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| 1/20/1997 12:00:00 AM

COMO SERA EL AÑO ENTRANTE?

AUNQUE LA ECONOMIA TIENE LA POSIBILIDAD DE MEJORAR EN 1997, LOS RIESGOS DE QUE LOS ESTIMATIVOS OFICIALES RESULTEN DEMASIADO OPTIMISTAS NO SON POCOS.

El miercoles pasado el ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, y el Jefe del Departamento Nacional de Planeación DNP, Juan Carlos Ramírez, se reunieron con más de 30 periodistas de los principales medios de comunicación del país. Alrededor de un suculento almuerzo los funcionarios presentaron su balance deldesempeño de la economía colombiana en 1996 y las perspectivas para el próximo año. Mientras esperaban el esponjado de mora, algunos asistentes no pudieron dejar de recordar una reunión similar, celebrada 12 meses atrás con el entonces ministro de Hacienda Guillermo Perry y el mismo Ocampo, quien en ese momento ocupaba la jefatura del DNP.En esa ocasión los funcionarios anunciaron que el crecimiento de la economía colombiana en 1996 sería de 4,9 por ciento. Ahora el propio Ocampo anunciaba que esa cifra se había reducido a un lánguido 3 por ciento. Si bien la diferencia de casi dos puntos entre la proyección y el resultado de 1996 habría podido poner a pensar a algunos sobre la relevancia de estar allí, todos los presentes tomaron atenta nota de las estimaciones oficiales para 1997 mientras apuraban los últimos bocados del delicioso postre.
Ante situaciones como esta algunos observadores se preguntan por qué las proyecciones económicas, sean públicas o privadas, muchas veces terminan por no cumplirse. La respuesta de los conocedores es que las proyecciones económicas no siempre son exactas, pues están atadas a múltiples supuestos que van evolucionando con el tiempo. A pesar de ello nadie duda que unas estimaciones macroeconómicas bien elaboradas _y bien entendidas en cuanto a sus alcances y limitaciones_ constituyen una excelente herramienta para planear el curso futuro de los negocios, tomar decisiones sobre inversiones y, en el peor de los casos, apostar sobre si terminarán por cumplirse o no.
Para que los lectores puedan formarse su propio juicio, SEMANA reunió las opiniones de los principales analistas económicos del país sobre lo que sucederá con la economía colombiana en 1997, y las contrastó con las proyecciones del gobierno. Pero como los números no lo son todo, el presente informe ofrece un breve análisis de los elementos que pueden estar detrás del comportamiento de las principales variables macroeconómicas en el año que viene. A pesar de que la amenaza de sanciones económicas de Estados Unidos a Colombia todavía existe, ninguno de los análisis de este informe la tiene en cuenta. El menú de opciones con que cuenta Washington para castigar la economía colombiana es tan amplio que cualquier proyección se volvería estéril en esa eventualidad.· A estas alturas nadie duda que este fue un año bisiesto, incluso en lo económico. Y es que si bien desde 1995 se veían venir algunos de los factores recesivos que terminaron por golpear a la economía colombiana, en ese entonces nadie pensaba que el crecimiento económico de 1996 terminaría por ser el peor en cinco años (ver gráfico). Para saber si el año entrante será mejor o peor es importante analizar los elementos que incidieron en ese mediocre resultado.
Las buenas noticias vienen por el lado de las tasas de interés y la economía venezolana. Para ciertos observadores uno de los factores más importantes detrás de la desaceleración de la economía en el presente año fueron las altas tasas de interés, que resultaron de la política de estabilización adelantada por las autoridades monetarias. Tras un crecimiento del crédito a tasas anuales cercanas a 50 por ciento entre 1990 y 1994, hace dos años la Junta del Banco de la República empezó a apretar las riendas monetarias, propiciando así una desaceleración de la demanda que ya resultaba inaplazable. De paso, con las altas tasas de interés el Emisor buscaba reducir los riesgos de una crisis cambiaria inducida por la crisis política.
Pero a juicio de algunos quizás al Emisor se le fue la mano en el ajuste, y finalmente la misma Junta parece haberlo asumido así. En las últimas semanas, tras un largo e intenso tejemaneje con el gobierno, el banco central ha ido reduciendo paulatinamente las tasas de interés bajo el entendido de que los costos recesivos del apretón han sido demasiado altos.Pero las buenas noticias no sólo corren por parte de las menores tasas de interés. Del otro lado de la frontera también vienen mejores vientos. En 1996 la economía colombiana tuvo que pagar los platos rotos de la crisis venezolana, no sólo porque la economía no petrolera del vecino país cayó casi tres puntos porcentuales, sino por los efectos de una devaluación del bolívar de más de 150 por ciento. Pero los observadores esperan que semejante golpe ya haya quedado atrás. Algunos analistas del país vecino señalan que en 1997 el PIB no petrolero crecerá a tasas cercanas a 5 por ciento, lo que sin duda dispararía la demanda por productos colombianos. Además las condiciones de competitividad de la producción nacional en el país vecino sin duda mejorarán. De hecho, en los últimos meses el tipo de cambio se ha estabilizado por debajo de los 500 bolívares, mientras la inflación venezolana avanza mucho más rápido que la colombiana.A estos factores expansivos se agregan otros elementos que estimularían el crecimiento económico en 1997. Por un lado, el año entrante se disparará el crecimiento del sector petrolero, que según estimaciones del DNP estará por encima de 15 por ciento. De otra parte, algunos expertos inmobiliarios esperan que al final del año entrante se inicie la recuperación de la construcción, Asimismo, para bien o para mal, los colombianos ya han asumido como un hecho el que el presidente Samper llegará al final de su mandato, lo que ha generado una menor incertidumbre sobre el futuro político del país.
