03 noviembre 2012

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"Bogotá está estancada"

ENTREVISTANo todo el país va al mismo ritmo en materia de competitividad. Mientras en Medellín y Cali el panorama es más alentador, en la capital de la República es sombrío.

"Bogotá está estancada". “Si queremos tener una economía verdaderamente productiva necesitamos más investigación y más recursos para innovación”, dice Rosario Córdoba, presidenta del Consejo Privado de Competitividad (CPC).

“Si queremos tener una economía verdaderamente productiva necesitamos más investigación y más recursos para innovación”, dice Rosario Córdoba, presidenta del Consejo Privado de Competitividad (CPC).

Hace seis años, en Colombia se fijó un plan de vuelo con acciones concretas de corto, mediano y largo plazo para acelerar la productividad y competitividad del país. Aunque se han adelantado tareas importantes, el ritmo todavía es muy lento y difícilmente se alcanzará la meta propuesta para 2032 de
elevar el ingreso por persona al equivalente de un país de ingreso medio alto.

Rosario Córdoba Garcés, presidenta del Consejo Privado de Competitividad (CPC), organismo sin ánimo de lucro que busca identificar los cuellos de botella que tiene el país y coordinar con el gobierno su solución, reconoce que todavía no se ven grandes resultados, pero eso no significa que no se estén haciendo cosas. Además, mientras algunas ciudades avanzan, la capital de la República, que es media economía nacional, está quedada.

Esta semana, en el lanzamiento del sexto Informe Nacional de Competitividad 2012-2013 habrá un gran debate con expertos nacionales e internacionales como Dani Rodrik profesor en Harvard y Santiago Ley del BID sobre el cambio estructural que necesita el país.

SEMANA: Colombia se fijó la meta de ser en 2032 uno de los tres países más competitivos de América Latina, tener un elevado nivel de ingreso por persona y una economía exportadora diversificada. ¿Estamos lejos de alcanzarlo?

ROSARIO CÓRDOBA:
Los retos hoy son incluso mayores que los de hace unos años. El país de hace seis años es muy distinto al de 2012. Cuando se planteó esa visión y se creó el Sistema Nacional de Competitividad, se definió una agenda y se empezó a trabajar en ella. Pero, con el boom minero-energético y el aumento de la participación de las exportaciones de materias primas es necesario acelerar su ejecución, en especial en cuanto a la transformación del aparato productivo para avanzar hacia una mayor diversificación. El país tiene que crecer por encima del 8 por ciento anual. Para lograrlo se requiere el trabajo de todo el país. Si hacemos lo que tenemos que hacer y crecemos a las tasas que nos merecemos, podríamos alcanzar un ingreso per cápita muy superior al actual que al final es el que asegura el bienestar para todos.

SEMANA: ¿En dónde hay que hacer el mayor esfuerzo para más competitividad?

R.C.:
La competitividad es la suma de muchísimas cosas. Necesitamos tener mejor infraestructura; un país que no está comunicado, por el cual no se pueda transitar, no puede ser competitivo. Si queremos tener una economía verdaderamente productiva necesitamos más investigación, más recursos para innovación. También mejorar la calidad de la educación básica y elevar los estándares de los maestros. Hay que empezar a pararle bolas a la educación, pero ya. No hacerlo de inmediato es sacrificar la generación futura y quitarle al país la oportunidad de aprovechar el talento que podría tener en esa generación que está naciendo. En salud hemos avanzado en cobertura pero eso no necesariamente significa acceso y calidad.

SEMANA: En los distintos estudios que miden la competitividad, Colombia avanza posiciones muy lentamente. ¿Cuándo veremos mayores progresos en los indicadores?

