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| 12/2/1985 12:00:00 AM

CELOS QUE MATAN

Una mujer desesperada envenenó a sus hijos e intentó darse muerte.

CELOS QUE MATAN, Sección Economía, edición 183, Dec  2 1985 CELOS QUE MATAN
En un cuarto helado, donde el frío se siente en los huesos, rodeada de las piletas dentro de las cuales se lavan los traperos del hospital de La Hortúa, ocupando una cama sin sábanas y llorando todo el día, se encuentra la señora Custodia Chaparro de Casallas. A su lado, una dama del voluntariado del centro asistencial trata de consolarla mientras la escucha decir: "¿Por qué Dios permitió que esto sucediera?".
Esta escena es el resultado de la tragedia protagonizada el lunes de la semana pasada por la señora de Casallas, quien desesperada ante la convicción que tenía de que su marido le era infiel, decidió tomarse un frasco de raticida y, de paso, envenenar a sus dos hijos "para que no se quedaran solos". Uno de ellos, el menor de nueve meses, se salvó porque no quiso tomarse todo el tetero que había envenenado su madre. El otro, de apenas dos años, fue más obediente y murió.
La señora de Casallas no hace más que lamentarse y manifestar su arrepentimiento, mientras permanece en el sótano del hospital, identificado con un cartón que dice "Toxicología" a la espera de que después de que termine de recuperarse, sea trasladada a la cárcel de El Buen Pastor, sindicada de homicidio.
Pero la eventualidad de convertirse en prisionera es quizá lo que menos le preocupa. Si hay algo que la inquieta profundamente, según afirman los empleados del hospital, es la posibilidad de que su esposo ahora sí la abandone. "El no va a venir, no quiere verme", dice permanentemente doña Custodia.
Y en efecto, Casallas no deseaba ir a verla. Dijo al reportero de SEMANA que aunque no sabía qué iba a pasar ahora, "lo único que tengo claro es que toca ayudarla porque qué más se puede hacer". En cuanto a las afirmaciones de su esposa sobre la infidelidad, entregadas a reporteros de televisión que la entrevistaron en el hospital, Casallas sostiene que "el problema es que la mujer lo cela a uno hasta con una escoba. Los celos los sienten todas las mujeres, pero en mi caso concreto no existía motivo para que ella los sintiera". El problema, agrega, es que las cosas no siempre son muy claras y "uno no sabe en qué momento se le pueden cruzar a una persona esos pensamientos". Pero si para Casallas lo sucedido no es fácil de explicar, para sus hermanos y demás familiares todo es muy extraño. "Aquí estuvieron ellos el domingo viendo el partido de la Selección Colombia y las cosas se veían muy bien o por lo menos normales", aseguró uno de los hermanos de Casallas.
Pero las apariencias al parecer estaban engañando. "Las cosas no deberían andar muy bien ni estar para nada normales", según explica la sicoterapeuta especializada en temas sobre la violencia familiar, Luz Helena Sánchez. "A menos que se trate de una persona con un aparato síquico sumamente débil -dijo al ser consultada por SEMANA- es casi imposible que un arranque de celos produzca una acción desesperada como ésta. En la gran mayoría de los casos de este tipo, existe estrés permanente, causado por algún tipo de violencia sicológica, física o sexual. Lo que sí es muy posible es que los celos se hayan convertido en la gota que rebosó la copa, como lo puede ser cualquier hecho leve".
Sin embargo, cualquier explicación sicológica sobre las causas que motivaron la tragedia difícilmente puede cambiar la interpretación jurídica pues ante la ley las cosas parecen ser a otro precio. Por lo pronto, doña Custodia está acusada de homicidio agravado e intento de homicidio por tratarse de un delito cometido en contra de sus descendientes. La abogada Ximena Castilla asegura que de todos modos "habría que ver si la acusada se hizo algún tipo de reflexión en la cual considerara justo defender a sus hijos de un mal mayor". O al menos de lo que ella creía que era un mal mayor.
Sea como sea, es evidente que se trata de un episodio más de la historia de la violencia familiar que afecta a amplias capas de la población colombiana. Por eso mismo, está claro que ningún juicio, ninguna interpretación moral ni jurídica de lo sucedido, pueden hacerse sin tener en cuenta este entorno. Pero de cualquier manera, también es cierto que ninguna de estas interpretaciones ayudarán a doña Custodia a salir de su desesperación.

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