Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1994/10/10 00:00

ATRAPADOS Y SIN SALIDA

El suroccidente de Casanare, vecino de los ricos yacimientos de Cusiana, está incomunicado hace tres meses por la caída de dos puentes.

ATRAPADOS Y SIN SALIDA

DEFINITIVAMENTE LOS 6 puentes están quebrados y, al parecer, no hay con qué curarlos. Así lo evidencia la difícil situación que enfrenta el sur de Casanare por la suspensión del paso por dos viaductos fundamentales.

Por una parte el puente El Secreto, cuya rotura, ocurrida hace tres meses como consecuencia del fuerte invierno y la falta de mantenimiento, dificultó el transporte en una zona de difícil acceso. Por otra, el daño total del puente de Barranca de Upía, que ha dejado a esta rica región casi incomunicada con el resto del país. Se estima que las pérdidas económicas se aproximan a los 200 millones de pesos diarios, hecho que podría significar la quiebra de pequeños ganaderos y agricultores. Pero lo más preocupante es que el trabajo de reparación de ambos puentes está embolatado en la burocracia estatal.

Aunque el Instituto Nacional de Vías anunció que esta semana sería reabierto el puente de Barranca de Upía, los habitantes de la región han denunciado que las obras están virtualmente paralizadas. La Fundación para el Desarrollo del Upía y la Corporación Piedemonte Llanero, entre otras entidades casanareñas enviaron el pasado jueves una carta al ministro de Obras, Juan Gómez Martínez, para enterarlo de la difícil situación.

"Este sistema vial -dicen al Ministro-, es necesario para el normal abastecimiento de Bogotá y del mercado Andino. Más aún: es fundamental para el desarrollo petrolero del piedemonte llanero, como es la zona de Cusiana, la cual tiene la mayor trascendencia para la Nación. La industria del petróleo necesita de estas vías para su normal funcionamiento, pero igualmente las necesita como respuesta a nivel regional y de las comunidades, con el fin de mantener la paz y tranquilidad necesarias".

De acuerdo con el Instituto Nacional de Vías, los trabajos de reparación se han demorado porque una creciente posterior del río Upía debilitó la estructura. Según Guillermo Gaviria, director del instituto, "la firma contratista, Conitrac, debió iniciar entonces una transformación del puente para adecuarlo al tránsito de tres ejes".

Aunque Gaviria prometió que en los próximos días se darían al servicio los puentes de El Retiro y el de Barranca de Upía, la Fundación para el Desarrollo del Upía dejó entrever su preocupación porque, de todas maneras, faltan aún dos o tres años para que finalicen los trabajos de mejoramiento de la carretera Marginal de la Selva, retrasados por problemas de plantación.

"Los aumentos de costos totales han sido del orden de 22 a 47.000 millones de pesos entre 1990 y 1994. Y se deben al aumento imprevisto de obra; trabajos no contemplados inicialmente y el alargamiento del período de construcción. En los sectores más atrasados de la marginal y del acceso Sogamoso-Aguazul, los estimativos de costos de obra faltante, en lugar de disminuir, han ido aumentando progresivamente durante los últimos dos años, dando la impresión de que este proceso continuará y que no hay bases ciertas para definir programas de terminación", dijo a SEMANA Juan Ramón Giraldo Arciniegas, director de esa corporación.

Sea como fuere, lo cierto es que esta región está abocada a una de las peores crisis económicas de su historia. Hay cerca de 15.000 hectáreas de palma africana y otras 10.000 de arroz a punto de perderse por la imposibilidad de ser trasladadas al resto del país, mientras unas 30.000 cabezas de ganado esperan en los hatos la reapertura de los puentes de El Secreto y el de Barranca de Upía. "Los costos son enormes -sostuvo Giraldo-. Los ganaderos y agricultores han tenido que tomar una larga variante para sacar sus productos. Tienen que ir hasta Sogamoso o Villavicencio para de ahí llegar a Bogotá. Un trayecto que normalmente tarda tres o cuatro horas, se hace ahora en día y medio".

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