Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1993/03/22 00:00

CAMBIO DE RUMBO

El programa económico del presidénte Clinton puede tener para Colombia consecuencias que van mucho más allá de si hay o no hay proteccionismo.

CAMBIO DE RUMBO

LAS REACCIONES DEL EX PRESIDENTE ROnald Reagan al discurso sobre el Estado de la Unión pronunciado la semana pasada por el presidente Bill Clinton podrían ser la clave para entender el significado de la política económica que regirá los destinos de los Estados Unidos en los próximos cuatro años. Según Reagan, "la música de Clinton es la misma de los viejos demócratas, que creen posible -con la misma ingenuidad con que los alquimistas de la edad media querían transformar el plomo en oro-"convertir un incremento de impuestos en crecimiento económico.
Con esas palabras -y muchas otras por el estilo- Reagan intentó descalificar el plan económico de la nueva administración, cuyo fin es reducir el gigantesco déficit fiscál norteamericano y sentar las bases para un crecimiento económico de largo plazo. Y es que, de alguna manera, el programa de Clinton da marcha atrás a lo que se conoció como la revolución reaganiana. Esto es, el imperio de la iniciativa particular -apoyada en una reducción de impuestos- y la libertad total de las fuerzas del mercado.
El programa de Clinton ataca tres puntos neurálgicos para la economía norteamericana: el déficit fiscal, la inversión pública y privada y el bienestar social. Todos giran, sin embargo, alrededor del que Clinton considera la fuente de todos los desarreglos económicos de su país: el déficit fiscal. Sin re cursos no sólo es imposible fomentar la actividad productiva sino evitar la presencia de factores perturbadores como el enorme desequilibrio comercial de los Estados Unidos con sus principales competidores a nivel mundial.
Por eso el Presidente decidió jugársela toda en su primera intervención ante el Congreso y propuso un plan dc recuperación económica de cuatro años que supone un fuerte incremento de impuestos -que sitúa en 36 por ciento la tasa de tributación de los contribuyentes de mayores ingresos- y se propone reducir a la mitad el déficit presupuestal de los Estados Unidos, que bordea en este momento los 300.000 millones~ de dólares.
El Plan, que según Clinton dará "una nueva dirección", a la eco nomía norteamericana, incluye impuestos al consumo de combustibles y energía y se propone reducir los gastos federales en 250.000 millones de dólares durante su período. Para tal fin los aumentos salariales de los empleados públicos serán congelados por un año, se eliminarán 100.000 cargos federales en los próximos cuatro años y se recortará sustancialmente el presupuesto de defensa.
Con el fin de impulsar de inmediato el proceso de recuperación económica, el programa propone destinar 30.000 millones de dólares en el corto plazo a la realización de obras de infraestructura, como parte de un programa total de inversiones por 160.000 millones de dólares que, de acuerdo con sus asesores, deben contribuir a crear cerca de cuatro millones de empleos antes de 1996. Como complemento, el Gobierno se propone apoyar con crédito a la pequeña y mediana industria y financiar progra mas de ciencia y tecnología.
En resumen el Plan Económico del presidente Clinton no sólo ataca profundamente el problema fiscal, sino que redefine el papel del Estado, dándole un rol mucho más intervencionista, sin descuidar los principios de eficiencia que caracterizan la administración moderna, como lo demuestra el recorte programado en la nómina oficial. De todas maneras son claras las diferencias con los planes republicanos aplicados por los presidentes Ronald Reagan y George Bush.

