Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1987/11/09 00:00

COFFE DELIGHT

Repunta el precio del café después del acuerdo cafetero en Londres

COFFE DELIGHT

La cosa terminó tal como era debido: a punta de tinto. De no ser así, habría sido imposible llegar con la mente lúcida a tan altas horas de la noche, después de tantos días de negociaciones continuas. Por eso, cuando en la madrugada del pasado cinco de octubre, los delegados de los 75 países miembros de la Organización Internacional del Café, llegaron a un acuerdo sobre la reinstauración del sistema de cuotas de exportación y consumo del producto, mucha gente tuvo la impresión de que, de alguna manera, el café había aportado su grano de arena para salvarse a sí mismo.
Y es que ese final feliz no estuvo exento de dramatismo. Las discusiones que tuvieron lugar en el edificio ubicado en el número 22 de Berners Street en el West End de Londres, estuvieron a punto de terminarse sin resultado alguno, en más de una oportunidad. Los impasses entre los propios países productores, fueron seguidos por polémica entre éstos y los consumidores. La falta de un acuerdo en la medianoche del día límite (30 de septiembre) obligó a los delegados a la OIC a "parar" el reloj por cinco días, para ajustarse a las normas del convenio, que dicen que se debe llegar a un arreglo antes del primero de octubre, fecha en la cual comienza el año cafetero. Afortunadamente todas esas angustias terminaron con el alba de ese lunes. A pesar de la fría temperatura del otoño londinense, el ambiente en la gran sala de conferencias en la sede de la OIC era caluroso y eufórico.
No era para menos. Con la culminación exitosa de las negociaciones se terminó de un tajo la incertidumbre que existía desde hace varios meses en el mercado cafetero. La reimplantación del sistema de cuotas --suspendido desde febrero de 1986-- asegura que los precios internacionales del grano suban y se sitúen dentro de una franja ubicada entre los 1.20 y 1.40 dólares por libra.
Según los especialistas, esa es la única alternativa que tienen los 50 países exportadores de café que están afiliados a la OIC. Desde febrero de este año cuando en una reunión del pacto se intentó infructuosamente volver al sistema de cuotas, los precios del café comenzaron a caer aceleradamente, ante la evidencia de que hay superproducción mundial del grano. La cotización del producto en Nueva York se ubicó en cercanías del dólar por libra y había especialistas que sostenían que un rompimiento en Londres habría llevado el café a niveles de 75 centavos de dólar por libra.
Semejante perspectiva no es nada agradable. En el caso de Colombia se estima que por cada centavo de dólar de menos en el precio internacional del café, el país deja de recibir unos 13 millones de dólares anuales en ingresos por exportaciones del grano. Si para Colombia, esa es una pésima noticia, para otros productores el nivel de los precios del café puede constituir la diferencia entre la estabilidad económica y la crisis absoluta; algunas naciones centroamericanas y otras centroafricanas dependen casi enteramente del café como generador de divisas.
Gracias a los buenos resultados de Londres el panorama está ahora más despejado. El mismo día del arreglo los precios en la bolsa de Nueva York superaron la barrera de los 1.20 dólares por libra y en los días siguientes se observó estabilidad en el mercado.
Aún en el caso de que los precios no se mantengan, el acuerdo de la semana pasada prevé recortes en la cuota global de exportaciones para obligar al mercado a reaccionar. Eso fue lo que ocurrió el 6 de octubre cuando el tamaño del ponqué cafetero pasó de 58 a 56.5 millones de sacos debido a que el precio promedio de los 15 días inmediatamente anteriores era de 1.04 dólares por libra, 16 centavos por debajo del límite mínimo establecido en Londres.

