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| 2/5/1990 12:00:00 AM

COMO INVERTIR BIEN EN EL 90

¿No sabe qué hacer con su dinero? SEMANA le da algunas ideas en su guía anual para inversionistas.

En materia de cábalas cada quien tiene su estilo, pero los más realistas sostienen que en asuntos de dinero no hay como mirar el pasado para predecir el futuro. Esa, al fin y al cabo, es una técnica que ha sido utilizada por los ahorradores a lo largo y ancho del mundo desde tiempos inmemoriales. Por tal razón, vale la pena ensayar la fórmula una vez más, al mirar el panorama para los inversionistas colombianos en la década de los 90. Aunque es muy posible que en los meses y años siguientes varíen algunas de las condiciones actuales ciertos principios básicos deben seguir siendo los mismos para la gente que cuida su dinero.
Ese precepto es fundamental, sobre todo teniendo en cuenta lo sucedido en materia financiera en el país a lo largo de la década pasada. Aunque en general los cambios que experimentó Colombia fueron inmensos, pocos negarán que en materia de inversiones el país de 1990 es muy diferente al de 1980. Mientras que hace diez años las opciones se contaban en los dedos de una mano, hoy en día se puede reparar un verdadero menú de acuerdo con los gustos y preferencias de tal o cual ahorrador.
Lo anterior, claro está, no quiere decir que se haya llegado al tope. En realidad el mercado financiero nacional está aún en la edad media comparado con el del mundo industrializado. No obstante, todo sugiere que en esta década que comienza los cambios van a continuar, aumentando la sofisticación del mercado. Tres hechos en particular: el resurgimiento del mercado accionario, el crecimiento de los fondos de pensiones y la aparción eventual de los fondos de valores administrados por las casas de bolsa, deben ser suficientes para cambiarles la cara al mercado financiero nacional, Los especialistas consideran que las opciones van a seguir creciendo, reflejando la preferencia de los inversionistas de acuerdo con los plazos, rentabilidad y seguridad deseadas.
Dimensión desconocida
Es precisamente este último punto -el del riesgo- el que va a ser el factor determinante en el futuro. A pesar de la ortodoxia que ha sido tradicional en el manejo de la economía colombiana, los temores de crisis total todavía existen. No falta quien afirme que el país está a un paso de la "argentinización", con todo y su tasa de inflación del 3.000% anual.
Sin embargo, en esta área lo que más sirve es la experiencia. Pocos ponen en duda que para América Latina la decada pasada fue la peor de esta mitad del siglo. A pesar de eso, Colombia fue el único país en donde la situación no se salió de control en materia económica. El crecimiento de la producción fue mediocre, el desempleo aumentó y en algunas ocasiones la espiral de precios fue preocupante, pero al lado de los casos de Perú, Bolivia o México -para citar tan sólo a tres-, el colombiano parecía ser de prosperidad absoluta.
Por esa razón, son en realidad pocos los que creen que el país esta irremediablemente perdido. Es cierto que para 1990 las vacas van a estar flacas: las proyecciones del mismo gobierno hablan de un crecimiento económico de 2.5%. No obstante , por más odioso que sea, basta comparar esa situación con la de 1982 y 1983 cuando el crecimiento estuvo por debajo del 1% anual, con un sector externo deprimido y el mercado financiero internacional cerrado. En ese entonces se tomaron los correctivos del caso y a pesar de la dureza del ajuste los parámetros de la economía continuaron dentro de niveles manejables. En contraste, la situación actual está controlada. Hay una desaceleración del crecimiento en lo cual los problemas del mercado cafetero tienen su parte, pero los diferentes estimativos sugieren que a partir de 1991 la mejoría debe comenzar.
En síntesis, no hay base sólida para esperar una debate generalizada. Aunque, como es obvio, esta no puede descartarse del todo, la historia de más de 25 años de manejo económico ortodoxo debe tenerse en cuenta. Mejor todavía, al tiempo que el país se enfrenta a varios retos enormes como el de la violencia y la crisis social, tambien afronta grandes posibilidades en materia económica.
El destape
Las expectativas sobre un despegue real de la economía se basa en la discutida apertura económica. Esta, que busca insertar al país con más fuerza dentro del sistema internacional, ha sido recetada como la panacea por diferentes expertos con los del Banco Mundial a la cabeza. En último termino se busca acelerar sustancialmente el crecimiento de la economía para así disminuir el desempleo y mejorar en general los índices de bienestar. En plata blanca, el Banco Mundial sostiene que si la tasa promedio de crecimiento en la decada pasa del 4% al 5.5% anual, el ingreso por habitante en el año 2000 estará cercano a los 1.900 dólares, una cifra superior a la que tiene Brasil hoy en día y que permitiría sobrepasar en la decada siguiente a Venezuela, que con su ingreso de 2.600 dólares por habitante ocupa el primer lugar en la región.
Semejante objetivo parece difícil de alcanzar, pero la práctica demuestra que no es imposible. Los partidarios de la idea muestran el caso de Chile cuya tasa de crecimiento en 1989 fue cercana al 10%, algo que sólo se veía en los países del sudeste asiático.
Un logro asi no se consigue sin sacrificios. No obstante, hay aperturas de todas las clases y la que ha sido diseñada por los técnicos de la administración actual tiene todas las características de gradualismo y suavidad que han sido tradicionales en la economía colombiana.
En consecuencia, todo indica que al tiempo que el sector exportador va a seguir siendo el lider en la economía, habrá una liberación gradual de las importaciones y cambios en otros campos. La más álgida tiene que ver con el tratamiento que debe recibir el estatuto cambiario, que algunos ven ya como un cuello de botella que impide el crecimiento en ciertas áreas.

