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| 10/28/1985 12:00:00 AM

AU REVOIR, MONSIEUR JUNGUITO

El reemplazo de Roberto Junguito por Hugo Palacios oficializó el retiro más anunciado del gabinete de Betancur.

Roberto Junguito Bonnet rompió el mito de que nadie sale bien parado del Ministerio de Hacienda. Llegó al cargo como un tecnócrata respetado, pero sin la necesaria cancha para manejar los enormes problemas que afrontaba el país, después de la criticada gestión de Edgar Gutiérrez Castro. Hoy, el economista conservador de 42 años y nuevo embajador en Francia cuenta con tanto prestigio, que sus allegados afirman que no descarta una carrera política.
Y es que la diferencia entre Junguito y Gutiérrez no podía ser más clara. Gutiérrez pintaba un país color de rosa que, de la noche a la mañana se encontró frente al abismo. Junguito describió siempre un panorama desolador pero, gracias a su labor, en el momento de su retiro permitió ver una luz al final del túnel.
El trabajo de Junguito fue especialmente importante en dos frentes: el cambiario y el fiscal. Las tendencias en ambos, a mediados de 1984, hacían prever que Colombia se encaminaba hacia la debacle total en su economía. Por una parte, las proyecciones del gobierno indicaban que para el primer trimestre de 1985 el país se iba a encontrar sin reservas internacionales. Por otra, el desbordado crecimiento del gasto público, frente a unos ingresos fiscales insuficientes, hacían aparecer el fantasma de una eventual bancarrota en el sector público.
Hoy, ninguna de esas situaciones se ha solucionado definitivamente, pero, como dicen los boletínes médicos, el paciente ha salido de la sala de cuidados intensivos y su condición es estable. La caída en las reservas internacionales brutas se detuvo y el 6 de septiembre estaban en 1.955 millones de dólares, 277 millones más que el año pasado por esa época. De la misma manera, se logró cierto control sobre las finanzas gubernamentales y se estima que para finales de este año el déficit fiscal, como proporción del Producto Interno, será menor que el de 1984.
Con su pinta de profesor distraido que decía las cosas de frente, Junguito logró amansar dos de los rebaños más indómitos que se pueden encontrar: los parlamentarios colombianos y los banqueros internacionales. Con gran amabilidad y paciencia, a los primeros los lograba convencer de que no había plata y a los segundos de que se estaban sentando las bases para un nuevo despegue económico. Es así como los congresistas le aprobaron tres proyectos de ley fiscales en menos de seis meses, y los banqueros le concedieron al país créditos por unos mil millones de dólares, después de tres años de total bloqueo. Ambos logros deben permitirle al país un tránsito más tranquilo en lo que resta de la década, allanándole el camino al próximo gobierno.
Sin embargo, pese a lo conseguido, el trabajo de Roberto Junguito en el Ministerio de Hacienda no dejó de levantar ampollas. Sus críticos le atacaron porque prácticamente "entregó" el país a la voluntad del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, en una curiosa coincidencia de objetivos y mecanismos de control, que le produjo innegables traumatismos a la economía nacional. Es así como el punto del empleo se convirtió en el estigma de la administración Bentacur, ya que el programa adelantado por Junguito le daba una importancia de segundo orden al tema. Un caso similar vivieron ciertos sectores industriales, agrícolas y comerciales que, en su momento, se sintieron prácticamente desprotegidos por el gobierno.
Aunque acepta varias de esas críticas, Junguito defendió reiteradamente su posición, con el argumento de que, si no se tomaban los correctivos a tiempo, Colombia se vería en la necesidad de hacer ajustes más fuertes en un futuro cercano. Adicionalmente, hay que reconocerle al Ministro saliente que cuando se declaró la crisis sólo él tuvo una respuesta contundente sobre cómo solucionarla y, quizás con la solitaria excepción del economista Guillermo Perry, ningún sector le ha hecho críticas de fondo a su gestión.
Ahora, el turno en el Ministerio de Hacienda le corresponde a Hugo Palacios Mejía, abogado-economista de 43 años, quien se venía desempeñando como gerente del Banco de la República desde el principio de la presente administración. Ligado estrechamente al presidente Betancur, Palacios se destacó en el Emisor debido a su capacidad de organización interna en una entidad que se había vuelto paquidérmica con el transcurso de los años. Además, el nuevo Ministro participó activamente en el diseño de la actual política económica y, según se afirma, comparte plenamente los planteamientos de Junguito.
No obstante lo anterior, es muy probable que Palacios le dé un sello diferente al manejo de las finanzas públicas. Pese a que cuenta con escasos 10 meses para hacer su trabajo, quienes lo conocen sostienen que puede contribuir a arreglar parte del desgreño administrativo que caracteriza al Ministerio de Hacienda y sus múltiples dependencias. En lo que hace al manejo de la economía, se estima que continuará conservando los mismos parámetros de manejo macroeconómico implantados por Junguito .
Tal vez, el cambio más radical se presente a la hora de las políticas sectoriales. Alguien del gobierno describió a Palacios como "altanero", en el sentido de creer que el papel del Estado debe ser firme frente a las empresas particulares. Como ejemplo se citó la carta que, aún como gerente del Emisor, Palacios le envió a Benjamin Martínez -hasta entonces designado como nuevo presidente de Avianca- en la que le hacía una serie de precisiones sobre la recapitalización de la aerolínea. La carta le dio a Martínez la posibilidad de "bajarse del jet" y rechazar el trabajo, pero dejó en claro que Palacios opina que si alguna empresa desea salvarse no basta tan sólo con el apoyo del gobierno, sino que se necesita la ayuda de sus socios. Debido a esto, se cree que el nuevo Ministro intervendrá activamente en medidas sobre el sector financiero, y en especial en puntos tales como la democratización de la banca, las deudas de dudoso recaudo y la capitalización de las instituciones.
Por último, el cambio más sorpresivo de todos fue el del nuevo gerente del Banco de la República, Francisco Ortega Acosta. Regresando a la premisa de que el director del Banco Central debe ser ajeno a los vaivenes políticos, el presidente Betancur nombró a este economista bogotano de 47 años, contra la mayoría de los pronósticos. Como se recordará, Ortega es un técnico que a lo largo de 15 años de carrera en el Emisor se convirtió en una verdadera institución, hasta que diferencias con el estilo belisarista lo llevaron a renunciar de su cargo de subgerente técnico, en abril de 1984. Exponente de la más rigida ortodoxia monetaria Ortega es, en palabras de un conocido, "alguien que maneja todas las minucias y operaciones del Banco en forma insuperable".
Los conocimientos técnicos de Ortega, unidos a la experiencia de Palacios, deben ser suficientes para que la actual administración acabe su camino sin más sobresaltos. Los cambios en el equipo económico fueron minimos en términos de estilo, y se cree que la salida de Junguito y de su "mancorna", la viceministra Maria Mercedes de Martínez, no impedirá que se continúe por la senda trazada por el Ministro saliente.
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