REACCIONES ENCONTRADAS
Curiosamente, mientras en los Estados Unidos el programa de Clinton generó reacciones encontradas, especialmente dentro de las filas republicanas, en Colombia -y pese a Ia falta total de referencias a la política exterior norteamericana en el discurso del presidente de los Estados Unidos- existe un fuerte consenso sobre las bondades del plan.
Especialmente en lo relacionado con la reducción del gigantesco déficit fiscal norteamericano.
Según Miguel Urrutia, miembro de la Junta Directiva del Banco de la República, el déficit norteamericano era un factor de desorden en la economía mundial. Y lo mejor que podía pasar es que alguien pensara en eliminarlo. "Me preocupaba mucho el déficit fiscal norteamericano, porque este sólo podía mantenerse con un déficit comercial de las mismas proporciones y, en consecuenc¿a, era una permanente tentación al proteccionismo".
Para Eduardo Lora, director de Fedesarrollo, "ya era hora de que alguien se ocupara del déficit fiscal norteamericano, por sus terribles efectos perturbadores". Lora se pregunta, sin embargo, si podrá tener éxito la política de aumentar los impuestos y disminuir los gastos de manera simultánea. Y a diferencia de Urrutia teme que su aplicación pueda conducir, en el corto plazo, a nuevas medidas proteccionistas.
Para el presidente de Anif, Javier Fernández, resulta sorprendente la seriedad con la que el presidente de los Estados Unidos asumió su compromiso. "Yo tenía la impresión de que Clinton pensaba impulsar la economía en el corto plazo, pero su programa lo que busca, indudablemente, es una recuperación de largo plazo".
Los tres analistas, que se han caracterizado por defender posiciones económicas encontradas, coinciden en este caso en que la solución al problema fiscal norteamericano era la mayor prioridad del presidente Clinton y en que la misma traerá conse cuencias muy positivas para la economía mundial.
Todavía, sin embargo, y dada la gran cantidad de medidas anunciadas por Clinton, no hay una discusión sobre los instrumentos. Pero tarde o temprano tendrá que haberla, porque lo cierto es que las ideas contenidas en el mensaje del presidente norteamericano no sólo influirán en el resto del mundo por su impacto sobre la economía, sino también por su impacto sobre las ideas (ver recuadro).
No hay que olvidar, como le dijo uno de los especialistas a SEMANA, que la gran mayoría de las ideas dominantes en el mundo económico de la actualidad -incluyendo el neoliberalismo y sus aplicaciones en procesos de ajuste y de apertura- son una consecuencia directa de la "revolución reaganiana". Y que la difusión de las ideas suele ser más lenta que la aplicación de las mismas.
Por eso no tendría nada de raro que a la vuelta de muy pocos años el país tuviera que estar de nuevo nadando en contra de la corriente.

LUCHA DE ESCUELAS
LA "CONTRARREVOLUCION" clintoniana podría ir mucho más allá del renacimiento de la intervención estatal y de la preocupación por el déficit fiscal como causante principal de todos los desequilibrios económicos.
No son pocos, en realldad, los analistas que consideran que el cambio de ideas podría extenderse inclusive a los campus universitarios, donde reinó durante 12 años la "sacrosanta" teoría del mercado.
El primer campanazo en tal sentido, fue el nombramiento de Laura Tayson como presidente del poderoso Consejo de Asesores Económicos. La señora Tayson no sólo es mucho más abierta que la mayoría de los economistas de su generación a la idea de la intervención estatal, sino que es una dura crítica de los modelos matemáticos que dominan la profesión.
No es casual, por eso, que su nombramiento haya despertado una gran reacción en los medios académicos. Economistas de tanto prestigio como Robert Barro, de la Universidad de Harvard, y Paul Krugman, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, han cuestionado fuertemente las habilidades analíticas de la señora Tayson. Y han puesto en duda su capacidad para presidir el Consejo.
En el fondo, sin embargo, lo que hay es una sorda lucha entre diferentes escuelas económicas. Según Michel Mandel, doctor en economía de Harvard y editor económico de la revista Businessweek, "el escepticismo de la señora Tayson acerca de la sabiduría de la mano invisible la convierte en una persona "non grata, en una profesión donde la creencia en el mercado es transmitida con la leche materna".
Y es que el verdadero pecado de la señora Tayson, segun Mandel", no es su incompetencia sino su apostasía. "Ella es muy peligrosa para los altos gurús de la economía académica, precisamente por el hecho de que, después de haber estado entre ellos, ya no les rinde pleitesía a sus modelos y teorías".
Pero no sólo por eso, sino porque después de tantos años de inestabilidad en materia de crecimiento económico, los po líticos y la gente común han perdido la fe en los economistas. Y eso explicaría por qué, además de la señora Tayson, Clinton escogió a un abogado. Robert Reich, y a un administrador, Robert Rubin,, como sus más cercanos asesores para el manejo de los temas económicos, Y por qué, a pesar del escepticismo de muchos, entró pisando tan dura en materia impositiva.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.