del 5 por ciento en el tamaño de la planta de personal y la cuantía del descuento no sobrepase el
15 por ciento del valor total del gravamen. Adicionalmente, el gobierno nacional ha emprendido una lucha sin
tregua contra la evasión de impuestos _que hoy alcanza el 27 por ciento en cuanto a IVA y el 35 por ciento en
cuanto a imporrenta_ y el contrabando. Las medidas que se han tomado buscan frenar estos dos flagelos
que afectan gravemente la competitividad de las empresas que atienden responsablemente sus
obligaciones ante el fisco.
De lo que no cabe la menor duda es que las economías más exitosas son las que menos gravan a sus
empresas. Esto lo demuestran los resultados de Hong Kong, Chile y Estados Unidos, donde desde hace
mucho tiempo se tiene claro que los impuestos distorsionan la actividad productiva y, por lo tanto, se ha
optado por imponerle menos gravámenes al sector privado. En Colombia ya se está teniendo conciencia de
esta realidad. Si bien se están haciendo importantes esfuerzos por parte del gobierno para reducir el gasto
público y ampliar el campo de acción del sector privado, los resultados no pueden ser inmediatos. Para nadie
es un secreto que el déficit fiscal _provocado entre otras por el gasto público desmedido de administraciones
pasadas_ es de proporciones alarmantes e implica sacrificios de corto plazo. Sin embargo, en el mediano
plazo el país debería buscar un esquema fiscal más simple que reduzca las tasas impositivas y la evasión.
Solo así se logrará generar la inversión y el empleo que necesita el país para su desarrollo.
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