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| 3/11/1985 12:00:00 AM

CANASTA POR LAS NUBES

Por tercer mes consecutivo se disparan los precios de los artículos en Colombia.

Puede ser una de las frases más traqueadas en los hogares colombianos, pero si usted o alguien en su casa ha hablado sobre "lo caras que están las cosas", en esta oportunidad las cifras del gobierno lo comprueban.
Confirmando que 1985 no va a ser una época fácil en el campo económico, el Dane dio la primera mala nueva del año a mediados de la semana anterior, al anunciar que por tercera vez consecutiva en igual número de meses el índice de precios al consumidor superó la barrera del dos por ciento. "Es una de las peores noticias, ahora que estamos en la mitad del programa de ajuste económico", afirmó un miembro de la administración, soprendido por la escalada inflacionaria a partir de noviembre anterior. En cosa de los últimos 90 días el aumento acumulado, en los precios ha llegado al 6.5%, lo cual es más de la tercera parte del incremento ocurrido durante todo 1983 o todo 1984. De hecho, si la situación actual se mantiene, no seria extraño que para el año en curso, la tasa de inflación en Colombia bordeara un increíble 30%.
Según se desprende de las cifras del Dane, lo que ha venido ocurriendo es resultado directo de los mayores precios de los alimentos, como consecuencia del fuerte invierno que, unido a las tradicionales alzas de enero, ha encarecido notoriamente la canasta familiar. Además, se cree que todavía se está sintiendo el efecto de la subida en los precios de la gasolina y las tarifas de los servicios públicos sucedida en noviembre, y cuyo impacto no se transmite al público en forma inmediata.
Las nuevas perspectivas inflacionarias se suman a la conocida lista de problemas que debe enfrentar el gobierno, el cual, esperando que todo se deba a problemas temporales de abastecimiento, ha procedido a congelar los precios de más de 120 productos de consumo masivo. Con todo, parece que el destino está en contra de la administración, pues sigue habiendo problemas con el clima, y la semana pasada se confirmó la escasez de sal, debido a los conflictos laborales en Alcalis de Colombia. Para evitar supuestos abusos de los comerciantes, los gobiernos departamentales y municipales han declarado su habitual "guerra a los especuladores", con la esperanza de contener la espiral alcista.
Sin embargo, es dudoso que se puedan evitar las alzas si los problemas con la oferta de alimentos continúan. Según se afirma, en el tiempo que le queda libre de sus múltiples viajes al exterior, el ministro de Hacienda ha presionado al ministerio de Agricultura y demás entidades del sector para que se puedan lograr mejores resultados en los campos, pero es obvio que eso no produce resultados inmediatos.
Por lo pronto, es innegable que los más afectados han sido los consumidores, quienes ya han visto borrada buena parte del aumento salarial de comienzo de año. El alza en alimentos de enero, seguramente se verá complementada por las mayores matrículas y aumentos de precio de los útiles escolares -que pagarán el IVA por primera vez-, típicos de febrero. Pero la escalada no termina allí. Normalmente, los meses más fuertes en lo que hace a índices de inflación son marzo y abril y, a menos que las condiciones actuales varien dramáticamente, es muy probable que el ritmo actual no disminuya hasta mayo.
Una tasa de inflación superior al 20% anual no sólo le pondria trabas a la política económica del gobierno, sino que originaría dificultades sociales aún más graves. De un lado, la gran masa de desempleados vería más difícil el problema de la supervivencia y, del otro, los asalariados empezarían a solicitar reajustes de sueldo para conservar el poder adquisitivo de su ingreso.
En el intermedio, hay que ver si el gobierno tiene algún as bajo la manga. Durante los dos últimos años, uno de los pocos activos de la administración Betancur ha sido el de limitar los índices de precios. Sin embargo, las alzas de los pasados tres meses y las advertencias sobre la posible presión de las emisiones hechas para financiar el déficit fiscal, han renovado en los escépticos la creencia de que, tarde o temprano, Colombia se encamina irremediablemente hacia la argentinización.
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