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| 2/20/2016 12:00:00 AM

La inestable apuesta por los biocombustibles

La gran apuesta ambiental y económica del gobierno e inversionistas privados afronta problemas. Las metas con la mezcla de etanol con gasolina no se han cumplido. ¿Por qué?

En la última década, Colombia entró con gran entusiasmo a la era de los biocombustibles, un negocio en el mundo que promete ser, no solo una alternativa ambiental, sino una opción para impulsar el agro.

Para incentivar el sector, el gobierno creó exenciones tributarias y fomentó la creación de zonas francas. El principal objetivo era impulsar la construcción de plantas e ir aumentando gradualmente las mezclas de biocombustibles, hasta llegar a un 10 por ciento por galón de gasolina y diésel y al 20 por ciento en 2020. Es decir, que los automotores usaran combustibles más limpios.

Muchos inversionistas le apostaron al negocio, entre ellos ingenios como Manuelita, Incauca, Mayagüez y Riopaila, así como empresarios vinculados con la palma de aceite. Invirtieron más de 3.000 millones de dólares para producir en seis refinerías etanol (de la caña de azúcar) y en nueve biodiésel (del aceite de palma). Pero aunque el negocio ofrecía ser muy próspero, está en una etapa de menor rentabilidad. Hay varias razones, entre ellas la caída en los precios del petróleo, la fuerte devaluación y el cierre de la frontera con Venezuela.

La crisis petrolera se ha traducido en un menor precio de la gasolina que, para el caso de Bogotá, está hoy en 7.822 pesos. Ese es el techo del precio por galón de etanol. Por eso, mientras más baje la gasolina, menos ingresos reciben los productores del combustible verde. Los empresarios del sector señalan que en el otro lado de la ecuación están los costos, que han crecido por la mayor devaluación ya que importan parte de los insumos. Esto lleva a que el etanol se venda por debajo del costo de producirlo.

A ello se suma que la mezcla de etanol con gasolina no se ha podido llevar del 8 al 10 por ciento, como era la meta, debido a que la capacidad de las plantas de etanol se copó por la demanda del parque automotor creciente y por el cierre de la frontera con Venezuela. Del vecino llegaba buena parte del combustible para los departamentos de frontera y de la costa Atlántica. Pero, para evitar el desabastecimiento, Ecopetrol está enviando gasolina a esas regiones, que también va mezclada con etanol, lo que ejerce una presión adicional sobre este producto.

Con la entrada de la planta de Riopaila Castilla, el país produce hoy a diario 1,65 millones de litros de etanol, apenas para la demanda, que equivale al 8 por ciento de la gasolina que usa el país.

Jorge Bendeck, presidente de la Federación Nacional de Biocombustibles, pide al gobierno tomar medidas para atender esta coyuntura. Una de ellas es eliminar el techo en el precio del etanol ya que de lo contrario los ingenios se verían desestimulados para incentivar la producción, y, en cambio, preferirían producir más azúcar, pues los precios de este producto están al alza.

También pide que, en la medida en que entren a operar nuevas plantas de etanol, como la de Bioenergy, de Ecopetrol, que aportará 470.000 litros diarios, se pueda subir la mezcla de alcohol del 8 al 10 por ciento, y posteriormente al 12 por ciento. De esta manera, los empresarios del sector tendrían estímulos para producir más y ampliar sus plantas, y el país contaría con un combustible más amigable.

Sin embargo, en el caso del biodiésel, el panorama es diferente. En los últimos ocho años el gobierno fomentó la siembra de palma, con lo que se pasó de 250.000 a 500.000 hectáreas. Esto llevó a un exceso de la capacidad instalada de las refinerías. Mientras la demanda local es de 520.000 toneladas de biodiésel al año, la capacidad de las plantas es de 800.000 toneladas.

Según Bendeck, la demanda del producto podría aumentar si el gobierno permite aumentar la mezcla con diésel (ACPM) del 8 al 10 por ciento en Bogotá, Cundinamarca, Boyacá y los Llanos Orientales, y si les pide a las grandes mineras de La Guajira y Cesar, como Carbocol, Drummond y Prodeco que utilicen en su cadena productiva una mezcla del 4 por ciento de biodiésel. Estas dos medidas absorberían una buena parte de los excedentes.

Si bien Colombia está lejos de alcanzar a Brasil, segundo productor de biocombustibles después de Estados Unidos, dio grandes pasos para impulsar este sector. Por eso, los empresarios dicen que es hora de tomar medidas ya que la producción de combustibles verdes, que genera 32.000 empleos directos, será vital en el posconflicto.

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