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| 9/22/2003 12:00:00 AM

Corrupto el que paga

Pasó por Colombia el director de Transparencia Internacional. Como siempre, habló de corrupción, pero esta vez en el sector privado.

Pocas personas pueden hablar con tanta autoridad como Jeremyn Brooks sobre los escándalos que, después de Enron, han sacudido el mundo de los negocios. Licenciado en contaduría, auditor en Alemania, hizo carrera en PricewaterhouseCoopers, hasta llegar a ser presidente mundial de la firma en 1997. En 2000 se retiró para vincularse a Transparencia Internacional. A su paso por Colombia SEMANA lo entrevistó.

SEMANA: ¿Qué mensaje les trajo a los empresarios colombianos?

Jeremyn Brooks: Tradicionalmente en Transparencia Internacional nos hemos enfocado en combatir la corrupción en el sector público, sin hacer tanto énfasis en la otra cara de la moneda. Pero el problema de los sobornos tiene dos lados: el que pide los pagos irregulares, que casi siempre es el sector público, y el que paga, que es el privado. Uno no ataca el problema a fondo hasta que no logre que las empresas dejen de ofrecer sobornos.

SEMANA: ¿Cómo lograr esto último?

J.B.: Hemos trabajado con compañías y organizaciones en todo el mundo para diseñar un producto que hemos llamado "principios empresariales para contrarrestar el soborno". Ahora invitamos a las compañías de todos los países a aplicarlos. Nos complace saber que ya hay 14 empresas colombianas que han anunciado su adopción. Acabamos de realizar un taller aquí en Colombia con representantes de más de 100 empresas, en el que señalaron las cosas que influirán positiva o negativamente al aplicar estos principios.

SEMANA: ¿Qué dijeron los empresarios?

J.B.: Por el lado positivo destacaron el compromiso que ven en el gobierno para combatir la corrupción. Este apoyo del sector público no se ve en todas partes. Por el lado negativo señalaron que hay unas leyes muy complejas que no se hacen cumplir y una burocracia ineficiente, lo que conlleva muchas veces a pagos irregulares para la obtención de licencias, permisos, etc... Este es un obstáculo gigantesco para la eficiencia de los negocios.

SEMANA: ¿Cómo hacer que los principios no se queden en un saludo a la bandera?

J.B.: Aterrizarlos en un programa detallado que les permita a las compañías asesorar a cada uno de sus empleados en estos temas, y supervisar lo que hacen.

SEMANA: ¿Con qué herramientas?

J.B.: Es importante darles garantías a los delatores para que, cuando un empleado sienta que alguien está haciendo algo malo en la compañía, como pagar un soborno o firmar un contrato incorrecto, pueda denunciarlo ante una instancia independiente. Para supervisar la aplicación de los principios las empresas pueden publicar, si lo desean, las medidas que están tomando para combatir el soborno, de manera que haya presión del público para que cumplan sus propios estándares.

SEMANA: Nada de esto sirve sin un compromiso a alto nivel en las organizaciones...

J.B.: Como en todo intento de cambiar las cosas hay, por decir algo, 25 por ciento de la gente que se entusiasma, otro 25 que considera inútil modificar el sistema y 50 por ciento que lo hará si se convence de que es bueno. Nuestro mensaje es que combatir el soborno beneficia a los propios empresarios. No hacerlo lesionará cada vez más su reputación y les traerá problemas jurídicos.

SEMANA: Pero hay países desarrollados en los que el pago de sobornos en el extranjero incluso es deducible de impuestos...

J.B.: Somos muy críticos de las multinacionales que dicen ser muy éticas en sus países de origen pero en el extranjero muestran un comportamiento corrupto. Pero el régimen legal ha cambiado. La Oecd, que agrupa a los 30 países más ricos del mundo, aprobó en 1997 un tratado que convierte en delito pagar sobornos, incluso si es en el extranjero. Esto es algo que pedía Estados Unidos porque en ese país ya se penalizaba esa conducta desde 1997, y los norteamericanos decían que no podían competir en pie de igualdad con las multinacionales europeas, que sí podían sobornar en el extranjero.

