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| 8/28/1995 12:00:00 AM

COSECHA A MEDIAS

Al nuevo Ministro de Agricultura le ha ido bien con el gremio más difícil del país, porque tiene la ventaja de que nadie espera que él haga milagros.

ESTA VEZ LA SEMILLA SI CAyó en tierra fértil. Tal es quizás el primer comentario que se puede hacer sobre la manera en que el sector agrícola ha recibido el nombre de Gustavo Castro Guerrero como nuevo Ministro de Agricultura. Por fin, después de años de críticas y discusiones por parte de los gremios del sector, se dio un nombramiento que solo ha generado buenos comentarios. "Es un profesional de primera línea", le dijo a SEMANA el presidente saliente de la Sociedad de Agricultores de Colombia, César de Hart.
Y no es para menos. Gustavo Castro es un ministro de alto perfil. Hombre muy representativo de la Costa y de los sectores gremiales, se mueve como pez en el agua en el Congreso y para ciertas cosas puede aglutinar y liderar el bloque costeño. Inteligente, sagaz y hábil relacionista, sin duda se hará sentir en los medios de comunicación y no dejará de aprovechar su posición para perfilarse como lo que muchos crcen debe ser su próxima meta: candidato a la Vicepresidencia de la República en representación de la Costa y del lastimado sector agrícola.
Pero este ex ministro de Agricultura llegó a mediados de julio a un ministerio muy distinto del que conoció. El despacho es más elegante y el edificio es mejor que el que albergaba esa cartera en época de Belisario Betancur, pero el Ministro no tiene ni el peso ni los instrumentos de política que tenía en épocas pasadas. Ya no cuenta con asiento en la Junta Monetaria que dejó de existir, ni en la Junta Directiva de Proexpo que también desapareció, para solo citar un par de casos. En resumen, ha perdido capacidad, y mucha, para incidir en la política cambiaria, en la política monetaria, y para subsidiar directamente el campo.
Por esos factores, se puede decir que con Gustavo Castro el gobierno juega una carta de dos caras. Después de varios años y varios ministros, la agricultura en Colombia sigue en crisis por fenómenos ajenos al control del titular de la cartera de Agricultura. La revaluación y la inseguridad han sido los dos principales dolores de cabeza de los hombres del campo. Y en el pasado, ha habido dificultades con problemas cíclicos como la sequía y la caída de los precios de los principales productos agrícolas en el escenario internacional.
Una sucesión de ministros ha enfrentado esta situación con distintos grados de éxito frente a los medios de comunicación. No obstante, no ha habido mayores diferencias en el terreno de los resultados, puesto que los problemas fundamentales no son de su resorte: macroeconomía y orden público.
De lo que no hay duda, sin embargo, es que este Ministro tan representativo del agro, con tanta proyección y alto perfil, satisface a los agricultores como su vocero en el gobierno. Pero al mismo tiempo, y por eso es un arma de doble filo, este alto perfil unido a una ausencia de instrumentos para responder a los problemas del sector, muy posiblemente desemboque en polémicas con su colegas del gabinete encargados del manejo macroeconómico. Además, es seguro que habrá fricciones con la Junta Directiva del Banco de la República en torno de la revaluación y la política de crédito, si llega a haber problemas en cualquiera de esos frentes.
A su favor, Castro cuenta con qúe algunas circunstancias externas lo favorecen. Por una parte, ha habido un repunte importante en los precios internacionales de varios productos agrícolas claves. Por otra, problemas como el de la revaluación del peso se han corregido parcialmente en lo que va del año. "Veo señales alentadoras", sostiene el propio Castro.
Esos dos factores lo pueden ayudar a mantener el complicado equilibrio entre un gobierno que tiene en este tema más buena voluntad que herramientas y un gremio que pide resultados a gritos. Su gran ventaja es que muchos agricultores solo aspiran a estas alturas a que el Ministro los escuche, así sepan que su suerte se define en otras esferas. Como dice César de Hart "Gustavo Castro tiene todos los conocimientos, toda la experiencia y toda la voluntad de colaborar. Pero eso no garantiza que resuelva los problemas del campo". Dicha perspectiva realista no es nada mala para un Ministro a quien no se le ve como un Mesías, pero que puede cobrar cualquier avance en un sector de la economía que, después de buscar y buscar, decidió jugársela con uno de los suyos.
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