Martes, 24 de enero de 2017

| 1995/06/12 00:00

CON AROMA DE BROCA

A pesar de las medidas de la semana pasada en favor de los cafeteros, para muchos la situación es desesperada y parece estar mas allá del punto de no retorno.

CON AROMA DE BROCA

"YO MEJOR NO LE BUSco más explicación a mis dolores", dice Beatriz Arango de Mejía. Alega que no necesita acudir a su hija médica para saber que es la angustia lo que la tiene enferma. Desde que se hizo cargo de la finca cafetera de su familia, hace casi una década, nunca había vivido una situación tan difícil. Hoy se aferra a la mística por el café para no dejarse derrotar por las adversidades, como la deuda con el banco, que dejó de pagar para tener con qué luchar por su terreno, ubicado en las goteras de Armenia. Ella, como los demás productores del país, ha padecido los rigores de una actividad que dejó de ser negocio.
Y todo eso a pesar de que los precios del grano se duplicaron con respecto a 1994. Quizás debido a ello nadie que no sea cafetero parece entender por qué los productores continúan vaticinando que están al borde de desaparecer.
Pero así es. Aunque parezca increíble, los cafeteros cayeron en desgracia. Cada vez son más pobres. Las tierras dedicadas al cultivo del grano, hace cuatro años las más caras del país, han perdido su valor y una hectárea de café en el Quindío puede conseguirse hoy por cinco millones de pesos, cuando hace un año costaba 10. Sin embargo, la ganga no ha disparado la venta de tierras, porque sencillamente no hay quien las compre. Con todo, las autoridades sostienen que capitales de origen oscuro han aprovechado la situación para entrar a la zona.
Y si por los lados del patrimonio las cosas andan mal, por el de los ingresos van aún peor. A pesar de que la semana pasada el Comité Nacional de Cafeteros adoptó un amplio programa de ayuda que implica en términos prácticos un aumento significativo en el precio interno del grano, eso no parece ser suficiente. Por efecto de las reducciones por porcentaje de broca, los cheques de pago de los cafeteros se han visto y se verán sensiblemente disminuidos. De acuerdo con cifras de la Cooperativa de Cafeteros de Armenia, el precio promedio de compra en lo que va corrido del año es de 17.650 pesos por arroba (décima parte de una carga), mientras que el promedio oficial de venta ha sido de 19.960 pesos. Claro que algunos productores, como Jaime Arango, cultivador de La Tebaida (Quindío), aseguran que lo máximo que ha recibido son 15.000 pesos. A esos niveles, el caficultor está trabajando a pérdida, pues la producción de una arroba de café cuesta entre 15.000 y 19.000 pesos, dependiendo del valor de los jornales y de los insecticidas utilizados. Es decir que para que volviera a ser rentable, la carga, alegan los caficultores, debería estar por los 300.000pesos.
La broca, aunque no es la causante de todos los males que aquejan a los cafeteros, sí es su peor verdugo. Tanto que "la venta del grano en la Cooperativa se ha convertido en una humillación. Uno espera con verguenza que le liquiden el porcentaje brocado", reconoció Beatriz Arango.
El problema es que el café que padece de esa enfermedad no puede ser catalogado como de tipo Federación. La última vez que se vendió una arroba de café pergamino en la Cooperativa de Armenia fue a finales del año pasado. "En un principio los pequeños productores fueron los más brocados, pero con el correr de los meses, son los medianos y grandes productores los más afectados", comentó César Augusto Jaramillo, gerente de la entidad. Pero ese no es un problema exclusivo de la región, pues al menos 13 de los 17 departamentos cafeteros del país sufren de ese mal. A pesar de eso la respuesta de la Federación fue lenta y dejó volver inmanejable un problema de por Si grave.
Una de las medidas adoptadas por el gobierno la semana pasada está precisamente encaminada a reconocerle un mejor precio a los productores por el grano brocado. Este se venía pagando a la mitad del excelso y se incrementó al 65 por ciento. Sin embargo, la medida tiene el problema de que se adoptó una vez finalizada la cosecha de mitaca, y será revisada en septiembre, antes de iniciarse la recolección de octubre.
Algunos productores consideran injusto el castigo impuesto al café brocado, que es llevado por muchos a Ecuador -de contrabando-, para venderlo sin la prima del café colombiano. Acusan a la Federación de Cafeteros de exigir las mismas calidades de hace 30 años, cuando las condiciones eran otras, sin dar la oportunidad de producir diferentes estándares.
