| 1994/02/14 00:00

COMERCIO CON OLA VERDE

La competencia internacional y las exigencias de los compradores aceleran la toma de conciencia ecológica de los empresarios colombianos.

COMERCIO CON OLA VERDE

EL QUE COMIENZA SERA PARA COLOMBIA un año ecológico. No sólo porque después de mucho tiempo de discusiones el país tendrá, por fin, un Ministerio del Medio Ambiente, sino porque la realidad del mercado hará que los empresarios colombianos se preocupen cada vez más por los problemas de su entorno. Especialmente los exportadores, pues la competencia internacional se está viendo por el costo y calidad de los productos, y también por el componente ecológico de su producción.
Hay naciones que no compran mercancías del exterior si no se garantiza el respeto por el medio ambiente en la vida útil de la mercancía que importan: desde su producción, distribución y consumo hasta su eliminación. Y como garantía de que los productos que compran son "ecológicamente aceptables", dichos países están exigiendo un distintivo en los empaques que así se los demuestre. En Alemania se llama el Angel Azul; en los Estados nórdicos el Cisne Blanco. En otros, como Japón y Canadá, tienen diferentes nombres. Pero todos buscan lo mismo: que las naciones productoras cumplan con algunos requisitos mínimos en materia de protección del medio ambiente.
Como la tendencia es mundial, todos los países exportadores están buscando ajustar su producción a dichos parámetros. Y Colombia no es la excepción. Desde hace varios meses, en efecto, y por presión de varias naciones importadoras -sobre todo de Europa-, las autoridades estudian la necesidad de instaurar lo que los productores nacionales han llamado el "sello verde". Según el ministro de Comercio Exterior, Juan Manuel Santos, "el sello ayudará a los empresarios a penetrar los mercados foráneos".
En la actualidad, el Instituto Colombiano de Normas Técnicas (Icontec) elabora la normatización del símbolo, cuya expedición obligará a la entidad a evaluar cuidadosamente el producto y la empresa sobre la base de criterios previamente establecidos, como el desarrollo de procesos de fabricación no contaminantes, la elaboración de productos con materias primas que no afecten a la naturaleza o que dispongan de procesos seguros de eliminación y el diseño de empaques reciclables. Según Noralba Gómez, del Icontec,"el tiempo de evaluación, por empresa, podría durar un año. lo que implica que la expedición del sello será muy estricta".
La finalidad -tanto para el comprador nacional como para el extranjero- es que el sello verde avale que el producto se ha diseñado pensando en la protección del medio ambiente."Tenemos que activar en el país la filosoffa del mercado verde para, ojalá, llegar a un estado de no basura", dice María Manuela Uribe, directora del Departamento del Medio Ambiente de Peldar, empresa que desde hace 10 años trabaja respecto del tema del reciclaje y la reutilización. Para esta compañía, que fabrica envases de vidrio, el 55 por ciento de sus componentes de producción está representado por producto usado. En 1993, la compra de envase superó los 5.000 millones de pesos. Esto quiere decir que Peldar dejó de extraer una cantidad equivalente de materia prima de la naturaleza.

