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| 5/7/1984 12:00:00 AM

CAMBIO DE GUARDIA

En forma inadvertida, se ha presentado una revolución en los mandos del sector empresarial durante los dos últimos años

Lo que podía ser calificado como una revolución silenciosa, ha tenido lugar en los últimos dos años en Colombia. Efectivamente sin mucho ruido, en este período se ha presentado un relevo de impresionantes dimensiones en la dirigencia empresarial del país. Estos cambios han obedecido a diversos factores y aisladamente ninguno llamaría la atención. Sin embargo, la casi simultaneidad cronológica con la que se han producido, los convierte en un fenómeno de grandes repercusiones en la vida nacional.
La mayor parte de los hombres que rigieron los destinos de Colombia durante los últimos lustros, han sido reemplazados desde que se inició el gobierno de Belisario Betancur. Aún cuando la mayoría de estos cambios se debe a que se ha cumplido el ciclo normal de una generación, en algunos casos el gobierno ha jugado un papel importante en inducir al relevo.
Los movimientos afectaron, casi sin excepción, todos los sectores claves del país. En el sector cafetero, Arturo Gómez Jaramillo, después de 24 años de estar a la cabeza de la Federación Nacional de Cafeteros, fue reemplazado por Jorge Cárdenas Gutiérrez; en el transporte marítimo, se vivió hace pocas semanas el relevo de Alvaro Díaz, quien estuvo 38 años al frente de la Flota Mercante Grancolombiana, por Enrique Vargas Ramírez, también santandereano, liberal y ex ministro de Obras; en la industria automotriz se dio el retiro de Germán Montoya Vélez, 28 años en la presidencia de Colmotores, quien fue relevado por el norteamericano David J. Herman, administrador y economista de 38 años; en la industria metalmecánica, después de cerca de 40 años de figurar en los más altos cargos de Paz del Río, Darío Vallejo Jaramillo dejó la dirección de la empresa, cargo que había ejercido durante 15, para que asumiera el economista y varias veces ministro, Jaime García Parra; y en el sector financiero terminó la hegemonía de Jaime Michelsen Uribe, quien fue reemplazado por Ignacio Copete Lizarralde.
Sin embargo, el fenómeno no sólo se ha presentado por sectores, sino también por regiones. Los dos prohombres que habían jugado los papeles claves en el desarrollo de Antioquia y el Valle durante los últimos 20 años también han cedido sus puestos a hombres más jóvenes. José Gutiérrez Gómez, patriarca antioqueño y símbolo del establecimiento de ese departamento como presidente de la Corporación Financiera Nacional desde hace 22 años, ha dejado su cargo a los 74 años y en su lugar ha sido mombrado Luis Pérez Escobar, ingeniero civil de 56 años. En el Valle, donde Benjamín Martínez Moriones, no obstante contar con sólo 56 años llevaba 17 a la cabeza de la Corporación Financiera del Valle de la cual fue fundador, sucedió algo similar. Fue sucedido por Julio Manuel Ayerbe, 40 años, quien fuera el vicepresidente ejecutivo de esa entidad. Los anteriores son casos de personas que se pueden considerar como "vacas sagradas", ya que se habían convertido en instituciones dentro de sus propias instituciones.
Sin embargo, a estos se suman múltiples cambios importantes aun cuando de características diferentes. Félix Correa, por ejemplo, no obstante su falta de "legitimidad", se había convertido en el cuarto hombre más poderoso del sector privado y su imperio económico, aunque montado sobre, un castillo de naipes, había logrado una dimensión que competía con los tres grandes.
Otro caso importante es el de Francisco Posada De la Peña, el número dos del Grupo Santodomingo, hasta su nombramiento como embajador de Colombia en la OEA hace más de un año. Normalmente no debería estar incluido en la lista por no ser la cabeza de la organizacion, pero dada la importancia del grupo en la economía del país, y la circunstancia de que Julio Mario Santodomingo ejerce una dirección a control remoto, por residir la mayor parte del tiempo en el exterior, su delegado en Colombia es una especie de procónsul con amplísimos poderes. Así, pues, el reemplazo de Posada por Carlos Cure determina que sea más que un simple relevo burocrático.
Los cambios que se producen en los diferentes sectores no sólo afectan a las instituciones donde se producen, sino que tienen enormes implicaciones en la economía del país. Una decisión en la Federación de Cafeteros repercute en los sectores del transporte, manufacturas, insumos agrícolas, etc., como también una cualquiera en la Flota Grancolombiana que incide en el comercio exterior y en los sectores que exportan. De la misma forma, un cambio en la orientación de la publicidad de grupos tan poderosos como el Grancolombiano y el de Santodomingo, puede afectar seriamente la sobrevivencia de agencias y medios de comunicación.
A los relevos antes mencionados, pueden sumarse otras entidades de gran importancia donde, en una u otra forma, las palancas de mando pasaron a otras manos durante el actual gobierno. Entre éstas figuran el Banco Cafetero, el Banco Comercial Antioqueño, el Banco Santander, el de Comercio, Suramericana de Seguros, Colseguros y el nacionalizado Banco del Estado, para no citar sino algunos casos.
Esto, guardadas las proporciones, tendría mucho más alcance que si en los Estados Unidos cambiaran en menos de un año a los presidentes de la General Motors, IBM, First National City Bank, U.S. Steel, Chase Manhattan, General Food y Exxon, puesto que esa economía es mucho más diversificada que la colombiana y el peso de cada compañía en los Estados Unidos tiene menos incidencia que su contraparte en Colombia.
Es difícil llegar a conclusiones específicas sobre qué significado tiene esta revolución silenciosa. Sin embargo, el hecho de que se opere precisamente un relevo generacional supone una diferencia de cerca de 25 años. Mientras los que salen tienen, en promedio, 68 años, los que llegan tienen, en promedio, 50. En lo relativo a las profesiones, llama la atención el hecho de que la mayoría de los veteranos son abogados, mientras que los que ahora asumen esas posiciones son economistas e ingenieros. Esto demostraría un enfoque más técnico y más acorde con los tiempos. Por otra parte, como dato curioso puede encontrarse que cerca del 50 por ciento de las nuevas caras surgieron dentro de las mismas empresas, mientras que el otro 50 por ciento fue "importado".
En general, se podría decir que, fuera de excepciones como la del Grupo Grancolombiano, donde el viraje fue radical, existe una tendencia más hacia la continuidad que hacia el cambio, como puede deducirse del hecho de que muchas de las "instituciones vivientes" quedaron en calidad de asesores de las empresas en donde trabajaban. Son los casos de Arturo Gómez Jaramillo, quien ahora es embajador para Asuntos Internacionales del Café, o el de Germán Montoya Vélez, quien hoy es presidente de la junta directiva de Colmotores y asesor de la General Motors en Venezuela y Colombia.
El cambio de cabezas no se da solo. Por regla general, cada nuevo directivo trae consigo su cuadrilla, lo cual tiene implicaciones en el manejo de ciertas relaciones interempresariales. En un país en donde las cosas se manejan, muchas veces, a nivel personal y la química entre las personas juega papel determinante, los cambios no dejan de tener alguna significación o, por lo menos, un período de ajuste. Las personas que antes se tuteaban y se llamaban por teléfonos directos sin necesidad de secretaria, ahora tienen relaciones formales y menos familiares, se ven obligados a comunicarse a través de intermediarios, a pedir citas e inclusive, algunas veces, a ser presentados.--
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