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| 1/4/1993 12:00:00 AM

Buenos augurios

Los analistas coinciden en afirmar que 1993 será un buen año para las exportaciones y que la economía crecerá por encima del cuatro por ciento.

LLEGA EL FIN DE AÑO. Y CON EL, LAS PROYECciones. No sólo sobre lo que puede ocurrir el año entrante, sino sobre lo que está ocurriendo. Porque son tan pocas las estadísticas actualizadas que hay en el país, que para la mayoría de los indicadores es necesario hacer estimaciones también para el año que termina.
Eso es lo que han venido haciendo en los últimos días el Gobierno y los distintos centros de investigación del país. En diferentes foros académicos, uno y otros han presentado su balance del año que termina y han hecho cabalas sobre lo que puede pasar en 1993 si no sucede nada extraordinario.
Y la verdad es que, con muy contadas excepciones, los resultados y las proyecciones son bastante positivos. El consenso es que, a pesar de todas las dificultades que ha vivido el país, la economía crecerá por encima del dos por ciento en el presente año y que dicho crecimiento se podría fácilmente duplicar en 1993.
El más optimista de todos es, por supuesto, el Gobierno. Según sus estimaciones la economía podría crecer por encima del cinco por ciento el año entrante. Pero aun Fedesarrollo, que se ha caracterizado en los últimos años por su prudencia en las proyecciones, piensa que el Producto Interno Bruto podría registrar un aumento del 3.5 por ciento en 1993.
Buenaparte de dicho crecimiento sobre eso también hay consenso estará impulsado por el sector externo. Después de un año relativamente flojo, en el que las exportaciones se vieron afectadas por la revaluación del peso y por la caída en los precios internacionales, en 1993 las ventas al exterior tendrán un comportamiento bastante positivo.
De acuerdo con las proyecciones contenidas en el programa macroeconómico del Gobierno, y con estimaciones presentadas por Anif y Fedesarrollo en un foro institucional realizado la semana pasada por la Corporación Financiera Suramericana, las exportaciones totales podrían tener un crecimiento real del orden del 10 por ciento en 1993.
En cuanto a las importaciones se supone que la apertura económica, que aún no ha tenido todo su efecto, se sentirá con rigor en 1993 y los industriales podrán importar materias primas y equipos, beneficiandose plenamente de la baja de aranceles. Aún así, su crecimiento no será sustancialmente mayoral de 1992.
Como consecuencia de lo anterior, el país seguirá fortaleciendo su posición en materia de reservas internacionales. Al finalizar este año, las reservas internacionales. Al finalizar este año, las reservas estarán por encima de los 8.000 millones de dólares. Y de cumplirse las proyecciones de Planeación Nacional en materia de inversión extranjera y de financiamiento, nada raro tendría que las reservas superen, a finales de 1993, la cifra sin precedentes de 10.000 millones de dólares.
Dicho crecimiento de las reservas podría generar, por supuesto, nuevos problemas en el manejo de la política económica. Especialmente por el lado de la inflación. El Gobierno, sin embargo, es optimista en esta materia. Y piensa que el crecimiento del indice de precios puede llegar a ser del 20 por ciento en 1993.
La verdad es que no le faltan razones para el optimismo. La inflación en Colombia mostró una tendencia constante al crecimiento hasta el pasado mes de julio, pero desde entonces comenzó a moderarse. Y lo ha hecho de manera continuada. De acuerdo con el último boletín del Dane, expedido la semana pasada, es muy probable incluso que no pase del 25 por ciento en 1992.
Aún así, campea la prudencia. Er un foro realizado la semana pasada por el Fax Report, el ex ministro de Hacienda y actual miembro de la Junta Directiva del Banco de la República, Roberto Junguito Bonet, insistió en que la meta del Emisor que es actualmente, y por mandato de la Constitución, el encargado de controlar la inflaciónes reducir el costo de la vida al 22 por ciento el año entrante.
Aún así será necesario hacer grandes esfuerzos. Si el Gobierno, por ejemplo, no limita el reajuste de los salarios de los empleados públicos al 24 por ciento y permite un déficit fiscal superior al 1.1 por ciento, será muy difícil, de acuerdo con Junguito, alcanzar la meta mencionada.
Y eso mismo es lo que piensan los centros de investigación privados. Es más, aun con un adecuado manejo fiscal será muy difícil, según ellos, que se logren las metas oficiales. Fedesarrollo, por ejemplo, piensa que el aumento en el índice de precios será del 23 por ciento en 1993. Y Anif, el menos optimista, cree que puede ascender al 26 por ciento.
La razón es que, según ellos, el año entrante se presentarán varias fuentes de perturbación en materia inflacionaria: una devaluación superior a la de 1992, el incremento del IVA, la estabilización de las tasas de interés, el aumento en los precios internacionales de los productos básicos, los probables excesos de liquidez que se darán a comienzos del año y la desaparición del efecto moderador de la baja de aranceles, entre otros.
En cualquier caso, los oráculos económicos parecen hablar un lenguaje más positivo que el de años anteriores. Y eso puede significar que, contra todas las objeciones, el modelo del Gobierno se está consolidando. Sólo resta esperar que se cumplan las proyecciones.
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