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| 3/19/1984 12:00:00 AM

CON EL AGUA AL CUELLO

A pesar de que cerca del 83% del consumo nacional de pescado es producto de la pesca artesanal, el sector se halla a la deriva

Mientras en el resto del mundo, los biólogos, los economistas, los nutricionistas, y todos los "istas" preocupados por la alimentación, la salud y los recursos naturales vuelven los ojos hacia la pesca, hacia el mar, "la gran despensa del futuro", en Colombia el sector se encuentra casi completamente abandonado, nadando contra corrientes de contaminación e ineficiencia económica.
La pesca le genera al país 150 mil empleos directos y cerca de 450 mil indirectos, de los cuales dependen más de 3 millónes de colombianos. El 80% del consumo nacional de pescado es producido por el sector y de éste, cerca del 83% es producto de la pesca artesanal. Sin embaargo, el sentir de los pescadores es el de que el gobierno no se ha dado cuenta de su existencia o de que, si lo ha hecho, le ha dado poca importancia al asunto.
No se trata en modo alguno de un sentimiento gratuito: en toda la historia de la Caja Agraria, la institución registraba hasta 1980 un total de 5 millónes 600 mil pesos para créditos a la pesca artesanal. Confrontando esta suma con los 150 mil pescadores que existen hoy en el país se habría obtenido créditos de $37.33 por pescador en todos los tiempos, según datos publicados por "Cayuco", periódico mensual de la Asociación de Pescadores Artesanales, ANPAC. En cuanto a otras formas de crédito, aunque figuran sumas más respetables, se trata de dineros que, canalizados a través del IFI o de Proexpo, entre otros, tienen por destinatarios principales a las empresas pesqueras más modernas que, además, también enfrenten dificultades.
Así, se han ido quedando por puertas la tecnificación, la capacitación y la racionalización de un vasto e importante sector de la economía nacional. Según un diagnóstico sobre pesca artesanal (ministerio de Agricultura, mayo 1983), de un potencial de 354 mil 100 toneladas anuales de producción pesquera, se explota en la actualidad sólo un 22%. En efecto, "el consumo per cápita de pescado sólo alcanza el 3.6 kg. al año (comparado con el promedio mundial de 13 kg. año) y el 60% de la niñez colombiana padece algún grado de desnutrición".
Aparentemente hay consenso sobre cuáles son los principales problemas que enfrenta el sector. En general, la gran mayoría de la población pesquera no ha recibido capacitación, asistencia técnica adecuada, formas de financiamiento eficientes, protección estatal y, además, no hay sistemas que protejan el medio del que dependen. Podría decirse que el crecimiento económico del pais, la deforestación de márgenes de ríos y quebradas, el desarrollo agrícola irracional, sólo le han dejado a la pesca desechos industriales, bahías inútiles y ciénagas desecadas.
En opinión de Jorge Eliécer Rivera, Coordinador Nacional de la ANPAC, la raíz de esta situación se encuentra en la falta de políticas cohe rentes para el sector. Hasta el momento, a nivel estatal, de la pesca se encargan "todos", lo que equivale a decir que por ella no responde "nadie". Si se trata de la pesca en aguas marinas, el problema pasa de las dependencias del INDERENA a las de la Armada Nacional--cuando el camino es corto--,sin que la situación cambie en lo más mínimo, puede perderse en el laberinto que va del ministerio de Agricultura al de Desarrollo, pasando por el de Salud, con cruces en el INDERENA y en el ICA. Algo muy similar ocurre con la pesca continental, que sólo se salva de pasar por las manos de la Armada.
La inoperancia de esta forma de "organización" es más que evidente.
Mientras a la pesca no se-le presta la debida atención, el país subutiliza uno de sus más ricos potenciales económicos, como podría establecerse mirando la participación de la pesca en el PIB (Producto Interno Bruto), que descendió del 0.9% en 1976 (porcentaje muy bajo) al 0.5% en 1980. Si a esto se agregan problemas de contaminación ambiental, como el de la bahía de Cartagena y los de algunos ríos, la situación se torna alarmante.
En el caso del río Magdalena, por ejemplo, el bocachico sube cada vez menos y llega más pequeño, y el bagre está a punto de desaparecer, parte de lo cual se debe también a que aún continúan prácticas de pesca con dinamita.
Por otra parte, la pesca industrial --fundamentalmente camaronera-se ha visto abocada a contratar embarcaciones y tripulación extranjeras, mejor preparadas y con tecnología más adecuada, en claro detrimento de los intereses nacionales. Además, aunque la mayor parte del producto de esta forma de producción se destina a la exportación, en 1980, mientras las importaciones pesqueras alcanzaron un valor de 64.8 millónes de dólares, las exportaciones sólo llegaron a 35.4 millónes. De esta forma, tal como lo expone el ministerio de Agricultura "el país ha llegado a una dependencia externa en el consumo de productos pesqueros, perjudicando de paso al sector pesquero nacional, que no puede competir con las empresas extranjeras al no existir en el país políticas ni incentivos similares a los disponibles en otros países como Ecuador o Perú".
Tratando de sacar a flote al sector, la ANPAC, asociación gremial independiente y sin apoyo estatal, y el comité de pesca de la ANDI, cada uno por su lado y atacando en ocasiones conjuntamente problemas comunes, elaboran proyectos y llevan a cabo planes de desarrollo con mayor o menor éxito en las distintas áreas. Pero en opinión de J.E. Rivera, lo que la ANPAC intenta hacer, con el agua al cuello, equivale a "cargar con un bulto del que el gobierno no se ha hecho cargo, a pesar de ser de su competencia". Y las cifras conocidas--porque la investigación tampoco es suficiente--parecen darle la razón.
En cualquier caso, lo que sí es evidente es que mientras los problemas crecen a todo vapor, la pesca se ve obligada a avanzar a remo. Y aunque haya alivios temporales para los pescadores en las épocas de subienda, como actualmente sucede en Honda, lo cierto es que el sector sigue esperando, con la paciencia de un pescador de caña, soluciones definitivas. -
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