Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2007/09/15 00:00

Cifras al aire

Los dos directores uribistas del Dane han salido en medio de escándalos y acusando al gobierno de presiones. ¿Cuál es la verdad de la pelotera?

Carolina Rentería, Directora del DNP

Tres semanas antes de que Ernesto Rojas Morales presentara su carta de renuncia como director del Dane, en la Casa de Nariño ya le buscaban sucesor. Su situación en el Departamento Nacional de Estadística se tornaba insostenible, pues había casado una pelea pública con el poderoso Departamento Nacional de Planeación (DNP) . "Eso era una pelea de toche con guayaba madura", de la que Rojas no podía aspirar a salir bien librado, comentó Juan Carlos Echeverry, ex director del DNP.

Rojas no pensaba que iba a perder este pulso con Planeación, ni lo sospechó cuando el 22 de agosto a las 7:30 de la noche, durante el acto de rendición de cuentas del Ministerio de la Protección Social en la Casa de Nariño, un emisario del presidente Álvaro Uribe le ofreció una embajada como agradecimiento a su labor en el gobierno.

Lo que el hoy ex director del Dane no sabía era que realmente estaban buscándole una salida 'diplomática' de la institución, pues de inmediato el gobierno comenzó a sondear posibles candidatos para el cargo.

Pese a la controversia por las cifras de empleo que sostenía con el DNP desde hace poco más de un año, Rojas se sentía respaldado. Hace un mes recibió una elogiosa carta del presidente Uribe, en la cual destacaba su elección como nuevo presidente del Comité Ejecutivo de la Conferencia Estadística de las Américas (CEA-Cepal) para el período 2007-2009. "Personas con su vocación de servicio nos hacen sentir orgullosos y nos comprometen a seguir luchando por los más altos intereses de los colombianos", decía el primer mandatario en la misiva.

Pero al final de cuentas, más que el apoyo del Presidente, el director del Dane necesitaba arreglar las discrepancias técnicas con el DNP, algo que parecía imposible porque la controversia había tomado otras dimensiones.

El viernes 7 de septiembre Rojas aceptó que había perdido la pelea con Planeación y decidió echar los últimos restos en su renuncia, con lo que hizo público un hecho de suma gravedad para la independencia del Dane y comprometió al gobierno: en su carta dijo que funcionarios del DNP trataban de interferir en la autonomía técnica de la entidad y denigraban de la calidad de los datos estadísticos producidos por ésta.

Sin duda era una denuncia grave, más aun porque no era la primera vez que sucedía. Hace tres años, el entonces director del Dane, César Caballero, renunció a su cargo quejándose de presiones del gobierno y en particular por parte de quien ocupaba la secretaría de prensa de la Casa de Nariño, Ricardo Galán.

Si bien son dos circunstancias diferentes las que motivaron la salida de Caballero y la de Rojas, en el fondo quedó un manto de duda sobre la autonomía y la independencia del Dane y se puso en juego la credibilidad de las cifras oficiales.

Tres años de controversia

Desde el día en que Ernesto Rojas Morales regresó al Dane, después de 36 años (fue director de la entidad entre 1968 y 1971), empezó una controversia con académicos, investigadores y gobierno por algunas de las estadísticas del país.

De entrada confrontó muchas de las decisiones que había tomado su antecesor y se enfrascó en debates con la comunidad académica al escoger una metodología para el Censo 2005 que no había sido completamente probada. Por primera vez en el país se hizo un censo sin inmovilizar a la gente, lo que despertó muchas dudas en la opinión. Terminado el año censal, el Dane entregó los datos definitivos a cuentagotas y con constantes correcciones en cifras clave como la cantidad de habitantes del país. Todavía el Congreso no ha avalado el censo, lo que en estricto sentido no es necesario porque el Dane es el que certifica los resultados.

Rojas defiende la consistencia del censo y muestra que ha sido ejemplo para varios países de América Latina. Dice que hasta en Irak pidieron asesoría sobre el método para recolectar la información.

Pero si por el censo llovieron críticas en el Dane, por el cambio en la Gran Encuesta Integrada de Hogares (Geih), que produce las cifras sobre el mercado laboral, cayeron tempestades. Esta fue la gota que rebosó la copa de la disputa con el DNP.

En julio de 2006, el Dane amplió de 13 a 24 ciudades la cobertura de la encuesta de empleo. Dijo que no se cambiaría la metodología de la investigación y que sólo se mejoraría la calidad.