UN NUEVO ARANCEL
Mientras comienza a operar el sello verde, muchos compradores europeos están visitando las plantas de producción de sus proveedores colombianos para establecer si la calidad de vida de los trabajadores, el manejo de aguas residuales, los procesos de fabricación y los materiales de empaque cumplen las normas ambientales de los compradores. Y son tan estrictos que, en opinión de algunos ejecutivos consultados por SEMANA, la exigencia verde se está convirtiendo en una especie de nuevo arancel lo que no significa que no sean conscientes de la utilidad que representa descargar pronto a la naturaleza de sustancias y materias tóxicas. Al contrario, cada día están más convencidos de ello.
En ciudades como Medellín, el convencimiento ya da para que las nuevas construcciones de tipo industrial se hagan teniendo en cuenta el impacto ecológico y el bienestar del usuario. "No es suficiente pensar en los árboles y en los pajaritos -dice Alvaro Cadavid, gerente de la Promotora Nacional de Zonas Francas S.A., responsable del futuro centro de ese tipo en Rionegro-. Al pensar también en el hombre conseguimos un aumento sensible en la productividad". La Zona Franca Privada de Rionegro concentrará empresas de tecnología limpia (confecciones, ensamblaje electrónico, servicios bancarios y de laboratorio), y la nueva administración exigirá a los propietarios pretratar las aguas residuales antes de enviarlas a una planta central. "Devolveremos a la quebrada el agua tal y como nos la entregó", dice Cadavid.
El grado de concientización entre los industriales -particularmente los antioqueños- ha llevado además, a incluir en los informes anuales una nueva partida: el ecobalance. "A uno le va mejor si entiende dichos fenómenos como una nueva estrategia de mercado -dice María Manuela Uribe-. Porque para lograr cambios no se requieren conciencias nuevas, sino nuevas reglas de juego".
EDUCAR AL CONSUMIDOR
No siempre resulta fácil, sin embargo, adaptarse a los nuevos tiempos. Coats Cadena, fabricante internacional de hilos con sede en Pereira, invirtió en una costosa planta de tratamiento de aguas residuales, pero no ha podido utilizarla en toda su capacidad porque uno de los ingredientes básicos es el ácido sulfúrico, cuya importación la controla celosamente el gobierno central por ser uno de los precursores utilizados en los laboratorios de droga del narcotráfico. "Desde hace un año y medio hemos estado esperando a que nos aumenten el cupo de importación, y aún no tenemos noticias", dijo Carlos Alberto Buriticá, gerente de ingeniería.
Otras veces el propio mercado dificulta la adopción de correctivos. El Ingenio Manuelita, en Palmira, sabe que el papel de envoltura es más respetuoso del medio ambiente que la bolsa de polietileno, pero muchos clientes, especialmente en Medellín, no tocan el producto con una presentación distinta."Vamos a llegar al ecoempaque muy pronto, pero los clientes, por ahora, piden otra cosa", dive Alvaro Galeano, del departamento de mercadeo.
En realidad, la educación del consumidor es un hueso duro de roer. Y sin él es imposible completar la cadena que se requiere para garantizar un tratamiento ecológico de la producción industrial. Comenzando por la clasificación de los desechos, que hoy en día está en manos de los cartoneros, y que de hacerse de una manera general podría facilitar sustancialmente los procesos de reciclaje. Si bien la recolección de desechos con destino a su reutilización se ha convertido en un negocio en ascenso en muchas ciudades del país -especialmente en las grandes capitales-, todavía es mínima la cantidad de materia inorgánica que se vuelve a incorporar al proceso productivo.
Un grupo que ha avanzado a grandes pasos en las tareas de concientización de los consumidores es la cooperativa Recuperar, de Medellín, nacida del antiguo basurero de Moravia, en la vía a Bogotá. Recuperar asesora a 70 empresas paisas -entre oficiales y privadas- y les administra sus desechos por un módico precio. Gracias a su trabajo los rellenos sanitarios del área metropolitana entierran casi exclusivamente materia orgánica. El resto se envía a reciclaje."La conciencia empresarial ha avanzado mucho, lo mismo que la actitud del público", dice Alberto Carmona, uno de sus directivos.
Lo irónico, sin embargo, es que la apertura, que por un lado ha agilizado la adopción de programas ecológicos a nivel industrial -por exigencia de los mismos compradores-, por otro está causando la llegada al país de empaques de cartón y plástico indeseados, junto con los productos de importación. De alli que para muchos empresarios sea necesario buscar una reciprocidad en materia de certificaciones relacionadas con el tratamiento que le dan las empresas a los problemas del medio ambiente. Sólo en la medida en que la toma de conciencia sea general se podrá, según ellos, competir en condiciones de igualdad y se le dará una verdadera protección a la naturaleza.

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