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| 10/16/1995 12:00:00 AM

BIEN, PERO NO TANTO

Después de una semana de debates sobre el estado de la economìa, la conclusión es que las cifras van bien pero las expectativas mal.

PARECIA QUE ESTUVIERAN HABLANDO de dos países distintos. En una esquina, el Presidente y los principales funcionarios del equipo económico congregados para hablar de la buena salud del sector productivo. En la otra, gremios y analistas hablando de lo duras que están las cosas para la economía y advirtiendo la presencia de grises nubarrones en el horizonte.
La disputa comenzó el 11 de septiembre por una intervención televisada de Ernesto Samper, en la cual dio buenas noticias en materia económica. Según él, hay signos positivos en materia de inflación, empleo y crecimiento. "Sorprende por ello que algunos profetas criollos insistan en crear una situación que no existe, para corroer con sus malos augurios un clima de confianza que asegura posibilidades de progreso para todos los colombianos", puntualizó.
Pocas horas después el turno le correspondió a Fedesarrollo. Su director, Eduardo Lora, estaba presentando el editorial de la revista Coyuntura Económica. Según la publicación, "los síntomas de desaceleración de la actividad productiva son ya evidentes en diversos sectores".
Para completar las cosas, el Departamento Nacional de Planeación hizo el martes un balance económico favorable. Según el organismo, el crecimiento proyectado para el año es de 5,3 por ciento, cifra "ampliamente superior al promedio del período 1990-94 (4,3 por ciento)". Además, de acuerdo con la entidad, la agricultura da indicios de crecer por encima de lo esperado, al igual que las exportaciones no tradicionales y la inversión extranjera. El informe agregaba que "la evaluación realizada por las agencias de calificación de riesgos para la inversión extranjera y los bancos internacionales de inversión ha sido favorable para el país en las últimas semanas".
Hasta ese momento todo indicaba que el gobierno estaba ganando la pelea. Aunque eran evidentes las preocupaciones de los observadores, lo cierto es que cifras son cifras y a la hora de los balances valen más que las inquietudes o las expectativas. Estas expectativas, que ya estaban alborotadas, se dispararon definitivamente con el anuncio de que el Ejecutivo y buena parte de la bancada liberal del Congreso habían llegado a un acuerdo para sacar adelante la reforma tributaria.
Pero más allá de las expresiones de inconformidad, lo cierto es que la economía sigue estando relativamente bien a pesar de todo, y así lo muestran las cifras de crecimiento de Planeación. Lo que sorprende aún más es que, aparte de los datos oficiales, la última encuesta de opinión empresarial de la Asociación Nacional de Industriales -Andi- revele un buen estado de salud de la economía, pues arrojó un crecimiento del 6,0 por ciento en la producción en el primer semestre y del 5,3 por ciento en las ventas.

DIFICIL LUCHA
La gran ironía que se plantea es por qué, si los datos son buenos, la mayoría de los encuestados cree que lo que se viene es muy malo. Es de suponer que en las expectativas influyen la incertidumbre política y las versiones crecientes sobre que está cerca una desaceleración. Pero lo que en realidad demuestra esa brecha entre datos y opiniones es que los indicadores objetivos van bien y los subjetivos van mal. De ahí que la lucha del gobierno sea por lograr que esas expectativas no se conviertan en realidad. El ministro de Hacienda, Guillermo Perry, dijo a SEMANA que "la salud de la economía colombiana es un bien colectivo que debemos cuidar entre todos".
Por más buenas intenciones, el trabajo que viene no es sencillo, pues el nerviosismo en el mercado cambiario y accionario demostró que la economía se afecta por un momento de inestabilidad. No obstante, por encima de eso, la crisis comprobó que tanto el gobierno como la Junta Directiva del Banco de la República tienen la clara voluntad de impedir que los especuladores se salgan con la suya. Gracias a eso hay un mensaje de tranquilidad en el sentido de que pase lo que pase a la economía se le está monitoreando de cerca. Eso, de paso, valida aún más el esquema de independencia del Banco, pues sus medidas van más allá de los vaivenes de la situación política.
Apartándose de las cifras y los mensajes de aliento, ¿cuáles son los nubarrones que ven los analistas? Eduardo Lora asegura que "los problemas están en la acumulación de inventarios, concordatos cartera, márgenes de utilidad, entre otros. El gobierno ha querido limitar la discusión a tres o cuatro variables superficiales, pero lo que en realidad ocurre es que se están armando varios enredos, que incluyen los temas fiscal, laboral e inflacionario". Detrás de eso, lo que hay es una sensación generalizada de que la economía se ha desacelerado, pero que aún así, el crecimiento sigue siendo satisfactorio.
Como están las cosas, el gobierno tiene aún el derecho de exigir el beneficio de la duda en el sentido de que la economía sigue estando relativamente sana mientras no se le demuestre lo contrario. Sin embargo, las expectativas y el malestar son ingredientes a los que hay que pararles bolas, aunque todavía las señales no sean de alarma.

