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| 11/22/2008 12:00:00 AM

Castillos de naipes

Las más emblemáticas empresas estadounidenses están de muerte. Las ensambladoras piden salvavidas a gritos, Citigroup anuncia despidos masivos y GE busca quién le inyecte dinero.

Mientras los colombianos están bien ocupados tratando de solucionar el colapso que armaron las pirámides, en el mundo la economía sigue ardiendo. Los problemas se multiplican a diario y ya muchas de las empresas más representativas para la economía estadounidense amenazan con desplomarse. Las predicciones sobre un posible descalabro de General Motors, Ford y Chrysler, conocidos también como los 'Tres grandes de Detroit', tienen asustado al mundo.

"No sería la primera vez en la historia que se cierra una empresa automotriz", dice el economista colombiano Alberto Bernal, hoy vinculado a la compañía Bulltick Capital Markets, pero sí sorprende porque se refiere al futuro de una de las más tradicionales firmas de Estados Unidos: General Motors (GM).

Es evidente que la crisis económica en ese país no hace distinciones. Ha entrado a las plantas y oficinas de las hasta ahora 'indestronables' compañías globales. Las que hasta hace poco representaban el poderío de la economía estadounidense.

¿Ese país va a dejar quebrar a las tres grandes compañías de Detroit o les lanzará un salvavidas de 25.000 millones de dólares para que sigan marchando y eviten dejar en la calle a sus 700.000 empleados? Es la pregunta que se hacen todos los analistas en el mundo por estos días. "La economía de Estados Unidos no necesita a GM", dice Blythe McGarvie, en su habitual comentario económico en el sitio web de la revista Forbes. "Dejen a Detroit ir a la bancarrota", opinó Mitt Romney, ex precandidato presidencial republicano y ex gobernador de Massachussets, al aludir a la ciudad donde tienen sede estas industrias y donde creció.

Estas compañías han caído en un punto de aparente no retorno. Entre los expertos hay consenso en que los enormes problemas que tienen de liquidez son las acumulaciones de errores cometidos a lo largo de la última década en la administración de estas compañías.

GM, Ford y Chrysler han tenido onerosas convenciones colectivas y pensionales. Las condiciones laborales de un empleado de la industria automotriz en Detroit son mucho mejores a las de los demás empleados en otras partes de Estados Unidos.

Según Blythe McGarvie, en su comentario en Forbes.com, el promedio del salario por hora en Detroit para la industria automotriz es de 73,20 dólares, mientras que el promedio nacional está en 28,48 dólares. Además, los altos ejecutivos de estas firmas están dentro de los mejores salarios de ese país. Pero es que de austeridad parece que poco saben. En medio de la tremenda crisis que enfrentan, la semana pasada las máximas directivas de estas compañías llegaron a Washington en sus aviones privados. El mundo les cayó encima. Fueron a pedir plata mostrando cara de ricos.

Para el ciudadano del común es una gran contradicción que mientras las empresas están al borde de la quiebra por decisiones administrativas, ahora los CEO, de salarios multimillonarios, y los trabajadores con los mejores ingresos promedios del país, viajen a la capital para pedir una ayudita para no dejar morir las empresas, que ellos mismos metieron en líos. Por eso el debate se ha calentado.

El derroche por años no solo pasó la cuenta de cobro. Aparecieron otras dificultades. El alza del petróleo disparó los precios de la gasolina e hizo que el mercado norteamericano de vehículos se transformara radicalmente. GM, Ford y Chrysler se especializaron en los autos y camionetas grandes que fueron las que los usuarios dejaron de comprar porque su consumo de combustible era muy costoso. Y luego vino la crisis financiera que le dio el golpe definitivo a las ventas de automóviles y acabó de reventar a estas compañías. En los últimos años, las tres empresas han acumulado pérdidas superiores a los 100.000 millones de dólares.

Pero no solo llueve por la industria automotriz. General Electric, la otra emblemática firma estadounidense, también enfrenta dificultades. La compañía ha visto caer el valor de su acción de manera considerable, pues son muchas las dudas acerca del futuro, debido a sus problemas de liquidez.

La situación ha llegado a tal punto que el magnate Warren Buffet acordó hace un mes inyectarle a la compañía 3.000 millones de dólares para fortalecerla; aun así, las acciones han seguido cayendo por el temor de los inversionistas; en los últimos seis meses la acción pasó de 37 dólares a apenas 13 dólares en las más recientes jornadas de Wall Street.

En medio de su desespero, las directivas de GE están buscando recursos en Asia para meterle a la compañía. De no concretarse un acuerdo en este sentido, el futuro se verá muy incierto.

Las malas noticias para las empresas de Estados Unidos no se detienen. La semana pasada el Citigroup sorprendió con las decisiones que tomará para enfrentar una delicada situación. El banco recortará 24.000 empleos, con lo cual completa 50.000 personas despedidas a lo largo de la crisis. The New York Times catalogó esta decisión como uno de los despidos masivos más grandes en la historia de Estados Unidos. Algunos expertos ya hablan de que esta crisis le podría costar al sector financiero mundial más de 300.000 puestos de trabajo.

Ni siquiera el hecho de que el príncipe saudí Alwaleed bin Talalt asegurara que va a aumentar su participación en Citibank al 5 por ciento sirvió para detener la caída en el precio de la acción, que cayó más del 80 por ciento hasta cinco dólares, en el último año.

Lo mismo se ve en el sector financiero europeo. La firma Merrill Lynch realizó un análisis acerca de las necesidades de capitalización en la banca del Viejo Continente. Allí ya aparecieron los bancos Santander y Bbva, los dos tradicionales bancos de España. Según las cuentas de Merrill, estas instituciones van a necesitar 9.000 millones de dólares entre las dos para ser capitalizadas. La situación económica de España es cada vez más crítica, pues el Instituto Nacional de Estadística confirmó lo que todos no querían escuchar. El país decreció 0,2 por ciento durante el tercer trimestre de este año. Así que está a punto de entrar en recesión.

Es evidente que varias de las principales fichas en el ajedrez empresarial de los países en desarrollo están cayendo una tras otra. El reto para las autoridades sigue siendo enorme y los costos para salir del embrollo van a ser muy altos. El mapa del empresariado mundial va a cambiar y corren el riesgo de desaparecer empresas, antes consideradas indestructibles. Como ocurrió en las aerolíneas. ¿Quién hoy se acuerda de Braniff, Eastern o Pan Am?
 
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