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| 4/19/2014 3:00:00 AM

¿Un mundo sin bancos?

A pesar de los recientes tropiezos de Bitcoin, la moneda virtual mantiene su auge. En Colombia las autoridades advierten sobre su uso.

El 3 de enero de 2009 un misterioso sujeto que firmó con el nombre de Satoshi Nakamoto y cuya verdadera identidad es todavía un enigma, puso en marcha la idea financiera más atrevida de las últimas décadas y creó lo que podría ser la moneda del futuro: Bitcoin.

Para algunos especialistas se trata de una propuesta descabellada; para otros es el germen de una revolución económica en los tiempos digitales; y para la gran mayoría de los mortales un galimatías difícil de comprender. ¿Una moneda virtual, representada por unos y ceros en un archivo de computador, en lugar de lingotes de oro guardados en una bóveda, y que se intercambia directamente entre las personas sin mediación de banco alguno?

Absurda o no, la propuesta de Nakamoto es, cuando menos, inquietante, y no obstante los graves tropiezos que el proyecto ha sufrido en sus cinco años de vida, Bitcoin empieza a perturbar el sueño de los bancos.

La moneda alcanzó titulares de primera página en las últimas semanas debido no a su éxito, sino a su más sonado fracaso, la quiebra de la casa de cambios virtual Mt.Gox, de la cual fueron sustraídos por acción de hackers 850.000 bitcoins, equivalentes a 420 millones de dólares. Las autoridades de medio mundo, incluído Colombia, lanzaron comunicados oficiales en varios países para advertir al público de los riesgos.

No solo se trata de los peligros: Bitcoin amenaza el futuro de la intermediación financiera y propone una economía sin bancos, totalmente descentralizada y basada en operaciones directas entre las personas.

La propuesta de Nakamoto es compleja y difícil de explicar. La idea básica es crear en internet -porque es una propuesta solo para negocios en línea - un sistema de intercambio de bienes en el que los bancos no puedan meter las manos. Un ejemplo: A tiene un Bitcoin y quiere transferirlo a B como pago de una deuda; puede hacerlo directamente, utilizando un software en lugar de un costoso banco. Como Bitcoin es dinero virtual, lo que se transfiere de A hacia B es un dato en un archivo de computador. Para garantizar que A no transfiera varias veces el mismo archivo a otras personas, multiplicando fraudulenta y arbitrariamente la moneda que posee, una contabilidad pública, transparente e imposible de alterar debido a un poderoso sistema de criptografía, es exhibida en tiempo real a todos los jugadores del sistema, de tal modo que el dinero recibido por B no podrá ser recibido por nadie más, y en la hoja contable pública queda registrada la transacción, el saldo que queda en los fondos de A y el nuevo saldo en los fondos de B, así como la cantidad total de dinero circulando en el sistema.

La transferencia no tiene costo y lo que B recibe es exactamente lo que A transfirió. Nadie se queda con una pequeña tajada por facilitar la transferencia. Un mundo sin bancos. Un mundo perfecto.

El software libre –porque la idea nació allí– ha puesto en marcha operaciones similares en el pasado, para cubrir otros menesteres, como el intercambio de música y películas bajo la tecnología conocida como Peer to Peer, mediante la cual los usuarios intercambian entre sí archivos digitales sin la mediación de un servidor central, sin pasar por las tiendas oficiales de música y sin tener que pagar.

Así nació Napster hace más de 12 años y le siguió una numerosa prole de sistemas Peer to Peer que, caminando sobre el filo de la navaja, muchas veces al borde de la ilegalidad, obligaron finalmente a la industria discográfica internacional a modificar para siempre su modelo de negocio. El proyecto pionero Napster fue sepultado, pero hoy las canciones legales se venden a 90 centavos de dólar y el mercado discográfico se ha democratizado.

En febrero, la revista inglesa The Economist se preguntaba en un artículo si Bitcoin no será el Napster de una economía digital diferente que podría emerger en el futuro.

