Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

Cazadores de tesoros

Ahora que los precios internacionales del oro están por las nubes varias multinacionales mineras anuncian millonarias inversiones para explorar en Colombia. ¿Vuelve la búsqueda de El Dorado?

China y Rusia también forman parte de la nueva frontera para la explotación del oro. Las grandes compañías tienen puesta su mirada en estos países donde se espera encontrar nuevos yacimientos.

La fiebre del oro ha regresado. Mientras su precio internacional registra las máximas cotizaciones desde abril de 1981, varias multinacionales mineras están poniendo sus pies en el país. Hoy Colombia es blanco de millonarias inversiones que pueden catapultarla como una de las naciones con mayores reservas auríferas de todo el planeta. En junio de este año, la surafricana AngloGold Ashanti, la segunda del sector en el mundo, anunció su interés por explorar oro en 1,2 millones de hectáreas distribuidas en varias zonas de Bolívar y Antioquia, además de los trabajos que hoy adelanta en Cauca y Nariño. Por su parte, Colombia Goldfields, radicada en Canadá, firmó acuerdos para explorar el metal precioso en Antioquia y Caldas, con inversiones que podrían llegar a los 200 millones de dólares en los próximos cinco años. Hay tal optimismo sobre la exploración en el país, que desde el primero de noviembre pasado, esta compañía empezó a listar sus acciones en las bolsas de Frankfurt y Berlín, anunciando que su proyecto de Caramanta (en las montañas de Marmato) promete rendimientos de hasta el ciento por ciento en los próximos años. Otras firmas como Greystar adelantan desde hace varios años inversiones de exploración minera. Es el caso del proyecto conocido como 'Angostura', en California, Santander. Allí se podría extraer hasta 300.000 onzas por año y ya hay reservas probadas de 10 millones de onzas. Hasta el momento, esta compañía ha realizado inversiones por unos 35 millones de dólares. Es tal la fiebre por explotar este metal precioso, que hace 20 días se dieron cita en Medellín, convocados por la gobernación de Antioquia, varios inversionistas del sector de minas. Una de las movidas que se concretaron en esa oportunidad fue la de la compañía Cambridge Mineral Resources que cerró negocios por 2,6 millones de dólares para realizar proyectos en Cauca y Antioquia. Hoy Colombia ocupa apenas el puesto 46 en el nivel mundial en la explotación de este metal. Como le dijo a SEMANA Charles Major, de Servicios Logísticos Colombia Ltda., uno de los socios de Colombia Goldfields en las minas de Caramanta, "hay potencial para llegar a ser la número dos o tres en el mundo, pues son bastantes las zonas por explorar. Colombia es realmente la última frontera en Suramérica para la exploración aurífera. Es prácticamente un país virgen". A pesar de este optimismo, no todo es color de rosa. Durante muchos años, la exploración no tuvo ningún brillo por razones de seguridad. Es el caso de Greystar, firma que explora en Santander. Según Frederick Felder, su vicepresidente ejecutivo, la empresa estuvo prácticamente paralizada durante cinco de los 10 años que lleva en el país. Cuenta Felder que en 1998 Greystar tuvo que cerrar sus operaciones en Colombia durante siete meses por el secuestro de uno de sus contratistas por parte de grupos guerrilleros que operaban en la región. A finales de 1999, las presiones de estos mismos grupos obligaron a la empresa a suspender sus actividades. Sólo en mayo de 2003, con la implementación del programa de seguridad democrática -en el cual le fue asignado un batallón de alta montaña a la zona donde realizaba sus actividades- reanudó operaciones. Felder insiste en que Colombia tiene un gran potencial aurífero y coincide con quienes prevén que el se país puede convertir en un enorme protagonista en este campo. No obstante, la cosa no es tan fácil. La principal razón es la presión social que existe en esas regiones. Si bien los inversionistas han sido víctimas, también hay casos en los que han pasado a ser acusados. En Colombia, la preocupación ha quedado planteada porque la firma AngloGold Ashanti, por medio de su subsidiaria Kedadha, está comprando masivamente títulos mineros en Bolívar y Antioquia, en regiones donde se desarrolla el conflicto entre paramilitares y guerrilla Un grupo de pequeños mineros asegura que la llegada de la multinacional a sus regiones los empieza a dejar paulatinamente sin posibilidades de ingresos, según lo informó SEMANA hace un par de meses en una crónica sobre la situación de al menos 4.000 trabajadores de minas de oro en el sur de Bolívar. Sin embargo, para el presidente de la Cámara de Asomineros de la Andi, Carlos Alberto Uribe, es gracias a la llegada de firmas internacionales que se está normalizando la actividad minera, que en su mayoría se realiza ilegalmente. También está latente la preocupación sobre el impacto ambiental. Durante la extracción del oro se usan productos altamente contaminantes como cianuro de sodio y mercurio, que de administrarse mal, pueden dejar graves consecuencias para la naturaleza. Según las autoridades, actualmente existen normas claras para que este impacto pueda ser controlado y así mitigar su efecto sobre los suelos. Por su parte, las firmas multinacionales consideran que el verdadero problema se presenta cuando la explotación se hace de manera ilegal y artesanal. Euforia mundial El oro también ha hallado adeptos entre los inversionistas internacionales. Las primeras señales al respecto se han dado en la Bolsa de Londres, donde este producto vive uno de sus momentos de gloria, llegando a precios de 514 dólares la onza, la cifra más alta de las últimas dos décadas. A este comportamiento han contribuido las amenazas inflacionarias mundiales y el desequilibrio comercial de Estados Unidos, así como el temor que existe a que otros activos pierdan terreno. Aunque el precio del oro está por las nubes, todavía falta mucho para que vuelva a los niveles de antes. En términos reales es poco el incremento en la cotización del metal frente a lo que se vivió en 1980, cuando alcanzó la cifra récord de 850 dólares la onza. Muchos analistas se han dejado obnubilar por este nuevo brillo y hasta se aventuran a profetizar una cotización mundial por encima de los 1.000 dólares la onza en los próximos años. Por eso la fiebre del oro no ha contagiado a todos. Un análisis de The Economist señala que este producto apenas ha logrado en los últimos tres años el 40 por ciento de las ganancias que han mostrado otros metales como la plata, el platino y el paladio. Quienes desconfían del fenómeno creen que sólo se trata de una ola especulativa y por eso advierten que algunos hasta podrían llevarse una decepción. Pase lo que pase con la cotización del oro en los próximos años, todo pinta que en Colombia los proyectos mineros de este tipo se van a fortalecer. Las compañías están haciendo grandes inversiones en un rubro en el que los dividendos sólo se logran a lo largo de décadas. Habrá que esperar si la nueva búsqueda de El Dorado cumple por fin con la leyenda.

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