Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1984/03/05 00:00

CITA CON LA MUERTE

Cerca de 400 indígenas esperaban a funcionarios del Incora y al gobernador del Cauca, pero en su lugar llegaron 600 hombres armados.

CITA CON LA MUERTE

Extraño país éste donde la muerte de un indígena no significa demasiado. A partir del 25 de enero 6 indios paeces murieron a bala, y 31 -incluyendo 17 mujeres y cuatro niños- fueron heridos. El resto de los colombianos los vieron en sus pantallas de televisión durante unos cortos instantes la noche del 26, y el asunto pasó al olvido.
Pero el problema continúa candente; familias indígenas enteras siguen tomando tierras -"recuperándolas", dicen ellos-, los terratenientes siguen defendiendo sus posesiones apoyándose en la fuerza pública, y el número de muertos amenaza con seguir creciendo.
La hacienda López Adentro, de propiedad de la familia Vélez, es una extensión de 1.000 hectáreas en las cercanías de la población de Caloto, departamento del Cauca. La madrugada del 20 de enero 250 indígenas de la tribu paez penetraron en ella cargados con sus enseres domésticos y sus herramientas de trabajo, se adueñaron de la tierra y levantaron sus ranchos, donde llevaron a vivir a sus mujeres y sus hijos.
El capitán Humberto de los Ríos, comandante de la policía del pueblo, se enteró de la invasión ese mismo día, por la tarde. Juntó 200 de sus hombres y se dirigió a la hacienda tomada. Habló un rato con los voceros de los indígenas y les solicitó pacíficamente que se fueran para evitar problemas mayores.
Pero lo indígenas no se movieron. "No nos fuimos de allí porque no tenemos ningún otro sitio donde ir, y si nos vamos nos morimos de hambre" dijeron al reportero de SEMANA. Además, se sentían respaldados por unos desleídos documentos que reposan en una notaría de Popayán, que tienen firma y sello de la corona española, y que acredita a su resguardo como auténtico propietario de esas tierras.
Para el capitán De Los Ríos, sin embargo, semejante documento era más alimento para los ratones del archivo que argumento de peso para reclamar derecho de posesión. Por eso al otro día volvió a enviar un nuevo grupo de policías para que presionaran la salida de los indígenas. Hubo forcejeos y cruce de insultos pero el episodio no pasó a mayores. Escenas similares se repitieron varias veces. Por fin ambas partes parecieron llegar a un acuerdo: los indígenas aceptaron desalojan el lunes 23, a cambio de que el miércoles acudan a la hacienda los funcionarios del Incora y el gobernador del Cauca, para encontrarle salida a la situación.
La noticia se riega como pólvora entre los demás indígenas de las vecindades: "El Incora va a parcelar López Adentro y le va a entregar la tierra a los que estén allí", es el rumor que se extiende.
A la madrugada del miércoles, no sólo los invasores iniciales, sino también muchos otros, están esperando la llegada del gobernador en los predios de la hacienda. Suman casi 400. A las nueve de la mañana llega un jeep, pero quien se baja de él es el capitán de Los Ríos. Les señala a los indígenas 3 camiones que vienen detrás y les dice: "Tienen 15 minutos para salir de aquí, y si no,se va armar lío con los que les traigo acá".
Los indígenas no se mueven. Insisten en que esperan al gobernador y al Incora. De los camiones descienden 600 hombres armados y se acercan. Las mujeres paeces se toman de los brazos y hacen un cerco para defender al resto de la comunidad. Los uniformados titubean y no se atreven a golpear a las mujeres. Retrocenden y empiezan a lanzar gases lacrimógenos. Los indígenas responden con piedras. Después descubren que si atajan los tubos de gas en el aire estos no estallan, y quemándose las manos los lanzan de vuelta sobre los policías.
Varios policías caen heridos. Alguno pierde la paciencia y dispara un tiro al aire, y en ese momento, el enfrentamiento se convierte en una guerra a muerte.
Una mujer indígena que lleva al hijo sobre las espaldas es alcanzada en el pecho por una bala que la atraviesa y mata también al niño. A uno de los policías una piedra le destroza la cara.
Media hora después, los indígenas huyen llevándose los cadáveres de sus cuatro muertos y cargando en hombros sus 27 heridos.
Los policías, entre los cuales hay 10 heridos graves, se retiran del lugar llevando consigo un camión lleno de detenidos.

DOS MUERTOS MAS
El sábado siguiente, 28 de enero, 100 indígenas se toman la iglesia de Caloto para protestar contra la sangrienta jornada del 25 y para reclamar la libertad de sus compañeros detenidos. El párroco, Alberto Vásquez, autoriza a la policía para que entre al recinto sagrado y éstos lo hacen armados, deteniendo un nuevo grupo de indígenas.
El Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) organiza entonces una marcha los días 1, 2 y 3 de febrero, que parta de Caloto y llegue a Popayán, encabezada por los invasores de López Adentro y los familiares de los muertos. En Caloto se juntan 250 indígenas, que empiezan a marchar con permiso del gobernador y escoltados por la policía vial.
A lo largo del camino, al pasar por los distintos caseríos, más familias de indígenas se van sumando. El reportero de SEMANA estuvo presente durante los tres días de viaje hasta Popayán.
A la altura de Cajibío, hay una hacienda llamada El Cofre, de propiedad de Jacinto Mosquera, que desde hacía nueve meses se encontraba invdida por 38 indígenas, contra quienes el señor Mosquera había iniciado un proceso judicial, resultado del cual había orden de captura contra los dirigentes de esa invasión. Cuando la marcha atraviesa, el día 2 los predios de dicha finca, un camión de soldados está esperando. Un nuevo enfrentamiento violento deja un saldo de 2 indígenas muertos y cuatro heridos.
La prensa no ha registrado estos acontecimientos. Extraño país éste, donde la muerte de los indígenas no significa demasiado.

TESTIMONIO
SEMANA hablo con Jacinto Mosquera, propietario de la Hacienda "El cofre" donde se produjo el último enfrentamiento y el asesinato de otros dos indígenas y obtuvo la siguiente versión:
"Esa finca pertenece a 8 hermanos que estamos esperando la sucesión, y desde hace 9 meses esos vecinos se metieron y comenzaron a pedirle al Incora que parcelara, aquí vino el visitador y pasó un concepto favorable para mí. Entonces yo puse el denuncio y la juez libró orden de captura contra 3 de ellos".
"La finca no está muy trabajada pero yo tengo ahí unos guayabos sembrados y los bosques donde ellos se metieron yo los tengo como reserva forestal, además esos árboles no, se pueden tumbar porque esta prohibido por el Inderena. Lo que pasó el jueves fue que yo vine con la policía y el Mayor Sánchez les pidió por las buenas que se fueran, pero uno de ellos sacó un hacha para agredirlo y entonces la policía disparó. Pero es que si la policía no dispara los muertos habían sido alguno de ellos, es que son como salvajes".

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