Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2016/01/09 21:00

¡Qué calor, qué calor!

La fuerte sequía que azota al país tendrá repercusiones económicas en un año que ya pinta complicado. Además del riesgo en el suministro de energía y la escasez de agua golpea la agricultura.

El río Magdalena en algunas regiones está en situación crítica, como en Barrancabermeja, donde el nivel de las aguas ha llegado a 30 centímetros. Foto: El Tiempo

La ola de calor que está viviendo Colombia es la más fuerte de los últimos 50 años. Los termómetros han alcanzado niveles extremos e históricos. En Puerto Salgar la semana pasada llegaron a 45 grados centígrados, mientras que en Natagaima (Tolima) la temperatura marcó 44 grados.

Los ríos Cauca, Magdalena, San Jorge, Sinú, Meta, Atrato, entre otros, están en sus niveles más bajos en décadas. El caso del Magdalena es dramático porque en algunos sectores el nivel del agua no llega a 30 centímetros. Durante la primera semana del año, se incendiaron 145 hectáreas de bosque y el nivel de los embalses bajó a 60 por ciento. El mayor descenso se presenta en el Valle (29 por ciento) y en la región central (51,5 por ciento).

En plena temporada turística, miles de viajeros de la costa Atlántica, el centro y el occidente del país tuvieron que hacerle frente a recortes de agua y soportar temperaturas extremas. Alrededor de 120 municipios tienen problemas de suministro del líquido.

El calor no solo desesperó a los colombianos en estas vacaciones de final y comienzos de año, sino que elevó la preocupación del gobierno. El 31 de diciembre, el presidente Santos le pidió al país apagar los alumbrados navideños para ahorrar energía.No era para menos. Al intenso verano, producto del fenómeno de El Niño, se sumó la parálisis judicial para el tema de la hidroeléctrica de El Quimbo, que mantuvo estancada las aguas de la represa durante casi un mes, y el anuncio de Venezuela de que no exportará a Colombia los 40 millones de pies cúbicos de gas previstos para los primeros días del año.

Como lo venía pronosticando el Ideam desde hace varios meses, este fenómeno de El Niño es uno de los más intensos desde 1997. Más allá de la incomodidad del calor, por donde se le mire el clima tendrá un efecto sobre la economía, justamente en un año en que la situación estará complicada.

La agricultura podría ser uno de los sectores más afectados. Según Rafael Mejía, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), el primer semestre de este año se vislumbra muy complicado por la disminución de cosechas y el efecto negativo en cultivos como la papa, las hortalizas y frutas y el arroz. Los precios de algunos productos ya están disparados, como el tomate con alzas del 80 por ciento, la cebolla con 60 por ciento o el fríjol con 53 por ciento.

Lo más preocupante es que los distritos de riego, que deberían ayudar en casos de emergencias como las actuales, tienen graves problemas. El de Coello, el más grande del país,está en emergencia desde la semana pasada, por lo que pueden perderse más de 20.000 hectáreas de cultivos de arroz, maíz y otros cereales en los municipios de Flandes, Espinal y Guamo (Tolima).

Con un fenómeno de El Niño en todo su apogeo, y una pronunciada devaluación del peso, será difícil que la inflación comience a descender rápidamente, sobre todo por el panorama que se avecina para los alimentos. Este grupo, que tiene un peso muy alto en la canasta familiar, subió el año pasado 10,85 por ciento, con lo que contribuyó en más de tres puntos porcentuales a la inflación de todo el año, que llegó a 6,77 por ciento, la más alta en siete años.La SAC estima que por el fuerte verano y el dólar caro, el PIB del sector agropecuario podría crecer este año 1,5 y 2 por ciento, por debajo del 2,5 por ciento que se estima avanzó en 2015.

También el turismo podría verse afectado en temporada de vacaciones. Las ciudades que tradicionalmente reciben miles de visitantes se están viendo en apuros para suministrar agua a hoteles y condominios.

