Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1989/03/06 00:00

CATASTRO-FE

El lío de los avaluos catastrales en Bogotá y el resto del país no quedó resuelto sino aplazado.

CATASTRO-FE

Hacía mucho tiempo que los colombianos no se interesaban tanto por un tema tan aburrido. Y es que el lío del catastro--no sólo en Bogotá, sino en otras capitales del país--les tocaba directamente allí donde más les duele: en el bolsillo. Al término de una semana de polémicas, en Bogotá el alcalde Andrés Pastrana decidió rebajar en un 40% los reavalúos catastrales hechos por la administración distrital. En Medellín, el alcalde Juan Gómez Martínez hizo lo propio y aplazó el incremento de los avalúos por espacio de un año. Iniciativas similares empezaron a hacer carrera en Cartagena, Manizales y Pereira.

El catastro nunca ha sido un asunto sencillo. Ya en tiempos medievales, los burgos europeos se veían en problemas para tasar el impuesto predial. Ante el atraso de los sistemas de medición, resolvieron irse por el camino más fácil. Los tributos dependían del ancho del frente de la casa, lo que explica que hoy en ciudades como Colonia, haya verdaderas mansiones que sólo presentan a la calle tres metros de fachada.

Aunque mucha agua ha pasado bajo los puentes desde entonces, y aunque los mecanismos se han sofisticado, el tema sigue levantando ampolla.
En Colombia, el capítulo más reciente empezó a escribirse cuando la ley 14 de 1983 sobre fortalecimiento de los municipios, les ordenó a éstos iniciar--o en algunos casos, reiniciar-lo que los especialistas conocen como el proceso de formación catastral. Este, en palabras simples, consiste en hacer un inventario de los predios y sus respectivas edificaciones, anotando su ubicación, su valor, los servicios con que cuentan y su status jurídico. Es como hacer un censo, pero no de gente sino de los lotes y construcciones con que cuenta un municipio.

Semejante tarea tiene por objeto, entre otras cosas, el establecimiento de una base para el cobro del impuesto predial, según el avalúo que haga el catastro. Esta labor fue iniciada en todo el país por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, IGAC, con excepción del departamento de Antioquia y las ciudades de Bogotá y Cali, que tienen sus propios departamentos de catastro. Tanto el IGAC como sus émulos regionales, tenian un gran atraso en su labor, lo que hacía que la nota predominante en los estudios catastrales fuera la desactualización. Salvo el caso de Medellin, los demás en el pais se estaban tornando dramáticos, lo que impulsó al Congreso a redactar algunos artículos pertinentes en la ley 14.

Una de las situaciones más angustiosas era la de Bogotá. Hace algunos años, los administradores distritales se dieron cuenta de que la inmensa mayoría de predios conservaba su avalúo original--el de la época en que fue negociado por última vez--, que sólo sufría insignificantes reajustes. Ello hacía que mansiones de los años 60 estuvieran avaluadas en menos dinero que un apartaestudio de los años 80. Con ese problema en mente, el Concejo de Bogotá promulgó el acuerdo 001 de 1981, con el cual se creó un departamento de catastro distrital que, en teoria, debía comenzar la formación catastral de la ciudad. Esa norma, que antecedió a lo ordenado por la ley 14, se quedó escrita hasta 1986, cuando la administración de Julio César Sánchez implementó por fin la ordenanza. El plan que se diseñó incorporó varias de las tecnologías más modernas en el área, lo cual simplificaba hasta cierto punto, el trabajo de evaluación de cada uno de los 820 mil predios de la capital. El diseño fue tan bueno que se ganó una mención de honor en el Premio Nacional de Ingeniería.

En una primera etapa, el trabajo se concentró en hacer la formación de 180 mil predios ubicados al nororiente de la ciudad, donde la información indicaba que se estaba presentando el atraso más grande, y donde se sabia que se concentraban los predios más valiosos y de mayor potencial tributario. En pocas palabras, el atraso estaba beneficiando a los más ricos quienes no estaban pagando lo que les correspondía.

Lo que complicó las cosas fue el cambio de la administración en junio del año pasado. La llegada de Andrés Pastrana a la alcaldía determinó cambios de política, que hacian más urgente el cobro del impuesto predial con los nuevos avalúos. Datos como el de que Medellín recaudara en 1987 una cifra similar a la de Bogotá ($5.850 millones de Medellin, contra $5.807 de la capital), a pesar de que ésta última tenía dos veces más predios, exigían una acción más rápida.
Asi lo entendió también el Concejo que determinó incorporar la formación catastral de esos 180 mil predios, para que el impuesto predial del 89 se cobrara con base en los nuevos avalúos. Tan loable iniciativa tuvo sin embargo un problema, y no precisamente de poca monta. Tanto los concejales como la administración se olvidaron de que, a pesar del buen diseño del plan de formación catastral, se requeria aún el paso de algunos meses dedicados a revisar por muestreo si los avaluadores habian hecho un buen trabajo.