Los resultados sobre empleo bajo la nueva encuesta fueron sorpresivos: mientras la economía crecía a tasas altas, el desempleo aceleraba su ritmo. Esto llamó la atención de académicos y del gobierno. El ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, fue uno de los primeros en cuestionar las cifras sobre empleo rural, porque en ese ámbito aparecía disparada la desocupación .

El DNP puso el grito en el cielo sobre la nueva medición. La causa: las cifras del Dane en agosto y septiembre de 2006 comenzaban a revelar pérdidas de puestos de trabajo en un volumen superior a un millón de personas de un año a otro, y un crecimiento abrupto en la inactividad (las personas que no pueden o no quieren trabajar). Se interpretó en su momento que haber ampliado la cobertura tuvo efectos sobre los resultados de la encuesta, con el agravante de que los datos no eran comparables con las series anteriores.

La directora de Planeación, Carolina Rentería, dijo la semana pasada que no lograron encontrar una explicación a una economía en auge, creciendo al 8 por ciento, y un empleo en descenso. Durante el primer año de la nueva Gran Encuesta Integrada de Hogares se generó un caos total en la medición del empleo. A eso se añadió que el Dane dejó de entregar resultados mensuales y pasó a promedios móviles trimestrales y anuales que terminaron por confundir a todos.

Al Dane se le recomendó adelantar la nueva encuesta en paralelo con la vieja investigación, pero no lo hizo. Rojas Morales afirma que la entidad internamente, ante las dudas de los académicos, hizo en marzo de este año una encuesta testigo para ver qué habría sucedido si no se hubieran incluido las 11 ciudades adicionales en el estudio, y concluyó que no había cambios sustanciales.

Los funcionarios del DNP y otros investigadores dicen que la metodología en la recolección de los datos y el cambio en el orden de algunas preguntas pudieron provocar errores en la medición de los inactivos y los discapacitados. Rojas siempre ha refutado esta tesis y señala que el hecho de pasar del papel al computador lo único que hizo fue mejorar la confiabilidad de los datos recolectados.

En poco tiempo, el debate pasó de lo técnico a lo político. Rojas se sintió irrespetado por el DNP al querer éste 'entrometerse' en las investigaciones, así fuera sutilmente, bajo la figura de sugerencias. "A mí nunca se me ocurrió decirle a Planeación por qué en el Plan de Desarrollo no hacía un capítulo aparte sobre el empleo, para que ellos vinieran a interferir en las tareas del Dane", señala Rojas.

'Top-secret'

La última leña al fuego fue la negativa de Rojas de entregar los microdatos del censo (las respuestas directas que dan las personas encuestadas en las diferentes investigaciones), con el argumento de que gozan de confidencialidad estadística. Ello aunque desde 1993 existe un convenio sobre transferencia de datos. Para Planeación, enviar éstos no supone violar la reserva estadística, como dice Rojas, ya que la identidad de las fuentes se mantiene protegida.

Esta negativa del Dane, según el director de Fedesarrollo, Mauricio Cárdenas, es muy grave para los investigadores, pues estos microdatos son la materia prima del análisis económico.

Ese argumento no convenció a Rojas y hay analistas que comparten su tesis, como César González, quien considera preocupante que la información que permite identificar individualmente a quienes responden las encuestas sea entregada a ciertas entidades del gobierno.

En este pulso hay un ingrediente adicional. Aunque se trata de dos departamentos de igual categoría, el DNP debe autorizar los desembolsos de los recursos de inversión del Dane. En este momento Planeación tiene 'amarrada' una partida de 14.000 millones de pesos. Dice que el Dane cambió la destinación original que tenía para 10 programas y por eso no la autorizará.

Aunque las rivalidades entre entidades estatales son normales, es evidente que la del DNP y el Dane ya se pasó la raya porque arriesga la confianza pública en las cifras oficiales. Con la salida de Rojas, el nuevo director no sólo tendrá que recomponer las maltrechas relaciones con el DNP, sino que tendrá que velar porque la credibilidad del Dane se conserve en un momento particularmente clave.

Dos posibles candidatos ya dijeron que no: el ex subdirector de Planeación Mauricio Santamaría y el actual gerente del Banco de la República en la regional Medellín, Hugo López. Hoy las apuestas apuntan al reconocido economista Daniel Castellanos

Se aproxima un cambio importante. A partir del primero de enero de 2008, el Dane modificará la composición de la canasta familiar y ampliará la muestra y la cobertura de la encuesta que periódicamente realiza para medir y determinar el índice de inflación del país. Decisiones trascendentales para el manejo acertado de la economía, que le tocará adoptar quien acepte este difícil potro.

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