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| 3/10/1986 12:00:00 AM

COMENZO EL CALVARIO

La inflación de enero crea preocupación sobre un desbordamiento de los precios en 1986

Tarde o temprano, tenía que llegar. Es por esa razón que cuando el DANE anunció la semana pasada que la inflación correspondiente al mes de enero de 1986, fue de 3.15%, muchos analistas tomaron la noticia con más resignación que alarma. En opinión de la mayoría, la cifra revelada por el DANE era apenas lógica, teniendo en cuenta las alzas de comienzos del año: incrementa del 20% en el precio de la gasolina, del 24% en los salarios y de varios puntos en los artículos de primera necesidad.
Semejante explicación no bastó, sin embargo, para calmar a aquellos que vieron en los datos de enero una indicación de que el país se encamina irremediablemente hacia la hiperinflación. Tal como lo recordara un editorialista el sábado pasado, si el ritmo de enero se mantiene durante el año, el incremento en precios para 1986 podría bordear el 40%.
Con todo, esa perspectiva es rechazada de plano tanto por el gobierno como por investigadores independientes. Pese a que el incremento de precios en enero fue superior al esperado, lo sucedido tiene dos "culpables" muy claros. En primer lugar, se reconoce que los alimentos -la parte mayoritaria de la canasta familiar- están siguiendo un patrón normal, si se tiene en cuenta que se encareció el transporte y que, en el caso de los productos de tierra fría, las cosechas se vieron afectadas como resultado de las heladas de diciembre.
No obstante, los problemas con el clima no serán, en esta ocasión, del mismo calibre que los observados el año pasado por la misma época. En esta oportunidad, el gran interrogante se presenta en el área del transporte de carga.
En efecto, aparte de los mayores costos de transporte como consecuencia del alza en la gasolina, se ha observado una mini especulación con las tarifas, las cuales se han multiplicado. Al parecer, el hecho tiene su explicación en la bonanza cafetera, pues las necesidades de exportación del grano han copado la capacidad existente de carga hacia los puertos dejando desatendido el abastecimiento interno de productos.
Como solución, se ha planteado la necesidad de aumentar el parque automotor de vehículos comerciales y en especial reabrir las importaciones de camiones, una vez que se cuenta con las divisas necesarias para hacerlo (ver recuadro). No obstante se asegura que antes de que se normalice la situación, las dificultades con el transporte pueden aumentar mucho más, si se tiene en cuenta que la bonanza hasta ahora está comenzando y que, cuando entre en forma, absorberá la oferta de carga del país. Por ahora, se sabe que sepiensan eliminar las restricciones al movimiento de camiones durante los fines de semana, pero queda la incógnita sobre el comportamiento futuro de las tarifas.
Pero, aparte de los problemas en esta área, los precios en enero también aumentaron debido a un incremento del 4.69% en los artículos que componen el rubro "misceláneos" de la canasta familiar. En este caso, lo ocurrido fue consecuencia lógica del aumento en las tarifas del transporte urbano, así como de los útiles y de las matrículas escolares. Curiosamente, uno de los factores que más influyó fue el mayor precio de las boletas del cine, el cual estaba congelado desde hace unos tres años.
En opinión de los expertos, los precios de los misceláneos deben mantenerse más o menos constantes en lo que resta del año, pues la mayoría de las alzas se registra en enero. Es por esa razón que a partir de febrero la situación debe empezar a estabilizarse.
Sin embargo, el gobierno está lejos de haber dominado la inflación. Si bien se reconoce que la cifra de enero se debió a mayores costos en diferentes áreas de la producción, ahora el gran interrogante recae sobre las posibles presiones que crearía la monetización de los dólares de la bonanza cafetera. Según cifras del Banco de la República, el aumento del dinero en circulación durante los primeros días del año fue el más alto de la década.
Es por esa razón que el viernes pasado la Junta Monetaria tomó una serie de medidas encaminadas a contraer el circulante, sin cambiar ninguna de las bases de la política económica. Resoluciones como la de eliminar el depósito previo para comprar dólares al Estado y acabar con los plazos mínimos de giro para las exportaciones, fueron interpretadas como una estrategia para disminuir el volumen de los medios de pago.
Pese a que en el campo del manejo monetario se piensa que la situación es todavía manejable, el reto actual para el gobierno es el controlar las expectativas de inflación para lo que queda del año. Tradicionalmente, la mayoría de firmas reajusta precios y tarifas en enero de acuerdo con la inflación esperada, de tal manera que si ésta última es alta, los reajustes serán mayores.
Aparte de lo anterior, queda la duda sobre el abastecimiento de alimentos. En 1985, la inflación del primer semestre bordeó el 30% anual debido a que hubo problemas con las cosechas. Aunque en esa época el problema fue conjurado mediante una combinación de mayor producción interna e importaciones de alimentos para el segundo semestre, existe la impresión de que en esta oportunidad el gobierno tampoco está preparado para controlar los precios, si las cifras de febrero demuestran que, tal como lo pronosticaron los entendidos, la inflación interna va a ser el gran dolor de cabeza de 1986.
IMPORTACIONES:. LIBERACION A MEDIAS
Dos años después de que el país tuviera que apretarse el cinturón al máximo al imponer un rígido control a las importaciones, la semana pasada dejó en claro que en 1986 habrá más dinero para traer artículos del exterior. Una serie de resoluciones del consejo directivo de Comercio Exterior trasladaron cerca de 452 posiciones arancelarias a los regímenes de libre y licencia previa, en un acto que fue interpretado como la manifestación de que el gobierno planea abrirle de nuevo las compuertas a los productos extranjeros.
Al parecer, la realidad es menos extrema. Tal como lo explicó la directora del Incomex, Nohora Rey de Marulanda, habrá simplemente más dinero para traer bienes de capital y materias primas, sin que ello implique un mayor presupuesto para bienes de consumo. Como se recordará, en 1985 el Incomex trabajó con un presupuesto de importaciones cercano a los 350 millones de dólares mensuales, de los cuales la mayoría se destinó al abastecimiento de materias primas para la industria. Ahora, la idea es la de permitir la entrada de maquinaria y equipo, pues durante los dos últimos años el sector productivo estuvo limitado para hacer reposición de bienes de capital. Una de las áreas concretas en las que se quiere solucionar cuellos de botella es la de los computadores, cuyo mercado estuvo limitado a un cupo legal pequeño y a las importaciones de contrabando.
En el campo de los bienes de consumo las perspectivas son las de mantener las restricciones actuales. Si bien se liberó la importación de aceitunas y de otros artículos similares, el efecto sobre la producción interna es nulo.
Quizás el único gran cambio es el de aumentar el cupo para la traída de vehículos comerciales y de camperos, especialmente con destino a las zonas cafeteras. Con todo, la idea global es la de seguir protegiendo la industria nacional, ya que los resultados han sido alentadores. Tal como afirmara la semana pasada un funcionario del Incomex "la anunciada liberación de importaciones tiene más de forma que de fondo".
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