Pero como nada es completo en la vida, hay factores negativos que no dan su brazo a torcer, como la crisis cafetera y la revaluación real del peso. Mientras la cosecha cafetera este año se redujo en más de 10 por ciento, los exportadores están enfrentando actualmente la misma tasa de cambio nominal vigente a fines de 1995. Lo grave del asunto es que los analistas consideran que en esos dos frentes no hay mejores perspectivas para 1997, lo que constituiría un freno importante a la recuperación de la economía en el año próximo. A ello se agrega la siempre presente amenaza de sanciones económicas por parte de Estados Unidos, pues si bien el riesgo ha disminuido nadie ha podido definir dónde están los límites de la Casa Blanca en un mundo unipolar.Con unos factores a favor y otros en contra, no debe sorprender que las estimaciones de los analistas sobre el crecimiento económico para el año entrante oscilen entre 3,1 por ciento y 5 por ciento (ver recuadro). Entre tanto, algunos indicadores parecen señalar una ligera recuperación del clima de los negocios y el ciclo productivo, lo que apoyaría la idea del ministro Ocampo de que la economía ya tocó fondo (ver gráfico).
Aunque es alta la probabilidad de que las cosas mejoren el año entrante por el lado del crecimiento económico, algo distinto parece suceder por el lado del desempleo. De hecho, la totalidad de los analistas consultados por SEMANA considera que el desempleo aumentará el año entrante, aunque sus proyecciones específicas difieren ligeramente (ver recuadro). A pesar de la evidencia, para muchos observadores desprevenidos resulta difícil entender porqué si la economía crece, aumenta también el número de desempleados.La respuesta parece tener varios componentes. En primer término, según revelan las estadísticas, cuando las cosas se ponen difíciles más miembros de una misma familia salen a buscar trabajo, lo que aumenta el número de desempleados. Pero lo que ha sucedido en Colombia en los últimos años va más allá de las explicaciones tradicionales de la economía laboral. Como se ve en el gráfico inferior, mientras que a fines de los 80 y comienzos de los 90 la producción y el empleo se movían de manera paralela, a partir de 1993 la generación de puestos de trabajo empezó a quedar rezagada respecto a la evolución de la actividad económica. En palabras de Juan Carlos Ramírez, jefe del DNP, "en los últimos años la reacción del empleo al crecimiento económico se ha reducido en un 50 por ciento".Según los entendidos, este fenómeno obedece a dos causas fundamentales. Por un lado, con la apertura económica, los sectores productivos se vieron forzados a adelantar un profundo proceso de reconversión tecnológica, el cual terminó por reflejarse en un ahorro relativo de mano de obra en los procesos productivos. De otra parte, la manera como se ha ido transformando la composición del crecimiento económico también ha afectado negativamente la capacidad de generación de empleo. A comienzos de la década el comercio y la construcción renglones ampliamente intensivos en mano de obra, y por tanto grandes generadores de empleo se contaban entre los más dinámicos de la economía colombiana. Sin embargo en los dos últimos años esos dos sectores han sufrido una fuerte desaceleración, lo que explica que a pesar de que la economía siga creciendo ya no estimule tanto al empleo.Lo grave del asunto es que esta tendencia se acentuará el año entrante, cuando el crecimiento económico estará esencialmente jalonado por la actividad petrolera, la cual es intensiva en capital y poco generadora de empleo. De hecho, las proyecciones oficiales señalan un crecimiento del sector minero superior a 15 por ciento, que contrasta con las tasas más bien modestas de expansión de la industria (2,5 por ciento) y la agricultura (3,5 por ciento). De esta manera parece configurarse el escenario típico de crecimiento desequilibrado de una economía que vive una expansión petrolera, con las delicadas consecuencias que de allí se derivan.
Además del auge del sector petrolero, el escenario típico de la llamada enfermedad holandesa se redondea en Colombia con una revaluación real del peso. Y es que mientras los exportadores reciben por sus dólares la misma cantidad de pesos que hace un año, buena parte de sus costos han subido al ritmo de la inflación doméstica. A la hora de identificar las causas del estancamiento de la tasa de cambio aparecen varios candidatos. El primero de ellos parecería ser el diferencial tan grande que se observó a lo largo de 1996 entre las tasas de interés domésticas y las internacionales. Con tal desequilibrio en las opciones de costos financieros no es extraño que los agentes económicos públicos y privados hayan preferido endeudarse en el exterior y traer dólares al país, presionando así la tasa de cambio hacia abajo.
