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| 4/14/1986 12:00:00 AM

CAFE Y CONTRAS

Para defender la ayuda a los contras, Reagan golpea a Betancur donde más le duele: en el pacto cafetero.

La semana pasada, un tirón de orejas remitido desde la Casa Blanca llegó por vía expresa al Palacio de Nariño en Bogotá. La entrevista dada por el presidente colombiano Belisario Betancur, al diario norteamericano The Washington Post, en la cual el Mandatario criticó abiertamente la solicitud de concesión de 100 millones de dólares con destino a los rebeldes antisandinistas en Nicaragua, hecha por Reagan al Congreso de su país, originó una gélida respuesta del gobierno de Washington. En sendas declaraciones, tanto de Reagan como de funcionarios del Departamento de Estado, quedó en claro que la presente administración no va a admitir que declaraciones como la de Betancur le hagan más difícil de recorrer un camino que de por sí ya es bastante tortuoso (ver recuadro).
Como es típico en estos casos, la respuesta de la Casa Blanca se situó más en el campo de las insinuaciones sutiles que en el de la protesta directa. En contestación a Betancur, quien le dijo al Post que la ayuda a los contras es "errada y no producirá buenos resultados" y se mostró partidario de un proceso de "diálogo y acuerdo", Reagan se encargó de recordarle al Presidente colombiano su actuación durante la toma del Palacio de Justicia en donde el diálogo estuvo ausente. "Tenemos que hacer que los terroristas se den cuenta que las sociedades civilizadas no toleran tales actos (de violencia). El presidente Betancur manifestó esto muy claramente con su acción decisiva el pasado mes de noviembre cuando los terroristas atacaron el Palacio de Justicia", sostuvo Reagan en comunicación dirigida a Francisco Posada de la Peña, nuevo embajador de Colombia en Washington. Y concluyó: "Nuestros dos gobiernos buscan la manera de impedir actos terroristas, al mismo tiempo que trabajan para proteger las libertades civiles de sus ciudadanos".
Pero Reagan no sólo se encargó de recordarle al gobierno colombiano que tiene rabo de paja. Conocedores de la actual coyuntura que atraviesa el mercado mundial del café, Reagan y sus asesores dejaron en claro que, si es el caso, pueden golpear a Colombia donde más le duele y acabar de un plumazo con la existencia de la Organización Internacional del Café.
Como es sabido, en el cuarto de siglo que ha existido la OIC, Colombia ha sido uno de sus más arduos defensores y, según los entendidos, se ha beneficiado con creces del esquema de cuotas y precios estables que ha promovido el pacto cafetero. Pese a que en las actuales circunstancias de bonanza,buena parte de los mecanismos de la OIC no están operando, se afirma que la subsistencia del acuerdo es definitiva para Colombia, cuando se normalice el mercado.
Esa perspectiva podria terminarse si el Congreso norteamericano no suscribe el texto del acuerdo cafetero logrado en Londres a comienzos de octubre pasado. Aunque funcionarios norteamericanos ya habian indicado "a título personal" su oposición al pacto, no fue sino hasta la semana pasada cuando en su carta a Posada de la Peña, Reagan señaló que "mi gobierno no cree que el acuerdo esté cumpliendo sus funciones tan bien como debiera" y agregó que "en este momento estamos evaluando la continuación de nuestra participación (...) y estamos sopesando las consideraciones tanto económicas como políticas mientras decidimos si permanecemos o no en el acuerdo".
Las palabras del Mandatario norteamericano cayeron como un baldado de agua fría en un país que apenas estaba analizando el resultado de las elecciones del 9 de marzo. El editorial del diario El Tiempo del pasado jueves le pidió a Betancur prudencia con el tema. "Ninguno de sus colegas (de Contadora) asume la personería de Nicaragua tan decisivamente como él. Y nos tememos que el poderoso vecino del norte se las va a cobrar", sostuvo el diario capitalino.
Sin embargo, la gran incógnita tiene que ver con el poder de la administración Reagan para lograr que el Congreso norteamericano no suscriba el texto del pacto cafetero. Según expertos como Felipe Jaramillo, existen intereses privados muy fuertes dentro de los Estados Unidos que van a influir en forma decisiva sobre el voto del Congreso.
Adicionalmente, el gobierno colombiano inicio una ofensiva diplomatica a nivel de países productores para buscar la permanencia de la OIC. En particular, se va a tratar de diseñar un mecanismo para impedir que los países consumidores no miembros del pacto resulten más beneficiados que los afiliados, cuando compran su café por fuera del acuerdo. Si eso se logra, los funcionarios colombianos sostienen que se habrá superado el reparo económico más serio que se le hace a la organización.
Curiosamente,el nerviosismo creado por las palabras de Reagan contrasto con el desempeño del café en el mercado mundial. Contra la mayoria de los pronósticos, la libra del grano se sigue manteniendo por encima de los 2 dólares con 60 centavos y, en el caso de Colombia, la magnitud de la bonanza ya se está sintiendo a lo largo y ancho del país. Es por esa razón que algunos ven muy lejanas las consecuencias de una eventual disolución de la OIC. Un exportador privado fue enfático en afirmar que "por ahora lo importante es vender lo máximo. Ya nos preocuparemos del señor Reagan cuando toque".

