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| 2/28/2015 10:00:00 PM

China quiere el control de la telefonía móvil

Tras dominar el mercado de los computadores, las empresas del gigante asiático van por el plato fuerte del negocio.

En una tarde de marzo de 1984, solo tres años después de que IBM dio su famoso golpe mundial con el lanzamiento del primer PC, un grupo de 11 ingenieros chinos, encabezados por Liu Chuanzhi y con el apoyo de la Academia de Ciencias de ese país, prepararon en un pequeño local en Beijing la primera ofensiva china en el mundo de la computación. Nacía Lenovo, entonces bajo el nombre de Legend Group, la empresa asiática que hoy, a 30 años de ese emprendimiento, se convirtió en el mayor fabricante de computadores del mundo.

Era de esperarse. La economía que creció casi al 10 por ciento anual durante tres décadas tomaría en algún momento el control de los negocios de telecomunicaciones, computación y electrónica de consumo, que figuran entre las piezas más apetitosas de la economía mundial. Lenovo es el vendedor de computadores número uno del mundo, por encima de las norteamericanas HP y Dell.

Huawei, también una compañía china de rápido crecimiento, es el segundo proveedor de redes 4G más grande del planeta y ocupa el tercer lugar en el mercado de teléfonos móviles, por encima de Nokia, Sony, LG y otros fabricantes de renombre.

La consultora TrendForce estima que a mediados del presente año la mitad de los celulares vendidos en el planeta serán fabricados por las compañías chinas más importantes (Huawei, Xiaomi, ZTE, entre otras); y no se refiere a los terminales construidos en ese país para marcas europeas y norteamericanas, con lo que la cifra aumentaría dramáticamente, sino a terminales propios de la industria china.

¿Cuál es la clave del éxito chino en el mundo de la tecnología digital? Al parecer, se trata de una combinación de varios factores. El más evidente de ellos es la alta eficiencia de su industria, en virtud de la economía de escala. Un país con más de 1.300 millones de habitantes, asombrosamente rico en recursos naturales y con costos de producción bajos, logró ventajas competitivas difíciles de emular. Pero eran necesarios otros ingredientes. Los empresarios chinos, relativamente nuevos en el mundo de los negocios internacionales (las reformas que permitieron la propiedad privada y la economía de mercado comenzaron en 1978), resultaron sabuesos de gran olfato para percibir las tendencias exitosas y especialmente ágiles y rápidos para introducir los cambios que les permitieran hacerse un lugar en ellas.

Huawei, por ejemplo, fue constituida en 1988 como fábrica de plantas telefónicas – los populares PBX como se les conocía entonces–. En 2000, la empresa ya se había metido en el negocio de las redes móviles, expandido a mercados de Asia y el Pacífico y encaraba de tú a tú a las grandes empresas europeas que dominaban esa industria (Nokia, Siemens y Ericsson). Hoy tiene 160.000 empleados, trabaja en 140 países y un tercio de la población mundial utiliza sus productos, entre teléfonos y redes.

Lenovo es un buen ejemplo de la capacidad china para adaptarse a los cambios. En 2004 la compañía decidió globalizarse por dentro y por fuera. Hasta entonces era fuerte en el mercado local pero necesitaba conquistar el mundo. El primer paso fue la tan sonada compra de la división de computadores personales de IBM, realizada en 2005. Los computadores de IBM más conocidos eran los portátiles ThinkPad, utilizados sobre todo en el sector corporativo, pero IBM estaba prácticamente noqueado por Dell y HP. La adquisición, que parecía más bien una locura, resultó una jugada maestra. Le tomó unos cuantos años, pero Lenovo fue capaz de convertir esos computadores en los más populares del mundo y alcanzó en 2014 la cifra récord de 100 millones de ThinkPad vendidos en la historia.

Al cerrar diciembre pasado, Lenovo copaba el 19,4 por ciento del mercado, seguido de HP con el 18,8 por ciento y de Dell con el 12,7 por ciento. Como el PC ha sufrido un importante declive ante los populares dispositivos móviles, Lenovo decidió tomar el control del negocio de grandes servidores (que sí registra crecimiento año a año) y adquirió en septiembre de 2014 la unidad de negocios de servidores x86 de IBM, por 2.100 millones de dólares, otro gran golpe con el que se asegura un lugar privilegiado en un sector estratégico.