Tranquilidad bienvenida
Ese mecanismo debe ser suficiente para devolverle la calma a los países miembros de la OIC a donde la tranquilidad ha vuelto después de meses de angustias. El retorno de la paz estaba supuestamente asegurado el 21 de septiembre en vísperas del comienzo formal de las negociaciones del pacto cafetero. Unos días antes en México, Colombia y Brasil junto a otras 11 naciones latinoamericanas, habían dejado en claro su intención de buscar el restablecimiento de las cuotas. Ese llamado fue suscrito con posterioridad por los productores africanos reunidos en Abidjan (Costa de Marfíl), lo cual hacía pensar que la cita en la capital inglesa era casi tan sólo el llenamiento de un requisito.
Sin embargo, tan pronto comenzaron las discusiones el optimismo empezó a desvanecerse. Los productores --lejos de presentar un frente unido-- se dividieron en grupos y los consumidores insistieron en que deseaban criterios diferentes a los propuestos, cuando se entrara a mirar la distribución de la torta cafetera. En otras palabras, una parte de los importadores de café liderada por la Gran Bretaña y los Países Bajos, quería que Brasil --el primer productor del mundo-- aceptara un recorte en el tamaño de su porción.
Esa diferencia subsistió hasta el último momento. No obstante, al cabo de varias jornadas tensas se empezó a ver que los consumidores podrían tragarse esa espina a cambio de una "retirada" honorable. Al parecer la suavización se decidió a muchos kilómetros de Londres. Supuestamente, una reunión de ministros de los países miembros de la Comunidad Económica Europa que tuvo lugar en Bruselas, dejó como resultado el apoyo de esta a la OIC. Esa impresión fue compartida por la bolsa, donde el precio del café comenzó a reaccionar a partir del primero de octubre.Ya con ese obstáculo sorteado, el resto era cuestión de poner en el papel lo que estaba acordado en principio.
Esa cercanía al final fue la que decidió a los delegados a extender las negociaciones a lo largo del fin de semana. La persistencia acabó rindiendo sus frutos a las 5 de la mañana del lunes, hora en la cual ya todo estaba listo.

Los detalles
Aparte de los puntos de reinstauración de las cuotas, definición del tamaño del ponqué cafetero y escogencia de la franja de precios, se decidió incluir un sistema automático de operación de cuotas para dentro de un año. Curiosamente, cuando ese mecanismo empieze a operar en octubre de 1988 se estarán adoptando algunos de los criterios a los cuales Brasil se había opuesto tan encarnadamente. Sin embargo, los especialistas consideran que teniendo en cuenta que la cosecha del país suramericano va a ser de 35 millones de sacos de café este año, esa cifra determina que la tajada de ponqué que tiene hoy en día, continúe siendo prácticamente la misma bajo la nueva fórmula.
Esa satisfacción de los brasileños fue compartida por Colombia. La delegación nacional cuyo rol volvió a ser clave dentro del proceso de mediación, se mostró contenta con los resultados. Según Néstor Osorio, delegado colombiano ante la OIC, lo conseguido es "muy bueno". Aparte del beneficio lógico de la subida en los precios y de la estabilidad del mercado --indispensable para fijar la política cafetera interna--, el país se va a dar el "lujo" de vender todo lo que produce. En opinión de Osorio, de los 11 millones de sacos de café colombiano correspondientes a la cosecha de este año, 1.7 millones se va para consumo interno, otros 700 mil sacos se le venden a los países no miembros de la OIC y el saldo equivale a la cuota de 8.75 millones de sacos fijada la semana pasada en Londres.
En comparación, hay países cuya cuota es muy inferior a su producción y que deberán dedicarse a aumentar sus inventarios de café.
Tal logro confirmó la buena estrella del país en materia cafetera. A pesar de los problemas con el precio del grano, se pudo compensar algo esa caída mediante un aumento sustancial en las exportaciones. Entre octubre de 1986 y septiembre de 1987 el país vendió 11.9 millones de sacos de café al exterior y en este último mes se logró una cifra récord de 1.5 millones de sacos exportados.
Frente a esos resultados, quizás el único gran lamento que salió de Londres fue que la franja de precios es la misma de los últimos años, lo cual implica que los productores de café están recibiendo menos dinero en términos constantes. No obstante, los expertos reconocen que lo obtenido es bueno, teniendo en cuenta el exceso de oferta de café que existe actualmente en el mundo. Tal como anotara Osorio la semana pasada: "Esto es lo mejor, en la medida de lo posible".--

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