De dónde vienen los bitcoins

El mayor quebranto de cabezas de este sistema –todavía en fase experimental– es el origen de los bitcoins. Las monedas regulares (tradicionales) son, al menos en teoría, representaciones de riquezas del mundo real, pero los bitcoins nacen de una fuente diferente. Se extraen mediante una labor de minería –así se llama, como analogía de la extracción de metales preciosos– que en esencia es un clúster de computadores poderosos que realizan labores de seguridad y verificación de transacciones sobre la red de usuarios del Bitcoin.

Como recompensa por su aporte, el sistema genera bitcoins cada cierto tiempo y los entrega a un minero. ¿A cuál de los muchos que ya hay actualmente ejerciendo la labor de minería? Al que tenga mejor promedio de megahashes por segundo, es decir, al que haya aportado mayor capacidad de cómputo al sistema. El consumo energético de tales computadores y la complejidad cada vez mayor de la operación matemática para trabajar sobre el modelo de criptografía que utiliza el sistema creado por Satoshi Nakamoto, hacen que la inversión en minería sea en muchos casos desestimulante. De hecho, ya no hay mineros trabajando solos sino grupos grandes de mineros que suman su poder computacional para ganar monedas.

Pero la forma más fácil de hacerse con bitcoins es simplemente comprarlos en las casas de cambio, para lo cual se necesita una billetera digital y a partir de allí cualquier persona puede, mediante la tecnología Peer to Peer, transferir bitcoins a cualquiera, bajo los estándares de seguridad y criptografía que componen el sistema. La billetera personal puede estar alojada en el computador de casa o puede ser entregada a empresas especializadas que manejan el dinero virtual. La más grande de ellas, la japonesa Mt.Gox, fue precisamente la que sufrió el sonado robo de bitcoins, un incidente que puso en duda la viabilidad de las monedas virtuales.

El precio del Bitcoin es extremadamente volátil, por lo que resulta una emocionante montaña rusa comprar y vender esta moneda. Hace un año, un Bitcoin se cotizaba a menos de 12 dólares y hoy su valor ronda los 1.200 dólares. Se puede ir de compras en internet y pagar con bitcoins.

El número de tiendas en línea y servicios en internet que reciben el Bitcoin como medio de pago crece lentamente. En Uruguay un hotel recibe bitcoins y en Turquía se puede comprar un auto con esta divisa. En Colombia se pueden pagar con bitcoins las entradas al Teatro Matacandela en Medellín, a un hostal en Bucaramanga y a algunos bares en Bogotá, entre otros establecimientos.

La Superintendencia Financiera expidió un comunicado para advertir sobre los riesgos a los que se expone el público si utiliza la moneda virtual. La principal advertencia señala que el Bitcoin no es una divisa, de acuerdo con los criterios del Fondo Monetario Internacional, puesto que no está respaldada por los bancos centrales de ningún país y que al no tener respaldo en activos físicos su precio es volátil y por tanto las operaciones con esta moneda contienen demasiado riesgo. El Banco de la República también se pronunció. En un comunicado señaló que el Bitcoin no es un “activo que pueda ser considerado una divisa debido a que no cuenta con el respaldo de los bancos centrales de otros países”.

Pero nadie la ha declarado ilegal como llegó a rumorarse. De hecho, se fundan a diario organizaciones que promueven el uso del Bitcoin y tras la declaración de la Superfinanciera, el director de la Fundación Bitcoin Colombia, Carlos Meza, insistió en destacar que el Bitcoin es la única moneda en el mundo “cuyo valor está regulado ciento por ciento por la ley de oferta y demanda”.

Ni el revés sufrido por Mt.Gox ni los comunicados de las autoridades monetarias de varios países expedidos la semana pasada lograron horadar el precio del Bitcoin, que se mantuvo por encima de los 1.000 dólares. Solo el tiempo dirá si es posible mantener vivo el sueño del misterioso Satoshi Nakamoto de vivir en un mundo sin bancos.
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