SEMANA: La corrupción va más allá del soborno. Con una concesión mal diseñada, por ejemplo, el Estado puede perder más que con un robo directo. ¿Qué hacer?

J.B.: Nuestra definición de corrupción es el abuso del poder confiado para provecho personal de quien lo recibe. Esto cobija el área de los conflictos de intereses. Si usted recuerda el caso Enron, hay indicios de que ellos sobornaron en India, y creo que también Suráfrica. La administración se metió plata al bolsillo, manipuló la contabilidad, engañó al público para valorizar la acción. Esto último también es corrupción, aunque nosotros nos hemos enfocado inicialmente en el asunto más tangible de los sobornos.

SEMANA: ¿Las reformas posEnron sirven?

J.B.: Cuando estalló lo de Enron el gobierno corrió a aprobar una ley para enfrentar el problema. El presidente Bush se había opuesto antes a esta legislación por su cercanía al sector privado. Pero el escándalo lo empujó a apoyar esa ley. El problema es que la administración Bush cree que casos como los de Enron y WorldCom son la excepción y no la regla; que el sistema está bien y tan sólo hay unas pocas "manzanas podridas". A nivel político nadie se pregunta si lo que hay es un problema de fondo en el sistema.

SEMANA: ¿Cree que lo hay?

J.B.: Usted recordará la multa de 1.400 millones de dólares que les pusieron a los 20 bancos más grandes que operan en Estados Unidos por no separar sus recomendaciones de inversión de sus otros negocios. Es decir, aconsejarle a la gente comprar acciones y bonos de las compañías que ellos mismos financiaban. Hay problemas de fondo en el sistema.

SEMANA: ¿Cómo ve los escándalos por las remuneraciones extravagantes?

J.B.: "El apetito es bueno" era el lema en los años del boom. Pero creo que no lo es porque quiere decir que el egoísmo es el principal valor de las personas. Richard Grasso, presidente de la Bolsa de Nueva York, se autopagó una bonificación laboral de 140 millones de dólares y tuvo que renunciar ante el escándalo. Los altos ejecutivos habían perdido el sentido de la proporción entre lo que trabajaban y lo que se pagaban a sí mismos. En tiempos del auge económico se podían salir con la suya, la recesión destapó estas cosas. No es sólo un problema de Estados Unidos. Yo diría que es del mundo entero.

SEMANA: ¿Qué hacer al respecto?

J.B.: Todo esto ha podido ocurrir por la debilidad de los derechos de los accionistas frente al poder de la administración de las compañías. ¿Quién nombra a los miembros de la junta directiva? Se supone que la asamblea de accionistas, pero este es sólo un formalismo. En la práctica el presidente de la empresa es el que pone los candidatos. En esas condiciones un miembro de junta no va a querer cuestionar mucho al presidente de la compañía, porque corre el riesgo de que no lo pongan de candidato para su reelección.

SEMANA: Volviendo a Colombia, ¿qué tan corrupto es el país?

J.B.: Nosotros tenemos un índice que mide la percepción de corrupción en los diferentes países. Colombia está entre el 30 por ciento más corrupto. Hay otros países a los que les va peor, como Venezuela o Paraguay, pero el puesto de Colombia en el escalafón no es nada bueno.

SEMANA: Los colombianos van a votar próximamente un referendo que incluye la 'muerte política' para corruptos, reducir el tamaño de la burocracia, el voto público de los congresistas... ¿Cree que eso ayuda a combatir la corrupción?

J.B.: Habría que responder separadamente a cada pregunta. No soy un experto en el referendo colombiano pero, en general, viendo las áreas que cubre, creo que debería ayudar. Las sanciones para los políticos corruptos son un punto esencial. Si pasa el referendo el reto será hacer cumplir esas normas.
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