Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1993/03/01 00:00

¡Carromanía!

En Colombia consegiur un carro se ha vuelto más difícil que conseguir un cupo en un colegio. ¿Qué ha pasado?

¡Carromanía!

¡Carromanía!
EL AÑO PASADO SE VENDIERON EN EL PAIS 71.200 carros nuevos. Es decir, 23.000 carros más de los que adquirieron los colombianos en 1991. Tan bueno estuvo el mercado que a pesar de que las importaciones alcanzaron la cifra sin precedentes de 19.137 automotores, las ensambladoras del país aumentaron de manera importante su producción. Y aún así, la persona que hoy quiera tener un "cero kilómetros" tiene que esperar por lo menos un mes para que se lo entreguen y es difícil que pueda, cuando menos, elegir su color.
Por donde se le mire, el negocio de los carros está disparado. Para uso particular se vendieron el año pasado 37.860 automóviles, lo que representa un aumento del 60 por ciento con respecto a 1991. Para el servicio de taxis se vendieron cerca de 11.000 carros, con un incremento del 50 por ciento. Y para otros usos comerciales, incluidos camperos, camionetas, camiones y buses, se vendieron 22.300 automotores, cifra que supera en más del 30 por ciento a la del año anterior. En otras palabras, ningún sector del mercado se quedó por fuera de la bonanza.
Pero fueron los automóviles de uso particular los que se llevaron las palmas. En este renglón, los de la llamada "gama basica", siguen dominando el mercado, gracias a su precio. De los 24.208 carros nacionales que se vendieron el año pasado, 15.200 (más del 60 por ciento) fueron automóviles cuyo precio está por debajo de los 10 millones de pesos. Y la marca líder entre los importados fue Lada, cuyos modelos oscilan entre los 6.5 y los ocho millones de pesos (ver cuadros).
Pero la gran novedad, sin lugar a dudas, fue el incremento en las ventas de carros de la "gama alta", que pese a los esfuerzos de las ensambladoras nacionales fue colonizada por marcas del exterior. El Mazda 626 L, de la CCA, sigue teniendo buena aceptación, pero los otros modelos de 626 cayeron de manera considerable. Y lo mismo pasó con los Renault Etoile (exceptuando el TXi) y con los Monza, cuya "desaparición" del mercado tuvo que ser compensada con las ventas del Cavalier, un modelo importado por la propia Colmotores.
Entraron con fuerza, en cambio, algunas marcas de automóviles que los "aficionados" se habían contentado con admirar en avisos de revistas extranjeras o que, cuando más, llegaban al país como parte del menaje de cerebros fugados o de diplomáticos en uso de buen retiro. Las calles de las grandes ciudades se llenaron de Hondas, Subarus, Toyotas y Peugeots -por mencionar algunos de los principales exponentes de la gama- que no sólo sirvieron para satisfacer el deseo personal de figuración y demostración de sus propietarios, sino que se convirtieron en una alternativa de inversión.
Y esa es, precisamente, una de las razones que explican la "carromanía" que se vive en el país. Según un grupo de expertos consultados por esta revista, el año pasado confluyeron un conjunto de factores de orden económico que aumentaron considerablemente el dinero circulante en el país, y que hicieron de los automóviles, después de la finca raiz, el activo preferido por los colombianos para colocar sus disponibilidades de capital.
Entre ellos están la repatriación de capitales manifiesta en un crecimiento superior a los 1.300 millones de dólares en las reservas internacionales a pesar del estancamiento de las exportaciones y el repunte de las importaciones, la falta de oportunidades de inversión provocada por la baja en las tasas de interés del sistema financiero y la disminución en el ritmo de devaluación y la baja en el precio real de los automóviles como consecuencia de las políticas aplicadas por las ensambladoras para hacerle frente a la competencia de los carros importados.
Dado que casi todos los papeles financieros estaban ofreciendo el año pasado tasas de rentabilidad negativas en términos reales y que en Colombia los carros no sólo conservan su precio sino que en condiciones adecuadas de mantenimiento se llegan incluso a valorizar, muchos ahorradores preocupados por conservar el poder adquisitivo de su dinero, pero con altos niveles de aversión al riesgo, volcaron sus recursos al mercado automotor.