CAMBIO DE PLANES

EL MIERCOLES PASADO, A la hora del desayuno, la Casa de Nariño parecía más un confesionario. El presidente Ernesto Samper sorprendió desde el mismo momento de su saludo a los ponentes del proyecto de reforma tributaria y a los congresistas liberales de las comisiones económicas, incluso al mismo Ministro de Hacienda, que comenzaron a llegar a las ocho de la mañana para desayunar y, a la vez, encontrarle una salida al proyecto que presentó el gobierno. Como en un acto de contricción, el primer mandatario les dijo: "Si uno conociera la realidad fiscal y pudiera hacer proyecciones en la campaña, no prometerìa cosas que van a tener tropiezos en el camino".
Todos los asistentes sabían que la sinceridad de Samper tenía un fin: responderle a sus críticos. Al fin y al cabo, mientras era candidato, aseguró que no sería necesario elevar los impuestos, pero después de hacer cuentas supo que, de no hacerlo, el hueco fiscal sería tan grande que podría 'tragarse' todos sus programas sociales. Por eso hizo una de las propuestas más impopulares pero más necesarias de su primer año de mandato: elevar el IVA del 14 al 16 por ciento a partir del año próximo.
El ambiente que se respiró durante las dos horas de reunión fue de cordialidad. Sin embargo, a la vuelta del Palacio, en el Congreso, la sensación era distinta y eran muchos los sentimientos encontrados. Juan Camilo Restrepo, senador conservador, dijo a SEMANA que "se percibe un mal ambiente en torno del aumento del IVA. Dentro del Partido Conservador y los sectores independientes hay un clima de malestar. Incluso, en el mismo Partido Liberal hay diferencias. Por parte de los conservadores, lo que ocurre es que sentimos que fue burlado un acuerdo al que llegamos hace dos meses con el gobierno en el sentido de que no se subirìan los impuestos sino que se controlaría la evasión y se racionalizaría el gasto".
Como están las cosas, es probable que al gobierno le falte más de un desayuno para sacar adelante la reforma, por lo menos en lo que tiene que ver con el aumento del IVA. Sin embargo, su argumento es que esos dos puntos, que significarían ingresos adicionales por 2,4 billones de pesos en los próximos tres años, son necesarios para cumplir con sus planes de inversión social. Rodrigo Garavito, ponente del proyecto, argumenta que "hay un déficit de inversión social y no hay recursos para solucionarlo. El Congreso tiene una responsabilidad social y debe ser solidario con el problema fiscal que afronta el paìs. Ante todo, hay que 'desamperizar' la reforma y pensar en el paìs".
Pero aparte del incremento del IVA, lo que quieren los ponentes, y en lo que trabajaron el fin de semana pasado fue en un plan para combatir la evasión, que es el argumento de crítica de los conservadores, pues alcanza el 36 por ciento de los recaudos del IVA y el 32 por ciento de lo que se recibe por impuesto a la renta.
La idea es ampliar la base de contribuyentes, incluyendo a la gente que hoy en día ni siquiera declara. Lo primero que se hará es ejercer un control político sobre el ministro de Hacienda y el director de la Dian sobre los resultados del plan y las proyecciones. Además, se harán 200.000 visitas cada año para encontrar a los evasores. Si las cosas salen como están previstas, habría 624.000 millones de pesos adicionales en las arcas de la Nación.
Pero además de eso, sigue tomando vuelo la idea de permitir una amnistía tributaria a partir del próximo año. Ingrid Betancur, ponente del proyecto, dice que "la idea es lograr que la gente que está fuera del sistema de tributación se integre a él".
La nueva propuesta incluye también la rebaja en el impuesto a la renta del 35,8 al 35 por ciento, la reducción de la renta presuntiva sobre el patrimonio bruto del 2,0 al 1,5 por ciento, de la cual quedarán excluidos el sector agropecuario, las empresas que están en concordato y las que se hayan visto afectadas por la apertura, entre otras. De salir todo como está previsto, el gobierno logrará el milagro que le ayude a 'sacarle el quite' al problema fiscal.
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