Hay otros efectos que muchos ni se imaginan. Según el capitán Luis Álvaro Mendoza, director de Cormagdalena, Ecopetrol es una de las empresas más afectadas por la disminución del cauce del Magdalena. En lo corrido del año no ha podido transportar ni un solo barril de crudo en las barcazas que recorren el río. Pero no es la única. Compañías como Impala y Transfucol también tienen sus remolques parados.

Para que el Magdalena sea navegable se necesita un nivel de por lo menos 1,34 metros de agua, pero en algunos sitios, como Barrancabermeja, está en 28 centímetros. La disminución en el caudal también está causando graves perjuicios económicos a miles de pescadores de los 128 municipios ribereños del Magdalena. Sus asociaciones lanzaron voces de alerta sobre la pobreza que se avecina ante la desaparición de su principal fuente de sustento.



Alta tensión

A la alta temperatura se sumó, a finales del año pasado, la parálisis de El Quimbo, la central eléctrica del Huila que genera cerca del 5 por ciento de la energía que demanda el país. El problema surgió cuando la Corte Constitucional ordenó suspender la operación hasta que se resolvieran sus problemas ambientales y terminó de complicar los problemas en el peor momento. Y el efecto fue doble, pues el agua de El Quimbo es vital no solo para generar energía y evitar un posible racionamiento, sino para aumentar el caudal del río Magdalena.

Por eso, el gobierno hizo varios llamados a los magistrados para que permitieran encender las turbinas y evitar una catástrofe ambiental. Y el viernes un juez del Huila permitió prender transitoriamente la represa mientras se resuelven de fondo las medidas cautelares interpuestas ante el Tribunal Administrativo de ese departamento. El juzgado tercero penal especializado del circuito de de Neiva tuvo en cuenta los posibles daños ambientales pues las aguas estancadas de El Quimbo, que surten la represa de Betania, pondrían en peligro 19.000 toneladas de tilapia cuya producción, según el Ministerio de Comercio, representa el 77 por ciento de las exportaciones del sector piscícola nacional, que ascienden a 40 millones de dólares al año.

El ministro de Minas y Energía, Tomás González, había insistido en que reabrir esta represa era fundamental para el país, sobre todo en momentos en que se avecinan los meses más duros de El Niño. Ese 5 por ciento adicional de energía es necesario si el descenso del nivel de los embalses obliga a recurrir a las plantas térmicas, varias de las cuales afrontan problemas financieros por los altos costos de los combustibles con los que operan. La situación se puede complicar aún más tras la decisión del gobierno de Venezuela de no exportar a Colombia 40 millones de pies cúbicos diarios de gas, con el argumento de que necesita este energético para hacerle frente al fuerte verano que también se presenta en la nación vecina.

Como se ve, 2016 arrancó muy complicado por causa del fenómeno de El Niño. Hace cinco años, cuando la ola invernal inundó al país y causó grandes estragos en varios sectores, se decía que Colombia no estaba preparada para enfrentar un fenómeno climático como ese. Será que ahora, cuando es a la inversa, ¿aguantará este choque?

El gran reto de los colombianos será replantear el manejo de las maltratadas fuentes hídricas. Como dice el capitán Mendoza, la situación es muy grave y requiere medidas de fondo que eviten que la voracidad humana siga secando los cuerpos de agua para ganadería o agricultura como en la Ciénaga Grande.

El desafío también será ahorrar agua para evitar recortes en el abastecimiento del líquido y problemas en el suministro de energía. Lo malo es que en diciembre los colombianos no se restringieron en su consumo. Según el operador del mercado eléctrico XM, la demanda de electricidad aumentó en 5,7 por ciento, frente a igual mes de 2014. Es decir, todavía falta crear conciencia ciudadana sobre la gravedad de la situación. A pesar de las lluvias esporádicas que se han venido registrando en los últimos días en ciertos sitios, es mejor no bajar la guardia, para evitar que esta ola de calor haga más estragos.

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