R.C.:
Hay datos duros como los de infraestructura que se miden en kilómetros de carretera de doble calzada o pavimentadas que no van a cambiar hasta que no se hagan las obras. Esto no quiere decir, sin embargo, que no se esté avanzando. Yo creo que el país sí va a tener las vías, pero no ya. Las acciones en educación tardan años en verse. Lo que se está haciendo puede empezar a verse en cuatro o cinco años. Corea lleva más de 40 años en esta tarea. Hay otros indicadores que son de percepción que irán cambiando a medida que se vayan haciendo las cosas y la gente sienta que sí se está avanzando. Por ejemplo, la reducción de los sobrecostos de la nómina que propone el ministro de Hacienda, en la reforma tributaria, tendría un efecto inmediato e impactaría favorablemente la competitividad de las empresas. También lo que se haga para remover barreras al comercio o las acciones en innovación, en freno a la corrupción tendrían un impacto inmediato. Lo importante es no dejar de trabajar.

SEMANA: Hay preocupación por lo que está pasando con Bogotá. ¿Está perdiendo competitividad frente al resto del país?

R.C.:
Las ciudades necesitan tener una visión que involucre todos los aspectos y Bogotá hace mucho no la tiene. La visión depende del alcalde de turno que impone su criterio. Si adicionalmente no hay un trabajo público-privado que permita ver qué se requiere para que las empresas operen eficientemente, pues peor. Si la ciudad tiene buenas empresas pero no les facilita la vida, es imposible que puedan operar de manera eficiente. Sencillamente se van de la ciudad. ¿Qué ofrece la ciudad para que se quieran quedar? Tener un mal sistema de transporte afecta la productividad. Los tiempos de movilización son eternos y eso afecta a las empresas y a la gente. Acá hay mucho por hacer en lo público-privado. Bogotá está estancada en muchas cosas. Las soluciones no son el pico y placa o que la gente no tenga carros. Se necesita un mejor sistema de transporte público, vías, normas claras, y todo eso se hace con planeación y con visión. Bogotá hace años está mal. Y ahora está estancada totalmente. Eso es muy grave porque esta ciudad jala la economía nacional. Si el PIB de Bogotá se cae termina afectando a todo el país.

SEMANA: ¿Al tiempo que Bogotá se estanca, las otras regiones del país avanzan?

R.C.:
Hay otras regiones que a mí me gustaría que Bogotá y Cundinamarca imitaran. Voy a poner tres ejemplos. Medellín acaba de ser postulada como unas de las tres ciudades más innovadoras del mundo. Pero eso no surge porque sí. Es el resultado de un trabajo que desde hace varios años se viene haciendo en Antioquia y en particular en Medellín, con una visión de que quieren ser los más innovadores, los más educados. Es un trabajo conjunto entre la alcaldía, los empresarios, las universidades y la gobernación. Hay una coordinación perfecta. En el plan de desarrollo de Medellín hay asignados 170.000 millones de pesos para el desarrollo de una ciudad tecnológica con participación del sector privado. Uno ve esa región trabajando coordinadamente con visión de futuro, todos juntos.

SEMANA: Qué otras ciudades…

R.C.:
El trabajo que están haciendo entre la alcaldía de Cali, el sector empresarial y las universidades es maravilloso. Cali entendió que había que trabajar conjuntamente, que había que involucrar a todos. Es impresionante la transformación que está teniendo la ciudad en diez meses. Los proyectos que están haciendo son increíbles y eso lo hace a uno concluir que sí se puede. Tienen un convencimiento de que el triángulo sector privado-empresas y universidad puede hacer cosas espectaculares. Están trabajando en cómo presentar los proyectos de regalías para que sean verdaderamente los que los lleven por el camino que quieren.

SEMANA: ¿Y cuál es la otra?

R.C.:
La tercera región que yo destacaría es Santander que le apostó a la educación hace mucho tiempo. Es un ejemplo que me impresiona desde hace varios años. Barranquilla y Atlántico se mueven mucho. Hay una clase empresarial muy buena. Están trabajando muy bien y en conjunto. En las regiones en las que hay esa movilización en equipo se ven resultados. Ojalá Bogotá siguiera este camino.
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