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| 9/10/2001 12:00:00 AM

Contra la recesión

Los preocupantes síntomas de decaimiento económico pusieron al gobierno a marchar para evitar otro frenazo.

Hace 10 dias el Dane publico un dato que dejó frío a todo el mundo: el volumen de producción industrial cayó en junio pasado por primera vez desde noviembre de 1999. La industria en su conjunto registró un crecimiento negativo del 2,6 por ciento y de las 28 ramas que componen la muestra del Dane, 18 decrecieron en junio.

Esta caída no estaba en las cuentas de nadie. Todos los pronósticos del gobierno y de analistas privados, que apuntan a un crecimiento económico cercano al 2 por ciento para este año, se basan en el supuesto de que la producción de la industria tendrá un aumento modesto pero positivo. Aún es temprano para saber si el resultado de junio fue un caso aislado o si, por el contrario, indica que ha comenzado un nuevo frenazo de la economía. Si fuese esto último la situación sería grave, pues la tímida reactivación económica del último año y medio se esfumaría del todo.

Por eso la semana pasada se oyeron las voces de empresarios, dirigentes gremiales y analistas clamando por medidas de choque para evitar que el aparato productivo caiga en el estancamiento. Si estas medidas ya eran necesarias, ahora son urgentes. El gobierno, al parecer, está dispuesto a redoblar los esfuerzos para darle un empujón a la economía que evite que el segundo semestre de este año resulte tan flojo como el primero.

Lo que le está ocurriendo a la economía es que se está debilitando el principal motor del crecimiento, que son las exportaciones. Más allá de las menores ventas externas de café y petróleo, que de alguna manera estaban previstas, las exportaciones industriales, que han sido la tabla de salvación de miles de empresas en los últimos dos años, ahora están amenazadas por varios frentes.

Uno de ellos es la tasa de cambio, que desde hace tres meses dejó de subir. Desde entonces el precio del dólar ha bajado cerca de 100 pesos. Esto implica una disminución de los ingresos de las empresas exportadoras, que ya lo están empezando a sentir y ahora reclaman del gobierno una política más agresiva de devaluación.

De otro lado, hay problemas con Estados Unidos, junto con Venezuela, uno de los principales clientes de las exportaciones colombianas. La economía estadounidense pasó en pocos meses de la bonanza al estancamiento con la consecuente disminución de las compras externas y uno de los afectados ha sido Colombia. Por lo menos así lo indican los datos que muestran una drástica reducción de las exportaciones colombianas de productos industriales hacia Estados Unidos (ver gráfica).

Las ventas externas hacia otros países andinos, y en particular hacia Venezuela, han marchado bien hasta ahora. Sin embargo este mercado podría verse restringido si se cumplen los anuncios de la ministra de Producción y Comercio de Venezuela, Luisa Romero, quien asistió a la asamblea de la Andi en Cartagena la semana pasada y confirmó la intención de su gobierno de devaluar su moneda y además reducir las importaciones por decreto. Esta medida poco ortodoxa cobijaría las compras a Colombia, y aunque aún no se sabe qué tan drástica resultará en la práctica, fue quizás el mayor motivo de preocupación de los empresarios presentes en la reunión.

Lo preocupante de la situación es que mientras se ciernen estas amenazas sobre el sector exportador la demanda interna sigue estancada. Los colombianos, por muchas razones, aún no se animan a consumir o invertir más.

Por eso el gobierno ha enfilado sus baterías a tratar de reactivar la demanda interna. “Se la estamos metiendo toda”, dijo el ministro Juan Manuel Santos al referirse a la cascada de medidas de choque anunciadas la semana pasada.

Se dieron a conocer nuevas exenciones tributarias y estímulos para el sector de la construcción. También el gobierno decidió repatriar 680.000 millones de pesos que se habían guardado de la bonanza petrolera para ayudar a pagar las deudas de las entidades territoriales, aliviando de paso la situación de los bancos acreedores.

De otro lado el gobierno explicó su propuesta de hacer una reforma laboral por decreto que reduciría los pagos de horas extras, festivos y recargos nocturnos, algo que los empresarios siempre han pedido para poder generar más empleo. Y anunció la creación de un fondo, con recursos del IFI, para capitalizar las empresas que estén sobreendeudadas de manera que puedan volver a recibir créditos nuevos.

Qué tanto ayudarán estas medidas a reactivar la economía dependerá de cómo y qué tan rápido se lleven a la práctica. En todo caso la mayoría de los analistas coincide en que estos incentivos ayudan pero no resuelven del todo el problema de la demanda interna. Hacía falta, según algunos, una disminución adicional de las tasas de interés por parte del Banco de la República. En el pasado éste se había abstenido de bajarlas con el argumento de que se dispararían la tasa de cambio y la inflación. Pero esos riesgos están ahora bajo control y sorpresivamente la Junta del Banco bajó las tasas de interés en un punto el jueves pasado. Una medida agresiva de parte de la Junta que indica la preocupación de las autoridades por la situación económica.

No deja de ser paradójico que Colombia, que ha sido un país juicioso en materia de ajuste fiscal y reformas estructurales, y gracias a ello se ha mantenido a salvo de la turbulencia financiera internacional desatada por Argentina, pase por una situación económica tan complicada. Y es que las reformas, aunque son necesarias para lograr la estabilidad en variables clave como las tasas de interés y la tasa de cambio, no garantizan en sí mismas que haya una mayor inversión y un mayor crecimiento.

Todas las medidas anunciadas la semana pasada en el fondo buscan que haya más recursos de crédito disponibles para invertir. Ahora sólo falta que con los recursos disponibles los colombianos estén dispuestos a embarcarse en nuevos proyectos o a meterle más plata a las empresas que ya existen. De lo contrario la demanda interna seguirá estancada, y si las exportaciones no ayudan la economía podría recaer en la temida recesión.



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