Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2006/12/16 00:00

Con el acelerador a fondo

Este será el año con el mayor crecimiento de la última década. El reto es volverlo sostenible, por encima del 6 por ciento anual.

Las exportaciones y las ventas de vehículos están disparadas, lo que muestra un buen momento de la economía. Sin embargo, las importaciones pueden amenazar puestos de trabajo de los colombianos en algunos sectores

A Juan Pablo Montoya a veces se le daban las cosas (un buen carro, una buena coordinación en los pits, un buen día, un buen genio) y no había quién lo parara; esto le sirvió para ganar varias carreras en la Fórmula 1. Mientras tanto, a Michael Schumacher las cosas se le daban un poco más a menudo y casi de manera sistemática, por eso fue siete veces campeón en la misma categoría. He ahí la diferencia entre coyuntural y estructural.

Y eso es lo que muchas personas se están preguntando ahora acerca de la economía colombiana: ¿vamos rumbo al crecimiento sostenido o estamos frente a una coyuntura favorable que nos ha permitido ganar unas cuantas carreras?

Durante varios años, los colombianos se acostumbraron a escuchar que la economía no crecía más allá del 2 por ciento. El choque de 1999, cuando el Producto Interno Bruto (PIB) se contrajo más del 4 por ciento, dejó el país literalmente con el motor fundido. La recesión de ese año significó cierres de empresas, pérdidas de empleos y quiebras de muchos sectores. En los años posteriores se generó cierto letargo y por eso fue aceptado que el PIB creciera menos del 2 por ciento durante casi cuatro años.

Luego, la recuperación económica se consolidó y empezó a sorprender con cifras por encima del 4, del 5 y ahora, en 2006, probablemente cerca del 6 por ciento, la mayor de las cifras de la última década. Es un logro inobjetable y que deben reconocer hasta los más ácidos críticos del actual gobierno. Porque cuando uno gana, nadie lo baja del podio, aunque sólo sea una carrera.

Sin embargo, otras economías, como China e India, están creciendo por encima del 10 por ciento anual y ya llevan varios años a ese ritmo. Y aquí está el desajuste.

El país debería apostarle a eso, crecer permanentemente por encima del 6 por ciento para empezar a superar realmente las grandes dificultades sociales que padece. En este frente ¿ya empezó la carrera? Ese es el interrogante que queda en el aire.

Las cuentas hay que ponerlas en contexto para poder sacar una conclusión. Según el economista Eduardo Sarmiento, el crecimiento de este año se explica por una monumental expansión del gasto público y las burbujas de la construcción y la Bolsa. "Esto le dio un impulso a la economía, que yo he dicho que no es sostenible", dice. Para Sarmiento, lo más preocupante es el proceso de revaluación y la consecuente expansión de las importaciones, que inicialmente empujan al producto interno bruto, pero que en el largo plazo se convierten en un problema para la economía porque afectan el empleo local.

Ricardo Bonilla, del Observatorio de Coyuntura Socioeconómica de la Universidad Nacional, también cree que todavía no hay razones para cantar victoria. "Nadie puede negar que va a ser una cifra alta. Puede llegar al 6 por ciento. Lo preocupante es qué sectores lo dinamizaron y qué tanto se redistribuyó la riqueza", comentó.

Bonilla cree que el crecimiento nacional responde a una dinámica del comercio internacional. Segundo, para él, la demanda interna está creciendo, pero en condiciones muy parecidas a las de 1993 y 1995, años previos a la gran caída económica del fin del siglo.

"Mientras la demanda crece al 10 por ciento, el producto va al 6. ¿Quién abastece el exceso de demanda y con qué se financia?", se pregunta el experto. Es claro que las importaciones son las que han cubierto la demanda, y el mayor gasto se ha financiado con remesas, nuevas inversiones, ventas de activos y más deuda. "El aterrizaje del primer 'boom' de demanda fue la recesión de 1999. ¿Será que el aterrizaje que viene es otra recesión?", dice.

Además, las razones de preocupación hacia el futuro son varias, porque es probable que la economía de Estados Unidos baje en 2007, y nadie puede dar certeza de que los precios del petróleo y el carbón se mantendrán tan elevados. Hay también incertidumbre acerca del futuro comercial con Venezuela, y el país podría perder el otro año las preferencias con Estados Unidos, si no se desarrolla rápidamente la discusión sobre el TLC.

Pero, obviamente, el panorama no es catastrófico. Los resultados de este año son muy favorables. Hay algunas razones estructurales, como por ejemplo, el crecimiento de la inversión y de las exportaciones no tradicionales, que dan cuenta de una verdadera transformación en la economía nacional. Igualmente, se ha mejorado ostensiblemente en productividad.

Donde sí hay consenso es en que este es un momento definitivo para pensar cómo el país logra un crecimiento realmente sostenido. Si bien es muy positivo ganar de vez en cuando una carrera, en materia de crecimiento deberíamos apostarle a arrasar con los premios porque está en juego la suerte de la mitad de la población que aún no conoce las mieles del éxito del desarrollo. Toca ponerle el acelerador al tema.

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