El bolsillo
Todas esas eventualidades van a tener su incidencia sobre el sector financiero y las alternativas de inversión. Es de esperar que en la medida en que se modernice la economía también evolucionen las posibilidades que se le presenten a los ahorradores.
El futuro en ese campo se combina con las lecciones que dejó la década pasada en materia de inversiones. Tanto la crisis del sector financiero en 1982 como la de la bolsa en 1988 sirvieron para estimular los sistemas de control, al tiempo que disminuyeron el riesgo para los ahorradores, una vez se superaron las dificultades. Er materia financiera la creación de Fondo de Garantías le salvó la vida a más de un banco en problemas y mantuvo la confianza del público. En el caso de la bolsa un sistema similar le dió solidez a una alternativa que en los últimos meses se ha vuelto a ganar el favor de los inversionistas.
Hechos como ese deben acabar incidiendo en lo que los especialistas conocen como la institucionalziación del mercado. Aunque todavía quedará gente que prefiera prestarle el dinero a su vecino en vez de llevarlo a una entidad financiera, la tendencia sugiere que esas formas piratas de inversión van a desaparecer.
A lo anterior se le suma un número creciente de alternativas. Dentro de las posibilidades que han surgido se destacan la irrupción de las fiduciarias para el manejo de recursos a corto plazo, el crecimiento del mercado secundario de títulos o las emisiones de bonos ordinarios de empresas. Todos estos hechos son relativamente recientes y no se han transmitido al grueso del público para el cual la cuenta de ahorros y el UPAC siguen siendo la alternativa de siempre, pero es de esperar que con el tiempo ganen en popularidad.
Más llamativas todavía son las perspectivas para el inversionista. Por ejemplo, cambios recientes en la legislación van a permitir la entrada en escena de las acciones con dividendo preferencial y sin derecho a voto. Si la medida se reglamenta rapidamente, es muy probable que en un futuro cercano el mercado accionario -que ha sido el gran ausente en los últimos años- vuelva a surgir en Colombia.Lo anterior se combina con la entrada eventual al país de Fondos de Valores de capital extranjero, lo cual le debe imprimir mayor profesionalismo al mercado.
Además de ese hecho, los conocedores sostienen que en los noventa van a fortalecerse dos inversionistas institucionales que operan en la mayoría de los países desarrollados. Se trata en primer lugar de los fondos privados de pensiones que manejan los ahorros de las personas que aportan una suma mensual, pensando en la época en que les llegue la hora de retirarse de la actividad laboral. Tales entidades mueven volúmenes impresionantes de recursos en países como Estados Unidos, Suecia o Chile, y las perspectivas para Colombia -en donde la seguridad social es deficiente- son inmensas. A lo anterior se suman los Fondos de Valores, que están autorizados en el papel pero no en la práctica, y que reúnen a los inversionistas quienes le dan su dinero a firmas de bolsa que proceden a invertir de acuerdo con ciertos parámetros establecidos.
Esos cambios, y posiblemente muchos más, se le presentarán a los inversionistas colombianos a lo largo de la próxima década. Aunque para muchos tanta variación puede ser molesta, lo más seguro es que si la economía se mantiene sólida, quien va a salir ganando es el ahorrador, el cual podrá administrar su dinero en forma más eficiente. Semejante perspectiva hace pensar que las guías para invertir serán en el año 2000 más extensas y posiblemente más confusas que la que presenta SEMANA a continuacion. Sin embargo, ese es el destino inexorable de una economía que se moderniza. Si antes el dinero se podía manejar con lecciones básicas de economía doméstica, ahora y en el futuro habrá que tener en cuenta muchas más variables, con el único consuelo de que quien lo haga bien recibirá mejores rendimientos. Y ese factor se aplique en un país desarrollado o no, es el que sigue mandando a través de los años Tal como dicen en los Estados Unidos, entre más cambian las cosas...más permanecen iguales.
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