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| 9/29/1986 12:00:00 AM

COCA: EL CRIMEN PERFECTO

Mientras el tráfico y el consumo de las demás drogas tiende a reducirse o se mantiene estable, el mercado de la cocaína esta más próspero que nunca

COCA: EL CRIMEN PERFECTO COCA: EL CRIMEN PERFECTO
La cocaína está bien, gracias. Esta es la frase que mejor resume la situación del narcotráfico a mediados de 1986, a pesar de los gigantescos esfuerzos que se están adelantando en la actualidad para combatirlo.
El resultado es casi descorazonador. A pesar de que todos los días se publican noticias sobre los éxitos de operativos antidroga adelantados en los principales polos productores o consumidores, el de la cocaína continúa siendo definitivamente un mercado en activa expansión. Y en ello los colombianos han jugado un papel protagónico.
GOLPE A GOLPE
La captura de buscados traficantes como Víctor Eduardo Mera, lugarteniente de Severo Escobar, el fin de semana pasado en Colombia; o la confiscación de poderosos cargamentos, como el de 1.184 kilos de coca en Nuevo Méjico o el de 1.253 kilos en Palm Beach, Florida, hace tres semanas, constituyen apenas pequeños avances en la lucha contra el narcotráfico. Ahora se anuncia que las autoridades bolivianas, con ayuda del Ejército de los EE.UU., han logrado frenar, por lo menos temporalmente, la producción de cocaína en aquel país, mediante los intensivos operativos de los dos últimos meses. Pero ni siquiera la cantidad de cocaína que por este concepto dejará de entrar al mercado norteamericano, ha logrado elevar su precio al detal, y para eso sólo existe una explicación: los traficantes de cocaína tienen en stock suficiente cantidad de la droga como para que las ocasionales capturas de embarque no les produzcan más daño del que le causa quitarle un pelo a un gato.
Y la razón consiste en que a todo lo largo de Suramérica, miles de nuevos arbustos de coca plantados durante los últimos años están alcanzando en la actualidad su madurez productiva habiendo duplicado el abastecimiento mundial de hoja de coca en menos de cuatro años.
Son tan abundantes los cultivos de la coca en la actualidad, que un poco jocosamente las autoridades norteamericanas han llegado a afirmar que "los traficantes prácticamente están arrojando la cocaína sobre nuestras costas". Y la frase no resulta exagerada. Mientras en 1976 se consumía una cantidad de cocaína estimada en 18 toneladas anuales en los EE.UU, dicho consumo se elevó a 100 toneladas durante 1985.
Por lo menos cinco millones de norteamericanos consumen regularmente cocaína. Cerca de 25 millones la han probado, y 5 mil nuevos norteamericanos la prueban diariamente. Con una perspectiva comercial tan grande, es muy difícil evitar que el negocio tenga cada día nuevos y más entusiastas "accionistas". Por este motivo, las relaciones de los EE.UU. con casi todos los países, desde Panamá hacia el sur del continente, están "blanqueadas" por la cocaína.
EL APORTE CRIOLLO
Durante los últimos cinco años, el cultivo y la producción de cocaína se ha extendido desde Bolivia y Perú, que habían sido tradicionalmente los únicos productores, a Colombia, Ecuador, Venezuela, Paraguay y Brasil. Hasta tal punto que Colombia ya no necesita, como hace cinco años importar la pasta de la hoja de coca de Perú y Bolivia, que eran sus principales proveedores, sino que ahora la selva amazónica y los Llanos Orientales se han encargado de autoabastecerla.
Pero el mayor crédito o la más grande responsabilidad le corresponde a los traficantes colombianos, cuya "energía criminal, vigor, visión industrial, y fiereza es realmente lo que tiene reinando a la cocaína", afirma un alto oficial antinarcóticos de los EE.UU., citado por el New York Times.
Cuando México erradicó una elevada cantidad de su cosecha de marihuana a mediados de la década de los setenta, los colombianos inmediatamente tomaron las riendas del negocio, y se colocaron a la vanguardia del tráfico a comienzos de la década de los ochenta. Pero su agudeza comercial los llevó a "olerse" que el futuro del narcotráfico estaba en el mercado de la cocaína. Entonces no sólo desplazaron a los cubanos, que controlaban hasta ese momento el incipiente negocio en Miami, sino que en particular en Colombia, los "narcos paisas" destronaron a los "narcos guajiros", estos últimos los protagonistas de la famosa "bonanza marimbera". Los grandes buques comenzaron a ser reemplazados por los pequeños aviones, y de conducir rangers y echar bala a 150 kilómetros por hora en Barranquilla y Santa Marta, se pasó a cómodos aterrizajes en pistas de las Bahamas después de haber decolado de Medellín.
LA REINA COCA
Gracias a la "energía criminal, vigor, visión industrial y fiereza" de los colombianos, la cocaína se ha convertido en la droga soberana. Pero una de las principales causas de que asi haya sido es que se la considera la droga perfecta.
Transportar marihuana implica andar cargando bultos, o en el mejor de los casos, cajas con la yerba bien prensada, en grandes y lentos buques de carga que son fácilmente interceptables. Era imposible "coronar" con un cargamento de marihuana sin haber tenido que sobornar a las autoridades costeras, lo que disminuía la liquidez final del negocio.
Con la cocaína "la movida" es menos llamativa. Pueden ganarse millones con el transporte de la cantidad de droga que cabe en un tarro de talcos, lo que sólo requiere burlar un par de guardias aduaneros en lugar de tener que sobornar a toda una patrulla de vigilancia costera.