Pero la autoridad monetaria no es la única que está detrás de este fenómeno, como podría parecer a simple vista. Buena parte de los analistas que se han ocupado del tema han identificado al gasto público como uno de los principales factores que han inducido la revaluación. En verdad, un desequilibrio de las finanzas públicas presiona las tasas de interés hacia el alza si se financia en el mercado doméstico, o la tasa de cambio hacia abajo si termina traduciéndose en mayor endeudamiento externo. De otra parte, las expectativas de una mayor revaluación futura, generadas por las perspectivas de mayores exportaciones petroleras, también presionaron la tasa de cambio hacia abajo a lo largo de 1996. Un ejemplo de ello fue el aumento en la oferta de dólares que generó el prematuro y torpe anuncio del presidente Samper acerca de las millonarias reservas del pozo de Coporo, que a la postre resultaron en nada.
En este contexto, las perspectivas de la tasa de cambio para 1997 son desalentadoras por varios motivos. Por un lado, el petróleo de Cusiana y Cupiagua empezará a ser exportado en forma el año próximo. Además, no es previsible que el gobierno emprenda un ajuste estructural a fondo de sus finanzas públicas ni que las autoridades monetarias eliminen el piso de la tasa de interés. De allí que la mayoría de los analistas consultados por SEMANA sean pesimistas al respecto y proyecten una devaluación nominal de 15 por ciento para 1997, la que resultaría si la tasa de cambio se mantuviera en el piso de la banda cambiaria a lo largo de todo el año.Pero las proyecciones pesimistas no paran allí. Según estimativos del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico _Cede_ de la Universidad de los Andes la avalancha de dólares el año entrante sería tan grande que el Banco de la República se vería forzado a bajar aún más la banda cambiaria, lo que daría como resultado una devaluación nominal del peso de apenas 12,5 por ciento. Evidentemente todas estas proyecciones quedarían por el suelo si Estados Unidos impusiera sanciones económicas a Colombia, caso en el cual la insuficiencia en la oferta de dólares dispararía la tasa de cambio hacia arriba. Sin embargo, como sucede con todas las proyecciones de este informe, los estimativos sobre devaluación no contemplan esa posibilidad.· Contrario a lo que muchos podrían esperar después del repunte de los precios en 1996, en este momento están dadas las condiciones para que el próximo año la inflación sea menor. Todos los observadores han coincidido en señalar que el crecimiento de los precios en el año que termina no estuvo jalonado por excesos de demanda, sino más bien por los aumentos de algunos precios administrados que pesan mucho en la canasta familiar, como la energía y la educación (ver gráfico). Por eso la primera buena noticia en materia de precios para el año entrante se debe a que el gobierno ya tomó las medidas para que estos dos rubros tengan un crecimiento moderado, o al menos no tan escandaloso como el del presente año.
Hay dos aspectos que afectan negativamente el crecimiento económico, que van a tener un efecto positivo sobre la inflación. El primero es la revaluación real del peso, que en 1997 deberá traducirse en una reducción sustancial del precio relativo de los bienes comercializables, es decir aquellos que compiten con la producción internacional. El segundo es la drástica caída de la demanda agregada, resultante del severo ajuste monetario que ha vivido la economía durante los últimos dos años. Como resultado de este fenómeno, el año entrante la inflación debería ceder como efecto rezagado del enfriamiento económico de 1996.Estas condiciones favorables para la reducción de la inflación se pueden ver parcialmente contrarrestadas por algunos factores negativos cuyo peso específico es difícil de ponderar. En primer término, al cierre de esta edición las reuniones para renovar el Pacto Social se encontraban al borde del colapso ante el retiro de los representantes de los trabajadores de la mesa de negociación. Esta situación resulta agravada por la debilidad que el actual gobierno ha mostrado en todas sus negociaciones con la clase trabajadora.
De otra parte, la inflación podría acentuarse si el gobierno no mantiene una firme decisión de sanear las finanzas públicas, y para muchos analistas ese propósito se debilitaría en 1997 por tratarse de un año preelectoral. Finalmente, hay quienes temen que con los cambios de composición que debe sufrir la Junta Directiva del Banco de la República en febrero del año entrante la política monetaria se relaje en exceso, con el consecuente efecto sobre nuevas presiones inflacionarias.
Lo que queda claro de este análisis, así como de las proyecciones de los expertos consultados por SEMANA, es que la probabilidad de que el año entrante sea mejor en lo económico que 1996 es alta pero que los estimativos oficiales podrían resultar muy optimistas. De cualquier manera, lo que nadie duda es que la economía colombiana atraviesa por un período de profunda mediocridad. Al fin y al cabo a nadie satisface que todas las reformas estructurales de comienzos de los 90, tendientes a la modernización y la internacionalización de la economía, terminen en un lánguido crecimiento de 4 por ciento, jalonado por el sector petrolero.
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