Naturalmente, el plato fuerte del negocio tecnológico hoy es la movilidad y Lenovo ya lo puso en su mira. La adquisición de Motorola, por 2.910 millones de dólares, lo mete en un negocio difícil, en donde reina el duopolio Apple-Samsung, pero en el que se propone grandes metas. Motorola es una marca emblemática –inventó el teléfono celular– y tras el empuje que le dio Google dos años atrás, la compañía recuperó la dinámica innovadora que le hizo célebre en la industria. Sumando las ventas de teléfonos Motorola y de teléfonos Lenovo, la compañía puso en el mercado 100 millones de unidades, un buen punto de partida.

Motorola le confiere de la noche a la mañana presencia en los mercados del norte y América Latina, y un poco en Europa, que mucha falta le estaba haciendo. Para los analistas es claro que Motorola, en manos de los chinos, tendrá la competitividad suficiente para aspirar a algo más que ese tercer lugar.

Pero no todo ha sido tan fácil para los chinos, como parece. Las grandes compañías del gigante asiático tuvieron que vencer problemas derivados de la pobre imagen que sectores de la electrónica china de bajo costo dejaron en el imaginario popular. Lenovo, Huawei, ZTE y otras compañías, que figuran en el top 100 de las empresas de mejor reputación en la lista Forbes, necesitaron esforzarse para demostrar que lo suyo es alta tecnología y calidad. Para ello adoptaron las mejores prácticas del sector, se asesoraron de compañías exitosas de Occidente, como la propia IBM, invirtieron fuertes sumas en investigación y desarrollo y entraron en el occidental negocio de patrocinar equipos de fútbol, una de las mejores vías para el posicionamiento de marca en la actualidad.

Huawei es aliado tecnológico de la liga española de fútbol, y patrocina clubes en decenas de países (en Colombia patrocina al Santa Fe). Los empresarios chinos comprendieron que necesitaban globalizar no solo sus productos, sino también su propia vida interior.

La mitad de los miembros del directorio de Lenovo son ejecutivos extranjeros de renombre, que le aportan una visión de negocio desde diferentes geografías y culturas. Esa multiculturalidad fue resultado de las numerosas fusiones y adquisiciones que la compañía ha realizado. En 2011 adquirió a la japonesa NEC, en 2012 al mayor fabricante de electrodomésticos de Brasil, y la compra de Motorola le confirió a la norteamericana Google una participación en Lenovo de casi el 8 por ciento, para mencionar casos relevantes de mestizaje corporativo, además del obtenido con IBM.

La mayor prueba de que la industria china es competitiva también por su calidad y no solo por su precio es el éxito que sus empresas han logrado en mercados sofisticados y costosos, como el de los smartphones. Huawei acaba de patentar el primer procesador para teléfonos móviles con ocho núcleos, que es capaz de soportar velocidades superiores a los 300 megabits por segundo, y ya tiene en prueba prototipos de redes de quinta generación que en el futuro sustituirán a las actuales 4G.

Con la adquisición de Motorola, Lenovo se hace dueña del grupo de patentes más importante de la industria móvil de la actualidad. Y casi la mitad de las comunicaciones electrónicas que se realizan a diario en el mundo corren sobre plataformas chinas.


El dragón en Latinoamérica


En enero de 2015, Beijing fue sede de la cumbre China-Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) que incluyó a los presidentes de China, Venezuela, Ecuador, Costa Rica y las Bahamas, así como ministros de otras naciones. Allí el presidente Xi Jinping anunció la intención de China de invertir 250.000 millones de dólares en los mercados de América Latina y el Caribe durante la próxima década, en un esfuerzo por alcanzar 500.000 millones de dólares en comercio anual con la región en 2025. La cumbre China-Celac también fue una oportunidad para que los aliados más fuertes de China en la región, Ecuador y Venezuela, recibieran del gobierno de Beijing nuevos préstamos y compromisos de inversión. Mientras el gobierno Obama mejora su posición política en América Latina al trabajar por normalizar las relaciones con Cuba, China se está moviendo para cubrir el vacío económico que deja Estados Unidos, al volverse independiente energéticamente. La estrategia de China en América Latina siempre ha incluido inversiones importantes en busca de rentabilidad política antes que financiera.

Lea en B-I más sobre la IED China -en números- en América Latina.
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