Y es que sacar café tipo Federación parece estar convirtiéndose en una utopía, pues son tantos los factores que favorecen la propagación de la broca que para lograr controlarlos se necesitaría brujería. El Plan Integrado de la Federación Nacional de Cafeteros prevé que se recojan todos los granos maduros, sobremaduros y secos para evitar que el bicho -la broca- no tenga con qué alimentarse, pero durante la pasada cosecha fueron muchos los frutos que se quedaron en las matas porque no hubo quien los recogiera. Los andariegos, hombres y mujeres que semestralmente llegaban al eje cafetero, provenientes del Cauca y Nariño, en esta oportunidad no aparecieron. Las explicaciones que se dan en la zona a este fenómeno son diversas. Para unos, fueron absorbidos por la construcción, que hasta hace poco vivía un extraño auge en Armenia como en el resto del país. Otros, como el obispo de la ciudad, Ancízar López López, señalan que se fueron al Huila y al Putumayo a rayar amapola y coger hoja de coca.
Claro que la efectividad del Plan Integrado también ha sido puesta en entredicho. Muchos cultivadores sostienen que esas recomendaciones deben acompañarse con un insecticida fuerte como el Thiodan (proscrito por la Federación) pues de no hacerlo "se pone en riesgo el 30 por ciento de la producción, que en las actuales condiciones es nuestra única esperanza de utilidad", argumenta Fernando Tobón, cafetero de Armenia.
Pero si la broca es un acertijo, las deudas penden sobre las cabezas de los cafeteros como una espada de Damocles. Los cultivadores se metieron en grandes créditos para financiar la sustitución de sus cultivos por variedad Colombia, y evitar así la roya. Cuando debieron comenzar a amortizar esa deuda, el precio del café estaba por el piso por la ruptura del Pacto Cafetero en julio de 1989. Como no podían pagar sus obligaciones, comenzó la danza de la refinanciación. En este largo período sus acreencias se han duplicado y triplicado sin haber recibido un sólo peso. Según el gerente regional de Bancafé en Armenia, Diego Alvarez, "el cafetero lleva cinco años sin pagar y con esto se ha prorrogado su agonía".
Lo cierto es que varias de las fuentes consultadas por SEMANA coincidieron en afirmar que los cultivadores no resisten una refinanciación más. Por una parte, los intereses por pagar se treparían aún más, el avalúo de sus predios está por el piso y no tienen capital con qué seguir administrando sus fincas y sufragando sus gastos. Adicionalmente, aunque se espera que el próximo año los precios del café rodeen los 2,5 dólares por libra, en 1996 habrá de nuevo una sobreoferta internacional de café, pues entran en producción los países del sureste asiático, lo que inmediatamente podrá ocasionar una caída en la cotización mundial del grano.
Conscientes de su incapacidad de pago, los productores, a través del Cabildo Cafetero, le están pidiendo a la Federación Nacional de Cafeteros que asuma sus deudas. " Toda una vida de ahorro en el Fondo Nacional del Café para las épocas de vacas flacas, y ahora que estan los quebrados el Fondo nos da la espalda", anotò Jaime Arango, integrante del Cabildo.
Las fincas, el único patrimonio que les queda a muchos cultivadores que han tenido que ir vendiendo sus demás propiedades para subsidiar la caficultura, ya comienzan a caer en manos de los acreedores. Bancafé en Armenia ha recibido tres predios, cuyos dueños tiraron la toalla derrotados por las deudas. "Esto nunca había pasado aquí", comentó el gerente de la entidad.
Otros con mayor capacidad económica simplemente han ido abandonado el ancestral cultivo. Los palos de café han sido reemplazados por potreros para ganado o por cítricos. Además de que éstos requieren de una alta inversión, estas actividades únicamente pueden desarrollarse en tierras planas.
La mayoría, sin embargo, sigue esperando. Durante el último mes y medio los pagos a Bancafé estaban paralizados, pues los cultivadores guardaban la ilusión de que les condonaran su deuda, algo que en el mejor de los casos sólo llegará ahora al 25 por ciento de las acreencias. Mientras tanto, y para tener con qué comer, han metido maíz entre los palos de café o han sembrado una franjita de yuca. Y la gente está dispuesta a un paro de grandes proporciones, pues la marcha de Manizales del 30 de marzo demostró la capacidad de movilización que tienen los cultivadores, la cual podría ser utilizada para acudir a las vías de hecho. Al referirse sobre el tema, el obispo de Armenia advirtió que "les productores han acudido a todas las vías legales y no han tenido soluciones efectivas".
Y aunque las medidas de la semana pasada apuntan por fin en la dirección correcta, en la zona cafetera fueron recibidas con algo de desaliento. Después de tanto esperar, para muchos lo decidido en Bogotá acabó siendo demasiado poco y demasiado tarde.

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