Viernes, 20 de enero de 2017

| 1990/11/19 00:00

Comercio sin barreras

En un gran éxito diplomático, la Comunidad Económica Europea permite el acceso de productos colombianos sin aranceles ni cuotas.

Comercio sin barreras

Obras son amores y no buenas razones. Tal es el mensaje que Colombia le venía enviando a los países industrializados desde que decidió solicitar abiertamente un cambio en la estrategia de ayuda en la lucha contra el narcotráfico y Pedir acceso comercial en vez de armas. Y la idea caló.
Hace apenas quince días, el presidente de los Estados Unidos, George Bush, presentó al Congreso de su país un proyecto de Ley para incluir a Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia en un programa de rebajas arancelarias y eliminación de cuotas comerciales, similar a la llamada Inicialiva para la Cuenca del Caribe, que viene funcionando de manera exitosa desde hace más de diez años. Y la semana pasada, después de una larga discusión, los países de la Comunidad Económica Europea decidieron aprobar un programa de cooperación comercial para los países andinos, que incluye la eliminación de cuotas y la reducción de aranceles para un amplio número de productos que actualmente se venden en los mercados del viejo continente.
De acuerdo con las estimaciones preliminares del Gobierno, la decisión de la Comunidad Económica Europea, que cobija cerca de 800 posiciones arancelarias, le significará al país un ahorro cercano a los 60 millones de dólares, suma similar a la ayuda militar proporcionada por los Estados Unidos a Colombia en 1989. Pero, además, las exportaciones colombianas a Europa podrán aumentar entre un 15 y un 20 por ciento como consecuencia de la mayor competitividad que tendrán los productos colombianos.
Eso sin incluir beneficios no cuantificables, como el atractivo comercial que puede representar para los extranjeros invertir en Colombia, dadas las nuevas condiciones del mercado.
Lograr tales beneficios, sin embargo, no fue tarea fácil. Para ello se hizo necesaria una larga ofensiva diplomática que, en el caso de la Comunidad Europea, comenzó con el viaje que hizo el presidente Virgilio Barco a Inglaterra y Francia, en 1989. En dicha ocasión, el Presidente le planteó por primera vez a los mandatarios de ambos países, Margaret Thatcher y François Mitterrand, la necesidad de un tratamiento comercial más adecuado con el esfuerzo que venía realizando el país para erradicar un problema de toda la humanidad, como es el narcotráfico. La idea quedó flotando en el aire, pero el gobierno colombiano en ningun momento bajó los brazos, y el entonces Canciller, Julio Londoño Paredes, conformó un comité de embajadores de la Comunidad Económica Europea en Colombia, con el fin de seguir trabajando sobre el tema.
Elegido César Gaviria para la presidencia de la República, decidió que había que duplicar los esfuerzos y por ello viajó a Europa, aun antes de posesionarse. Allí, además de hablar nuevamente con Margaret Thatcher y con François Mitterrand, se entrevistó con el presidente español, Felipe González. Este último le tenía al presidente Gaviria la buena nueva de que, a través del Comisionado para la Política Mediterránea, las relaciones con América Latina y Asia y las relaciones Norte Sur, el señor Abel Matutes, su país había presentado ante el Consejo de Europa el entonces llamado Plan Colombia, que luego sería ampliado a Bolivia y Perú, y más tarde al Ecuador.
El gobierno colombiano entonces, en lugar de bajar la guardia y darse por satisfecho con el plan presentado por los españoles, aumentó la ofensiva diplomática, con el fin de ampliar sus condiciones y lograr mayores beneficios para el país. En principio, el plan sólo contemplaba los llamados bienes tropicales (especialmente frutas), dejando por fuera los productos manufacturados. Aparte de eso, tenía una fuerte oposición de Inglaterra, Holanda y Francia. Los dos primeros, porque temían verse atectados con el ingreso de algunas exportaciones colombianas, como las flores. El último, por cuestión de principios.
En el caso de Inglaterra y Holanda, fue necesaria una gestión conjunta del embajador ante la Comunidad Económica Europea, Manuel José Cárdenas, del propio Canciller, Luis Fernando Jaramillo, y de los exportadores de flores, para minar la resistencia de los dos países. El argumento central, esgrimido por los representantes del país fue que Colombia era el único exportador de flores a Europa que estaba pagando aranceles (Israel y varios países africanos, principales competidores de Colombia, tenían libre ingreso para sus flores). Finalmente, los dos países levantaron su veto al Plan Colombia.
Con Francia, en cambio, las cosas fueron más difíciles. Para dicho país, no era presentable que se le diera a Colombia el estatus de país menos desarrollado, al mismo nivel de las antiguas colonias europeas en el Africa. Por eso, proponía que la rebaja arancelaria no fuera del 100 por ciento, sino del 80 por ciento. Y dicha posición prevaleció hasta el sabado de la semana antepasada, cuando el presidente Gaviria decidió darle personalmente el último empujón a la propuesta colombiana.
Como resultado de sus gestiones, el martes pasado el Comité de Representantes Permanentes (Coreper) aprobó por unanimidad el programa especial de cooperación para Colombia y los otros países andinos, incluyendo una lista importante de productos manufacturados y con una reducción arancelaria del 100 por ciento. A cambio, se excluyeron dos productos importantes para Francia o algunas de sus ex colonias, como las fresas y los bananos frescos. También quedaron excluidos diez productos que en este momento no exporta ninguno de los países beneficiados con el acuerdo, como caballos, mulas, vainilla e insulina.
La mayor parte de los productos que exporta Colombia a Europa fueron favorccidos con la decisión. El gravamen del café verde estaba en 4 por ciento, el de las flores en 18 por ciento en promedio (15 por ciento en invierno y 20 por ciento en verano), el de las frutas frescas entre el 9 y el 11 por ciento, el de los extractos de café en 9 por ciento y el del tabaco en 14 por ciento. Las manufacturas de cuero, confecciones, calzado, textiles, gelatina y toallas de algodón, que estaban exentas de gravámenes, pero sometidas a cuotas, quedaron totalmente liberadas. En total, de acuerdo con una evaluación preliminar del Incomex, el valor de los productos de exportación que se benefician con el Programa, aprobado inicialmente para un período de cuatro años, es de 767 millones de dólares, de los 1.476 millones que cuestan las ventas totales a esa región.
Sólo resta esperar que con los Estados Unidos se logre un éxito similar. En este caso, sin embargo, está de por medio el Congreso, que tiene que aprobar la iniciativa presentada por el presidente Bush. Y no se espera que lo haga antes del mes de abril de 1991. El ambiente, a pesar de ello, es bastante favorable. Y tampoco en este caso el gobierno se ha quedado quieto. El reciente viaje a los Estados Unidos del ministro de Desarrollo, Ernesto Samper Pizano, sirvió para consolidar las buenas relaciones entre las autoridades comerciales de los dos países, que mejoraron sustancialmente durante el gobieno anterior. Lejos de bajar la guardia, además, el gobierno sabe que hay que utilizar todos los medios para lograr una decisión positiva. Por eso decidió seguir pagando expertos norteamericanos especializados en el llamado "lobby", que no es otra cosa que una operación legal de relaciones públicas encaminada a presionar una decisión favorable a la causa del país, y que no suplanta sino que complementa la acción oficial. Es muy claro en este caso, que el fin justifica todos los medios utilizados. Si se aprueba la iniciativa del presidente Bush, no habrá quien detenga la apertura. Y ese, al fin y al cabo, es el principal objetivo del actual gobierno.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.