Los carros no sólo son activos que brindan altos niveles de seguridad, sino que ofrecen rendimientos no económicos a su poseedor, como el estatus.
Tan fuerte fue la demanda el año pasado, que a pesar de haberse presentado uná baja sustancial en el costo de los créditos para la compra de carros, el monto promedio de la financiación disminuyó. Según cálculos efectuados por la Compañía Colombiana Automotriz, el valor de la cuotas que tiene que pagar una persona para adquirir un vehículo a crédito ha disminuido considerablemente en los últimos dos años como proporción de su ingreso. Con un salario cercano a un millón de pesos, esa persona tendría que destinar hoy en día un 32 por ciento al pago de la cuota de un Mazda 323 NX, mientras hace dos años ese mismo crédito le absorbió el 55 por ciento de su ingresos.
Aún así, la cartera de las compañías financieras del sector muestra que los compradores de carros están pagando de entrada una proporción muy alta de lo mismos. Un sondeo efectuado por SEMANA entre algunas financieras mostró que su cartera no superaba el 30 por ciento del valor de las operaciones efectuadas, sobre todo en el último año. Esto, para un automóvil de la "gama básica", significa que los créditos no superan, en promedio, los tres millones de pesos. Y eso, cuando los créditos están baratos, no puede significar sino dos cosas: una, que los compradores tienen mucha plata, y dos, que con al de obtener su carro a la mayor brevedad están disuestos a "pujar", con altas ofertas de dinero en efectivo.
La gran pregunta es si esas mismas condiciones se mantendrán en el presente año. Y a juzgar por la programación que están haciendo las ensambladoras y por la dinámica que mantiener las importaciones, es muy probable que sí. Al contrario de lo que ocurrió el año pasado, cuando el pesimismo era tan grande que algunas ensambladoras se equivocaron en sus proyecciones y al final se quedaron cortas de oferta, para el 93 casi todos los analistas del sector se muestran optimistas. Y no faltan aquellos que están pensando que las ventas podrían crecer nuevamente en unos 20.000 automotores. Al fin y al cabo, y a pesar de la congestión de las grandes ciudades, los índices de motorización en Colombia siguen siendo bajos. En Venezuela, con la mitad de la población de Colombia, se vendieron el año pasado 120.000 automóviles. Y este año esperan vender otro tanto.
Las ensambladoras colombianas han hecho, además, un gran esfuerzo para ponerse a tono con el proceso de apertura de la economía. Por un lado, su política de costos les ha permitido bajar, en términos reales, el precio de casi todos los modelos. Hasta el punto de que un profesional de clase media, que hace apenas dos años necesitaba destinar cerca de 16 salarios para comprar un automóvil del tipo del Mazda 323 NX, hoy sólo tiene que destina salarios.
No menos significativo ha sido el esfuerzo realizado por las ensambladoras en el campo del diseño y la tecnología. Las ensambladoras entendieron, en efecto, que para poder competir adecuadamente con los autos extranjeros, cuyo atractivo para el consumidor radica muchas veces en la novedad de su diseño, tenían que incorporar a sus automóviles lo último en materia de tecnología. Y es por eso que cada nuevo modelo aparece mucho más sofisticado que sus antecesores.
No dejan de estar preocupados los productores del país, sin embargo, ante la perspectiva de que todo el crecimiento del mercado lo absorban los carros extranjeros. A mediados del año pasado, nadie creía que las importaciones coparan más del 15 por ciento de las ventas, y al final representaron el 26 por ciento. Con una tendencia creciente, pues en el sólo mes de diciembre llegaron al país más de 5.000 vehículos.
Si se tiene en cuenta que a las facilidades en materia arancelaria se sumaron recientemente una serie de cambios importantes en la política aduanera, es factible que la presión importadora sea todavía mayor en el presente año. Y de ser eso cierto, la "carromanía", que hasta el momento ha sido buena para todos, se podría convertir, en el mediano plazo, en un verdadero " hara-Kiri" para la industria nacional.-

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