La heroína, a pesar de ser compacta y rentable, es potencialmente atractiva para menos personas, y muy difícilmente la cantidad de consumidores superará a corto plazo, el medio millón de adictos existentes en la actualidad en los EE.UU.
Pero la cocaína tambien es compacta, y una cajita de píldoras llena de la droga puede reportar ganancias de miles de dólares vendida al detal. Mientras las ventas al por mayor han diminuído de 23 mil dólares la libra hace cuatro años a 7.300 dólares en algunas partes de los EE.UU., las ventas al detal han mantenido su precio constante. Los consumidores individuales continúan pagando cerca de US $100 por un gramo.
Se ha detectado que el uso de la marihuana ha disminuído en los últimos años, el de la heroína se ha mantenido estable y el de los estimulantes químicos y demás alucinógenos ha descendido vertiginosamente. Pero la cocaína ha desafiado todas las teorias que sugieren que su consumo, como el de las demás drogas llamadas mayores, debería estar también disminuyendo.
Hasta hace poco, la coca gozaba de lo que podría llamarse una "buena imagen". Se la consideraba inofensiva y chic. E incluso se debatía la posibilidad de legalizarla. Sus usuarios la consideran una droga que, a diferencia de las demás, pueden "llevar puesta todo el día", inclusive mientras trabajan. Sus efectos transmiten seguridad, euforia, energía y despreocupación. Y además, el consumidor se siente en perfecto control de sí mismo, a diferencia de lo que sucede con otras drogas como la heroína.
Más aun, se ha demostrado que cuando la opinión pública toma conciencia sobre los peligros inherentes a una determinada droga, su consumo disminuye automáticamente. Eso resultó cierto para la marihuana, a comienzos de 1978. También para el LSD en los años setenta, y para el PCP y la metacualona a comienzos de los ochenta. Sin embargo, nada de esto ha resultado cierto en el caso de la cocaína. Aunque la gente ha comenzado a tomar conciencia de que no es tan inofensiva como se pensaba, y que no sólo crea una gran adicción sicológica sino que puede llegar a matar, como en los célebres casos de los atletas norteamericanos Leonardo Bias y Don Rogers, su consumo continúa aumentando día a día.
Pero si para la cocaína la relación entre peligrosidad y consumo ha sido inversamente proporcional, lo mismo sucede con la relación entre su represión y su tráfico. El hecho de que la coca se haya colocado en la mira de las autoridades internacionales no ha desestimulado su comercialización, hasta el punto de que en los EE.UU. se ha decomisado más cocaina durante el primer semestre de 1986 que en todo 1985. Mientras entre 1980 y 1985 los mejores golpes contra el narcotráfico dejaban mercancía que promediaba entre 30 y 40 kilogramos anuales, en la primera mitad de este año las redadas han sido de cientos de kilos de coca.
EL NUEVO MAPA
A medida que se ensancha el mercado, las costumbres comerciales también cambian. En el pasado los traficantes de droga volaban directamente desde Colombia, o haciendo una escala en México, utilizando aviones privados y transportando la cocaína en tambores metálicos.
Pero desde que los EE.UU. están utilizando radar para detectar estos aviones, los traficantes han cambiado de táctica, y en sus nuevos planes figura Costa Rica como uno de los puntos claves de la red geográfica.
Las leyes de este país hacen relativamente fácil para los extranjeros residir o invertir allí. Y han comenzado a detectarse contactos entre narcos colombianos y cubanos con costarricenses, para utilizar fincas y compañías de exportación como parapetos del negocio.
El método preferido es el de transportar cocaína en envases de lata de productos agrícolas o marítimos hacia Miami o Nueva Orleans desde Puerto Limón, en la Costa Atlántica. La conexión costarricense salió a flote después del descubrimiento del conocido con el nombre de "operativo hombres rana", modalidad consistente en que buzos llegaban a nado hasta embarcaciones colombianas fondeadas en el puerto de San Francisco para retirar los cargamentos de coca.
Este operativo comenzó con el arresto de Doris Salomon, una nicaraguense que le confesó posteriormente a su compañera de celda que su abastecedor era su novio, también nicaraguense, Julio Zavala. La intercepción del teléfono de Zavala condujo al descubrimiento de la pandilla de los hombres rana. Pero lo interesante es que el dinero confiscado durante la captura de Zavala, US$ 36.800, fue reclamado por dos nicaraguenses exiliados en Costa Rica, alegando que pertenecia a los "contras", y que Zavala era apenas el tesorero de dos grupos políticos nicaraguenses exiliados: El Partido Conservador de los Nicaraguenses en Exilio y una pequeña facción rebelde compuesta por la Unidad Democrática Nicaraguense y la Fuerza Armada Revolucionaria Nicaraguense.
Esta última estaba dirigida por Fernando Chamorro, alias "El Negro", un antiguo sandinista que en 1982 se fue al exilio y ayudó a fundar a los "contras" en compañía de Edén Pastora. Sin embargo, no existe evidencia concreta de que Chamorro o Pastora esten directamente involucrados en la "operación hombres rana". En conclusión, el tráfico de cocaína parece haber conseguido llegar a una especie de "eterna primavera". Y ni aun los más exitosos contragolpes de las autoridades logran marchitarlo.
Si el consumo y el tráfico de cocaína han demostrado hasta el momento no tener distingos de clase ni de raza, ahora parece que tampoco tienen color político.

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