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| 5/22/1989 12:00:00 AM

CAMBIO DE MANOS

El anuncio sobre la privatización de algunos bancos indica la voluntad del gobierno de darle más juego al sector privado.

Parece que por fin llegó la hora de las devoluciones. Si en 1983, a raíz de la crisis financiera, el Estado se vio en la necesidad de echarle mano a algunos bancos para salvarles el pellejo, ahora que ha pasado la etapa de los cuidados intensivos, varios de los pacientes serán dados de alta y volverán a manos privadas. Esto fue lo que se conoció la semana pasada durante un foro sobre privatización realizado por la Cámara de Comercio de Bogotá, en el cual se anunció la inminente venta de acciones de los bancos del Estado y de los Trabajadores.
El proyecto corresponde al cumplimiento de una promesa que se hizo en el sentido de que, una vez que los bancos salieran de la olla, el Estado los devolvería al sector privado. Aunque todavía falta conocer la letra menuda de las condiciones de venta, todo parece indicar que en un tiempo relativamente corto, las acciones habrán cambiado de dueño. Según Leonor Montoya, gerente del Fondo de Garantías de Instituciones Financieras, el proceso será equivalente al de una licitación, una vez los compradores potenciales sean aceptados por el gobierno.
Ese fue el resultado más tangible de varios días de discusiones en torno al tema de la privatización. Aunque ya en otras oportunidades se había hablado sobre el particular, pocas veces como la semana pasada diferentes expositores se fueron lanza en ristre contra el Estado. Tal como dijo el presidente de Fenalco, Sabas Pretelt de la Vega, los mercados y los ingresos crecen más rápidamente donde nadie dirige la actividad económica, o deliberadamente escoge quién debe ser el director de una fábrica, o quién barre los pisos, o quién obtiene qué y cuánto.
Semejantes manifestaciones se dieron en momentos en los cuales no hay evidencia de que el Estado colombiano esté en proceso de aumentar su tamaño. Más aún, parece evidente que el gobierno está empeñado en darle cada vez más juego al sector privado. Aparte de lo que se va a hacer con los bancos nacionalizados durante la crisis reciente, otros funcionarios han anunciado planes de venta de empresas estatales. Entre otras, se supo de un plan para hacer de los Ferrocarriles Nacionales una empresa de economía mixta y de la voluntad del IFI para vender proyectos como Papelcol y eventualmente negociar su participación en empresas como Cerromatoso y Conastil. Ese movimiento paulatino llevó al presidente de la Cámara de Comercio de Bogotá, Mario Suárez Melo, a decir que "se ha venido cumpliendo un proceso de "privatización a escondidas" que, por lo mismo, no ha tenido ni la articulación ni la consistencia necesaria".
Para los más convencidos es necesario acelerar el proceso. El ejemplo de los países industrializados y de Chile y México en Latinoamérica, es -según los promotores de la idea- evidencia suficiente de que la privatización funciona y hay que estimularla.
Toda esa polémica se da en momentos en que los pioneros de la privatización han hecho un alto en el camino. En Inglaterra no se han anunciado nuevas ventas de conglomerados estatales debido, entre otras razones, a que las experiencias no siempre fueron las más afortunadas. En el caso de British Gas (la empresa que distribuye el gas natural), una investigación reveló que los nuevos dueños habían utilizado su característica de monopolio para cobrar precios exagerados por sus servicios.
El ejemplo británico deja en claro que hay privatizaciones de privatizaciones. Mientras que en el caso colombiano fueron pocos los que criticaron la venta de las acciones del IFI en Sofasa, es innegable que habría polémica si se decidiera vender a Telecom o a Ecopetrol, dos de las empresas más grandes del Estado.Ese hecho se combina con el problema crónico de la concentración del poder económico. En países como Inglaterra, Francia o Japón la mayoría de las privatizaciones tuvo éxito porque se consiguió que millones de personas se hicieran accionistas de empresas de tantos kilates como British Petroleum, el Banco Paribas o NTT, la empresa japonesa de teléfonos. En cambio en Colombia no parece que exista voluntad de utilizar ese mecanismo. Tan consciente es el gobierno de ello, que en el Congreso está haciendo tránsito un proyecto de ley que desmonta las normas sobre democratización de la propiedad accionaria en el sector financiero.
Esa circunstancia hace que un programa de privatización ambicioso sea difícil de vender en términos políticos. La semana pasada varios dirigentes se refirieron al tema, aunque quedó claro que son pocos los que se atreven a ponerle el cascabel al gato. Tal como anotó el senador liberal Luis Carlos Galán, "no se trata de privatizar o estatizar. Se debe mirar caso por caso y luego sí tomar una determinación".
Por ahora hay un consenso aparente en torno a la necesidad de privatizar parcialmente dos sectores: el financiero y el industrial. En el primer caso, el anuncio hecho sobre los bancos deja en claro que hay voluntad de dar un primer paso en ese sentido porque, tal como lo dijo el presidente de Asobancaria, Carlos Caballero, "el cambio de propiedad en entidades financieras sí implicaría, automáticamente, una mejora en la eficiencia económica". En el segundo, lo hecho por el IFI también ha tenido apoyo ante el convencimiento de que la labor de la entidad es ante todo financiera y que, por lo tanto, debe salirse de las empresas que ya caminen por si solas.
Sin embargo, el paso siguiente se ve mucho más difuso. Aunque son pocos los que creen que el Estado colombiano es eficiente, ese convencimiento no va hasta el punto de pensar que todo funciona mejor en manos privadas. Por eso, lo más factible es que continúe el proceso de "privatización escondida" hasta que alguien logré demostrar que, en Colombia vale menos el sector público conocido, que el sector privado por conocer .
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