EL CALVARIO DE LOS 100 MILLONES
El debate alrededor de la solicitud del presidente Ronald Reagan al Congreso de los Estados Unidos, de 100 millones de dólares en ayuda a los contras nicaraguenses, ha tenido una evolución inesperada para muchos sectores, pero especialmente para el propio gobierno norteamericano.
La petición, al contrario de lo que esperaba Reagan después de sus recientes victorias diplomáticas en Haiti y Filipinas, ha obtenido más derrotas que triunfos. En su tránsito inicial, la solicitud sólo logro ser aprobada en una de las 4 comisiones en que ha sido sometida a consideración. En esta oportunidad, la polemica en si no surge del contenido mismo de la propuesta -que al fin y al cabo ya ha sido estudiada por el Congreso en legislaturas anteriores- sino de la forma como Reagan y sus asesores han adelantado la campaña para lograr su aprobación: desde la amenaza del fantasma del comunismo y del terrorismo a las puertas de los Estados Unidos, hasta la posibilidad de obtener un triunfo diplomático como el de Filipinas.
"Si no queremos ver el mapa de Centroamérica convertido en un mar de rojo, eventualmente presionando sobre nuestras fronteras, debemos actuar ahora" fueron las apocalípticas palabras de Reagan. Sus oponentes sin embargo, lejos de creerlas, las llamaron "retóricas". "Debemos enviar dinero ahora para no tener que enviar nuestros propios muchachos después", diría el Presidente en otra oportunidad, buscando apelar al sabor amargo que dejo en todos los norteamericanos la guerra del Vietnam. No obstante, el efecto se vio contrarrestado, cuando el contenido implicito en la afirmación lo llevó a tener que aclarar casi inmediatamente que no existía hasta el momento intención alguna de envio de tropas a Nicaragua.
La verdadera bomba a nivel interno, vino, sin embargo, con las declaraciones de Patrick Buchanan, director de comunicaciones de la Casa Blanca, quien en un artículo en las páginas editoriales del Washington Post responsabilizó directamente a los demócratas de la suerte de la solicitud, colocada ahora en términos de asuntos de seguridad nacional: "El voto mostrará si el Congreso está del lado de Ronald Reagan y la resistencia o del de Daniel Ortega y los comunistas", sostuvo Buchanan. "De ser derrotada la propuesta, agregó, Centroamérica seguirá el camino de Nicaragua y pronto tendremos a los comunistas en San Diego (California)".
La respuesta de los demócratas no se hizo esperar. Inmediatamente empezaron a llover sobre la administración acusaciones como la de haberse convertido en "cazadora de brujas"y "macartizar" a todos aquellos que se opusieran a su política en Centroamérica.
"El presidente ha manejado este debate como si fuera una cuestión de simple escongencia entre los buenos, los luchadores por la libertad (como la administración Reagan denomina a los contras) y los diábolicos marxistas", diría la senadora Nancy Kassembaum. "Les esta saliendo el tiro por la culata", afirmó el representante demócrata Cave McCurdy, quien fuera uno de los votantes claves en la aprobación de los 27 millones de dólares en ayuda llamada "humanitaria", a los disidentes nicaraguenses, el año anterior.
Si el argumento del comunismo al acecho -utilizado a nivel del Congreso- no tuvo mayor éxito, el del paralelo con Filipinas (tratado de capitalizar el éxito diplomático obtenido en las islas), parece haber obtenido aún menos. La similitud entre la situación del archipielago y Nicaragua, en la que Reagan ha querido enfatizar hasta el punto de enviar a Centroamérica a Philip Habib, quien fuera su representante personal en la crisis filipina, ha sido completamente desvirtuada por todo tipo de analistas y politólogos.
"No existe paralelo alguno entre Filipinas y Nicaragua", comentó el columnista del New York Times, Anthony Lewis."En Filipinas nosotros ayudamos con diplomacia, no con armas, a un movimiento que nació del pueblo y no a uno inventado, financiado y dirigido por la CIA".
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