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| 5/27/1996 12:00:00 AM

CONEJO A LA GUARANI

EN EPISODIO DE ZARZUELA, PARAGUAY RECUERDA QUE LOS MILITARES SON UN FACTOR DE PODER QUE NO SE DEBE MENOSPRECIAR.

El lunes 22 el presidente del Paraguay, Juan Carlos Wasmossy, se levantó como un mandatario latinoamericano más, enfrentado a un paro general obrero, acusado de corrupción y perseguido por unas fuerzas opositoras que lo calificaban de ser el "gobernante más impopular de América Latina" y aseguraban que estaba urdiendoun 'autogolpe'. Al final de ese día, era un presidente escondido en un cuartel de la Fuerza Aérea, acosado por la rebelión de un general del ejército enamorado de sus charreteras. A mediados de la semana era un hombre pusilánime que había pactado una condición absurda para salvar su puesto. Y para cuando se acostó el viernes, Wasmossy se había convertido en un prócer capaz de sortear con éxito la peor crisis institucional desde su elección como primer presidente de la naciente democracia paraguaya.Wasmossy se enfrentó en este episodio al general Lino Oviedo, un hombre que se formó como militar en la dictadura del general Alfredo Stroessner (1954-1989), cuando la milicia era la clase dirigente omnímoda de un país aislado del exterior. Esa circunstancia parece haber marcado su personalidad en forma indeleble, al punto que Oviedo es considerado como un hombre 'mesiánico'. Fanático de los desfiles militares, construyó en su cuartel general un escenario especial (llamado por la gente el 'linódromo') donde no sólo escenificaba paradas, sino fiestas de disfraces en las que se caracterizaba _con sus oficiales como comparsa_ como emperador romano o como jefe mafioso.Hay que aceptar que gobernar con un jefe militar de esas características debe ser al menos incómodo. Sobre todo porque Oviedo fue el protagonista del golpe que tumbó a Stroessner por una disputa familiar con el consuegro de éste, el también general Andrés Rodríguez. Desde ese día de 1989, cuando Oviedo ingresó al bunker del dictador para conminarle, pistola en mano, a abandonar el país, se convirtió en una figura popular de no disimuladas aspiraciones políticas. Por todo ello no es de extrañarse que cuando llegaron las primeras elecciones libres en 1993, Oviedo no tuvo inconveniente en advertir a los dirigentes de oposición que el Partido Colorado, _la agrupación a la que pertenecía Stroessner, llamada Asociación Nacional Republicana_, no cedería el gobierno ni aun en el caso de ser derrotado. Esa amenaza no se cumplió, porque los colorados lograron encumbrar a su candidato Wasmossy.Aunque la Constitución fue reformada para excluir a los militares de la política, Oviedo no se dio por enterado ni ocultó sus intenciones de aspirar a la presidencia en 1998. La situación llegó al límite cuando Wasmossy rechazó el pedido de Oviedo de postergar la elección de dignatarios del partido gobernante. Ante la dura reacción del militar, Wasmossy no dudó en destituirlo de su cargo de comandante de las Fuerzas Armadas. Fue entonces, el lunes, cuando comenzó el sainete. Oviedo se declaró en rebeldía y exigió la renuncia del presidente, quien durmió en un cuartel militar. Al día siguiente, Wasmossy emergió en el palacio presidencial muy bien acompañado por el embajador de Estados Unidos, Robert Service, a tiempo que el Congreso se declaraba en sesión permanente y el secretario general de la OEA, César Gaviria, llegaba de urgencia a Asunción para apoyar el orden institucional. Los gobiernos del Mercosur se movilizaban en apoyo del gobernante elegido, y el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, dejaba en claro por teléfono que un gobierno nacido de un golpe de Estado no tendría ningún futuro en el continente. La reacción internacional convenció a Oviedo de que sus aspiraciones no eran viables, y entonces resolvió buscar una salida 'honrosa'. Ante la sorpresa de todo el mundo, Wasmossy accedió a pactar con él su salida del ejército a cambio del Ministerio de Defensa, que debe ser ocupado por un civil. En el cuartel de San Jorge Wasmossy se dio un abrazo con Oviedo, quien entregó el mando a su segundo, Oscar Díaz Delmás. La movilización popular de obreros y estudiantes, que había mantenido una vigilia frente al Congreso, comenzó a llamar traidor al presidente. El jueves, Wasmossy resolvió ponerle conejo a su adversario, quien ya había invitado a su posesión como ministro. Y éste, sin mayor trauma, cortó por la sano al decir que "al fin y al cabo yo no quería el cargo, porque lo que me interesa es la presidencia". A cambio, lanzó de inmediato su candidatura, vestido con una camisa roja, en medio de sus seguidoresVictoria de la democracia. Sin embargo el episodio abrió el espacio para varias reflexiones. La primera, la gestión exitosa de Gaviria, que recuperó algo de presencia para la OEA. La segunda, la efectiva movilización de los gobiernos vecinos. Y la tercera, la reacción popular, que fue determinante para el desenlace. Pero detrás del éxito aparente de la democracia hay cosas no tan claras: el gobierno de Estados Unidos, cuya embajada intervino abiertamente en la crisis, no tuvo reparos en celebrar el pacto entre Wasmossy y Oviedo, para luego aplaudir su extraño incumplimiento. Eso parecería evidenciar que Washington no ha cambiado su política de la guerra fría, según la cual no importaba que los militares gobernaran en América Latina siempre que no fueran comunistas. Sólo que ahora está dispuesto a hacerse el de la vista gorda con el poder de los militares, con tal de que no asuman directamente y dañen el democrático panorama latinoamericano. Si no es así, ¿por qué no protestan por la investidura como comandante de Díaz Delmás, un camarada del golpista, por lo demás totalmente identificado con éste? Mientras los militares demostraron de nuevo que siguen siendo un factor de poder inevitable en el continente, el único que parece haber salido ganando con el episodio es el pueblo paraguayo, que con su presión evitó que las componendas palaciegas salieran adelante.
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