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| 8/24/2012 12:00:00 AM

Atacar la cabeza de la culebra: nueva estrategia anticontrabando

Con 100 millones de dólares donados por la Phillip Morris para gastar en los próximos 20 años y trabajos de inteligencia, se diseñan nuevas estrategias para atacar la importación ilícita de mercancías.

El contrabando le está quitando a los departamentos un billón de pesos cada año por cuenta de impuestos que se dejan de pagar y que, en su mayoría, serían invertidos en educación y salud.
 
Esa preocupante cifra se dio a conocer este jueves, durante la 'Cumbre Nacional Anticontrabando' que se realizó en Medellín, organizada por la revista SEMANA y la Federación Nacional de Departamentos.
 
Esta fue la primera vez que representantes de dicha federación se reunieron con el Ministro de Comercio, Sergio Diazgranados; el director de la DIAN, Juan Ricardo Ortega; el general Rodolfo Palomino, director de seguridad ciudadana de la Policía Nacional; Felipe Muñoz, exdirector del DAS y actualmente director del programa anticontrabando de la Federación, junto con académicos a analizar el problema del contrabando y comprometerse a hacerle frente al problema.
 
En aquella reunión se concluyó que a las regiones las afecta, particularmente, el excesivo contrabando de licores, cerveza y cigarrillos que llega al país. De cada 100 pesos que se reciben de impuestos, 80 van para la Nación, 12 para los municipios y 8 para los departamentos. Cada año, los departamentos deberían recibir tres billones de pesos de los impuestos y, de este total, el 56 por ciento proviene del licor, el tabaco y la cerveza, que son dineros que deben destinarse a salud y educación. Pero esta plata está llegando incompleta, porque el contrabando se queda con un billón.

Pero el lío que genera esta actividad ilícita no es solo la plata que se deja de recibir. Existen otros dos grandes problemas. Uno es la tolerancia que en general se tiene con esta actividad. "En Colombia, la palabra contrabando no dice nada negativo", dijo Ortega.
 
En efecto, el problema, desde sus orígenes, ha sido visto como algo menor. Se inició en las fronteras, con las dificultades que algunos pobladores tenían para ir a centros de comercio nacionales y accedían más fácil a los productos en los países vecinos. Después, los cafeteros exportaban el grano sin registros para ahorrarse el dinero de los impuestos. "Este contrabando fue al revés. Desde el país hacia fuera", explicó Ortega. Y más tarde, empezaron a importarse mercancías de todo tipo que dejaron rutas que con el tiempo empezó a utilizar el narcotráfico.

Así es como el negocio, que se inició por meros comerciantes, desencadenó en lo que ahora es un problema mayúsculo. "Hoy, los receptores de ese billón de pesos que están dejando de recibir los departamentos por cuenta del contrabando se está quedando en organizaciones criminales para lavar el dinero del narcotráfico y, de paso, tener ingresos por cuenta de las mercancías. Esto quiere decir que el problema ya no es solamente fiscal, sino de seguridad", dijo Germán Chica, director de la Federación de Departamentos.

El modo como opera el negocio ya se tiene muy claro. El consultor Carlos Acevedo lo resume así: "En Colombia se usan pesos para fabricar droga y exportarla a Estados Unidos. Allá se vende la droga y se produce dinero en efectivo, pero en dólares, y el negocio necesita que se conviertan en pesos colombianos. Para transformarlos, compran mercancía y se trae como contrabando a Colombia, donde se vende y se tienen pesos de nuevo, para reiniciar la cadena"
 
Así, al país no entran solo licor, cigarrillos y cervezas de forma ilegal, sino que también son frecuentes productos como textiles, hidrocarburos y calzado que ingresan ilícitamente, sin pagar impuestos.

El negocio es fácil de entender, pero no de detectar. Los contrabandistas han creado sofisticadas estructuras que dificultan el trabajo de las autoridades. De acuerdo con el general Palomino, las mercancías entran generalmente por la Guajira, Norte de Santander, Arauca, Nariño y Cauca. Lo hacen en caravanas de vehículos cargados de productos o con personas que llevan de a pequeñas cantidades, en lo que se conoce como 'contrabando hormiga'.
 
La modalidad sofisticada consiste en ingresar varias mercancías amparada con una sola factura, algo que logra burlar con frecuencia los controles aduaneros, o con facturas de venta en el exterior que, con complicidad de los vendedores, se registran a menores precios para pagar aranceles menores al entrar al país.

Este comercio, que parece un problema solamente regional, es tarea generalmente de autoridades locales, donde hay serias debilidades para afrontarlo, según lo dijo el propio Ortega. Pero ocurre que el lío no es tan pequeño, pues en encuestas hechas por el Ministerio de Comercio, los empresarios han hecho saber que el contrabando perjudica a toda la economía nacional.

A eso se suma que detrás de las mercancías que entran ilícitamente al país hay grandes estructuras criminales. Según Felipe Muñoz, se tienen casos concretos, por ejemplo, que el comercio ilegal de gasolina en Arauca lo maneja el ELN. Y que las FARC, en La Guajira, son dueñas de rutas de contrabando y a veces las arriendan a bandas criminales para que pasen por ahí sus productos.

Por eso, el reto ahora, con este programa anticontrabando liderado por Muñoz, que sabe de inteligencia, es no enfocarse solamente en perseguir objetos, sino personas que están detrás del negocio.

"No podemos seguir con la estrategia que venimos aplicando de perseguir objetos porque no estamos consiguiendo cosas importantes. Ahora lo que se requiere es un proceso investigativo sofisticado que nos permita hacer extinción de dominio a las personas que están detrás del negocio y que son las que tenemos que perseguir", dijo Ortega.

Para hacerlo, "no vamos a echar mano de la clásica solución a la colombiana: hacer una ley. Tenemos herramientas que tenemos que empezar a aplicar, como articular trabajo entre las diferentes autoridades", según Muñoz.

La solución no beneficiaría solo las arcas del Estado, sino a los mismos empresarios que se están viendo afectados con el contrabando. Por eso, la Phillip Morris donó 100 millones de dólares para invertir durante 20 años en estrategias que permitan contrarrestar el contrabando.

Esta cumbre, según los expertos que estuvieron allí, fue la primera vez que todos los sectores se enfilaron en atacar juntos el mismo problema.
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