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| 11/25/1996 12:00:00 AM

CON LOS BRAZOS CRUZADOS

Las últimas cifras sobre desempleo señalan que, aunque la economía se recupere el año entrante, las perspectivas para la fuerza laboral no son buenas.

En materia de promesas electorales los colombianos ya deberían estar curados de espantos. La historia ha demostrado que los planteamientos de la mayoría de los candidatos a ocupar cargos públicos en el país se reducen a su mínima expresión a la hora de convertirlos en realidad. Y aunque ya son contadas las personas que tragan entero al oír los programas de un candidato presidencial pocos son los casos en los que el incumplimiento de una promesa electoral deja con los crespos hechos a más de un millón y medio de personas.Ese es el caso del plan de empleo de la actual administración. A lo largo de su campaña presidencial Ernesto Samper cautivó la atención de muchos colombianos con el ofrecimiento de generar 1.600.000 empleos durante su gobierno. Lo grave del asunto es que en lo corrido del cuatrienio no sólo no se ha creado ningún empleo nuevo sino que se han perdido varias decenas de miles.Esa es la triste realidad que muestran las cifras reveladas por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística _Dane_ la semana pasada. Según la entidad, el desempleo ha seguido su marcha ascendente hasta llegar a finales de septiembre a 12,1 por ciento en las principales siete ciudades del país después de que tres meses antes había sido de 11,4 por ciento (ver gráfico). Más allá de los fríos porcentajes, las estadísticas oficiales señalan que mientras al comienzo de esta administración había 4.895.165 personas ocupadas en las siete ciudades, a finales del mes pasado esa cifra había caído a 4.846.110, lo que significa una pérdida de 49.055.Este crecimiento del desempleo es particularmente preocupante en un mes como septiembre, pues tradicionalmente a medida que se acerca el final del año el empleo mejora en función de la producción destinada a atender la temporada navideña. Pero para algunos el desconcierto va más allá de la coyuntura de fin de año, pues no se explican porqué el empleo está cayendo cuando los estimativos más conservadores señalan que la economía crecerá al menos 2,5 por ciento este año. Y es que si bien todo el mundo sabe que el empleo depende de la dinámica de la producción, la relación entre los dos no es tan estrecha como parece.Según Mauricio Cárdenas, director de Fedesarrollo, lo que está viviendo la economía es el reflejo de un profundo cambio en la estructura de la generación de empleo en el país, pues "el aumento del desempleo obedece en esencia a la destorcida que han tenido recientemente la construcción y el comercio, actividades que se habían convertido en los generadores más importantes de empleo en los últimos años. Esta tendencia es el resultado de un fenómeno en el que la apertura obligó a la industria a tecnificarse para ser más eficiente, lo que llevó a un desplazamiento de mano de obra de la actividad manufacturera. Esta fuerza laboral fue absorbida en la primera mitad de la década por actividades como el comercio y la construcción, que ahora están en crisis y presionan el desempleo" (ver gráfico).Además de esta transformación estructural de las fuentes de empleo en la economía colombiana hay dos factores adicionales que ayudan a entender porqué la actividad económica no está generando suficiente ocupación laboral. Uno tiene que ver con el crecimiento de la productividad laboral. Si bien existe un amplio debate sobre cuál es la manera correcta de medir la productividad, los distintos analistas coinciden en que la tecnificación inducida por la apertura ha llevado a que los diferentes sectores puedan producir más utilizando la misma cantidad de mano de obra.El otro factor está relacionado con la manera desequilibrada como está creciendo la economía colombiana por la expansión de la actividad petrolera. Según estimativos del Dane, la refinación petrolera fue la actividad más dinámica de la industria durante los primeros siete meses del año al crecer 1,4 por ciento, mientras que el promedio de la actividad industrial cayó 0,5 por ciento.De esta manera la actividad manufacturera está siendo jalonada por un sector muy intensivo en capital y que en términos relativos genera poco empleo. Lo peor de todo es que el año entrante esta tendencia se va a acentuar, aumentando así la brecha entre el crecimiento económico y la evolución del empleo. De hecho, las buenas perspectivas de la economía para el próximo año se apoyan en buena parte en el crecimiento de los sectores minero y petrolero, que ha sido estimado por el Departamento Nacional de Planeación en 17 por ciento.Lo que queda claro es que mientras no se recuperen actividades intensivas en mano de obra como la construcción y el comercio las perspectivas para el empleo no serán nada buenas. De mantenerse esta tendencia, a pesar de los buenos augurios que el auge petrolero representa para el crecimiento económico de los próximos años, una parte importante de la mano de obra nacional se quedará con los crespos hechos y los brazos cruzados.
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