El resultado de haberse brincado este importante paso fue el que ocasionó la debacle de las últimas semanas. Miles de bogotanos vieron con sorpresa que en el recibo del impuesto predial el nuevo avalúo era, en algunos casos, hasta cien veces superior al viejo. El desvelo de los propietarios no era causado tanto por el impuesto predial en si mismo (cuyo aumento en los estratos más altos no podia ser de más del 100% con respecto al año pasado), sino por el nuevo avalúo que los colocaba en serios problemas ante la Administración Nacional de Impuestos, pues en la mayoria de los casos en que hubo excesos era mayor incluso que el avalúo comercial.

Esta última fue precisamente la piedra de escándalo. Como le dijo un pensionado del Ejército al diario El Tiempo en una divertida carta en la que relató que el avalúo de su casa había pasado de 990 mil pesos a 50 millones, "... sorpresivamente he quedado millonario y me preocupa mi nueva posición como tal ante la sociedad, porque mi modus vivendi no da para vivir como lo hacen los millonarios. En consecuencia, pienso vender al Distrito mi residencia por el valor que arbitrariamente le fijó...".

Ante protestas como ésta, Pastrana ordenó de un plumazo, la rebaja del 40% de los avalúos de los 180 mil predios cobijados por la nueva formación catastral. La reducción no es nada despreciable. A 31 de julio de 1988, los 820 mil predios de Bogotá estaban avaluados en 1.15 billones de pesos. Esa cifra subió a 4.19 billones una vez incorporada la formación catastral, pero con la rebaja quedó en 2.89 billones. En otras palabras, el alcalde disminuyó en 1.3 billones de pesos el avalúo de los predios de la ciudad. Aunque la disminución de la cifra no debe tener incidencia sobre los recaudos del impuesto predial --debido a que el aumento de este se encuentra limitado-puede crearle problemas a las posteriores administraciones de Bogotá. Para los críticos del alcalde, éste se adelantó a tomar una medida populista sin tener en cuenta cuántos avalúos estaban bien hechos y cuantos no. A pesar de que hubo protestas, y muchas, no se puede decir que en todos los reavalúos hubo errores. "Lo mejor habría sido la creación de un comité con participación del gobierno distrital, los gremios especializados y los concejales, el cual habría podido revisar los reclamos de manera rápida y asesorar al alcalde", opinó Gustavo Peña, ex director de Catastro de la administración Sánchez.

En cambio, el ejemplo de Pastrana puede crear problemas en otras ciudades. Para el director del IGAC, Alvaro González, lo hecho por el alcalde bogotano fue ilegal y puede crear un precedente grave. "Los errores que se hayan cometido no se corrigen bajando el avalúo", le dijo el funcionario a SEMANA. En particular, existe preocupación en torno a que los diferentes alcaldes decidan disputarle al Agustin Codazzi su fuero al hacer la formación catastral. El año pasado el Instituto hizo la formación de 800 mil predios en todo el país y un enfrentamiento con las administraciones municipales puede entorpecer su labor.

Por lo tanto, se teme que con el ejemplo de Bogotá, en otras ciudades haya protestas que conduzcan a medidas similares. Teniendo en cuenta la antipatia que le tienen los colombianos al pago de impuestos, es evidente que un alcalde puede reencauchar su popularidad si decide meterse con los avalúos catastrales.

Esa actitud no quiere decir, sin embargo, que los alcaldes no tengan la razón en ciertos puntos. En una carta que le dirigió el martes pasado al Presidente de la República, Andrés Pastrana puso el dedo en la llaga cuando se refirió a toda una serie de impuestos de orden nacional que dependen del avalúo catastral. Entre otros, el alcalde de Bogotá propuso reformar las disposiciones en torno a los tributos para la CAR, el impuesto patrimonial, el impuesto sobre la renta y ganancias ocasionales, el impuesto a la estratificación, la contribución al desarrollo municipal, la renta presuntiva, y los impuestos de timbre, beneficencia, registro y anotación.

La discrepancia entre la nación y los municipios, pone de presente los cambios que están ocurriendo en el país. Las reformas de los últimos años le han dado más autonomía a ciudades y pueblos, y es innegable que hasta que ese proceso de ajuste se termine, los roces y la descoordinación van a continuar.

Pero, más que todo, el problema del catastro demuestra que la improvisación sigue siendo la constante en el país. Legisladores, alcaldes, concejales, todos a una, han demostrado que las nuevas normas los sorprendieron con la guardia baja. A pesar de que los cambios se sabían desde hace rato, la receta sigue siendo la de apagar los incendios en vez de prevenirlos. Es por eso que lo más seguro es que el tema del catastro va a volver a ser noticia de primera página en los años por venir. Aunque el alcalde de Bogotá le dijo a SEMANA que consideraba "cerrado el capítulo de los avalúos", todo indica que el libro no ha terminado de escribirse. Hay que recordar que en Bogotá aún falta por hacer la formación de 640 mil predios y que el IGAC ha adelantado el 32% de los 4.8 millones de predios que le corresponden en el país. Por lo tanto, si algo revelan las protestas de la semana pasada es la simple certeza de que el verdadero conflicto, hasta ahora está comenzando. -

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