Martes, 24 de enero de 2017

| 2000/03/27 00:00

Capital de riesgo

La creatividad y el ingenio son claves para financiar empresas en Internet.La creatividad y el ingenio son claves para financiar empresas en Internet.

Capital de riesgo

Durante los primeros tres trimestres de 1999 los inversionistas de riesgo en Estados Unidos destinaron más de 28.000 millones de dólares —más del 25 por ciento del PIB colombiano— a financiar compañías nacientes de Internet. El auge del negocio es de tal magnitud que los inversionistas de ese país no han dudado en calificar lo que está ocurriendo con este tipo de compañías como “la mayor fuente de creación de riqueza legal en la historia del planeta”.

Atraídas por lo que parece un chorro infinito de recursos, millares de personas lo han dejado todo para participar en esta nueva revolución económica. Renuncian a su trabajo estable de más de 10 años, avisan en la casa que no volverán antes de seis meses y se lanzan a una aventura que es una mezcla de suerte, mucho trabajo y algo de ingenuidad. A los pocos meses tienen una idea cuajada que presentan ante miles de dispuestos inversionistas, quienes se lanzan a financiar ‘la próxima Microsoft’. Y terminan el cuento viviendo como millonarios por el resto de su vida.

Esa historia se viene repitiendo —casi inexplicablemente— desde hace varios meses. Lo que muchos no saben es que detrás de cada historia de éxito hay miles de personas que fracasan y que en lugar de terminar viviendo como millonarios acaban quebrados y maldiciendo la hora en que dejaron una vida perfecta para meterse en una pesadilla. La razón: no lograron conseguir financiación, el pilar inicial de desarrollo de las compañías de Internet.

La consecución de recursos para nuevas compañías de Internet requiere una gran dosis de creatividad e imaginación pues hay miles de personas compitiendo por la misma plata.

El proceso comienza con la elaboración del plan de negocios (ver recuadro) y la inyección de capital por parte de los autores de la idea original. Acto seguido se ofrece a los primeros inversionistas —ángel o semilla, como se les conoce— una participación en la nueva y todavía inexistente compañía a una valoración 50 ó 100 veces más alta que la utilizada para poner la plata de los fundadores. Con eso se forma un capital inicial que se utiliza en contrataciones, montaje y publicidad de la empresa. Una vez en funcionamiento, la compañía se ofrece en los grandes fondos de riesgo con un nuevo incremento de 10 a 15 veces en la valoración. Los accionistas se van diluyendo con cada nueva ronda de financiación hasta que la compañía no sabe qué hacer con la plata o se decide salir a bolsa y volver realidad lo que hasta entonces son riquezas de papel.

Sólo entonces, cuando la estrategia de financiación funciona y se pueden hacer efectivas las riquezas, es que el sueño se vuelve realidad.

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