Viernes, 24 de octubre de 2014

| 1992/05/04 00:00

CRECE LA OSCURIDAD

El Gobierno aumenta el racionamiento de energía eléctrica y hace grandes esfuerzos par evitar su repetición en 1993.

CRECE LA OSCURIDAD


LAS PRIMERAS LLUVIAS DE ABRIL PROVOcaron euforia. Dado que el racionamiento de energía eléctrica es, según los informes oficiales consecuencia del verano, lo primero que se imaginaron la mayoría de los colombianos fue que con la llegada del invierno volvería la luz a todos los hogares, y durante todos los días de la semana.
Pero la intervención que hizo el viernes el ministro de Minas y Energía por la televisión los dejó con los crespos hechos. Según el funcionario, el racionamiento no solamente no se acabará, sino que se incrementará a un promedio de ocho a nueve horas diarias, durante todos los días. Y para evitar que las cosas se compliquen, será necesario ampliar la cobertura de los cortes de energía al sector empresarial, al cual se le pidió cerrar sus plantas durante la semana santa y dejar en vacaciones colectivas a todo el personal.
La razón del problema es muy sencilla: los embalses que alimentan el sistema eléctrico nacional -que depende en un 80 por ciento de recursos hídricos- están funcionando al mínimo de su capacidad. Y pasarán varios meses antes de que recuperen sus niveles normales de operatividad. En palabras de Jorge Bustamante, gerente general de la empresa de Interconexión Eléctrica S.A., ISA, para llegar a los niveles históricos de almacenamiento de agua se necesitarían por lo menos "1.800 aguaceros fuertes". Esto es, un promedio de tres al día durante todo un año.
Por esas paradojas que se dan en Colombia, en muchos centros urbanos los aguaceros de la semana pasada amenazaron con provocar una grave inundación. Pero en los embalses la situación no cambió. Al contrario, se siguió complicando. El último día de marzo, la cantidad de agua que había en las represas del sistema llegaba al 17.48 por ciento de su capacidad. El viernes pasado -y a pesar de la euforia reflejada en los titulares de prensa por las primeras precipitaciones- el nivel había descendido al 16.90 por ciento. Y en algunos embalses fundamentales, como el del Peñol, en Antioquia, alcanzaba la línea crítica del 10 por ciento.
Eso no quiere decir, por supuesto, que los colombianos no deban estar contentos con las primeras lluvias de abril. Ni que deban dejar de hacer fuerza porque sigan los aguaceros. Porque si bien existe una gran polémica sobre las razones que produjeron la desocupación de los embalses, es claro que una de ellas es el verano que se vive en el país, que según las autoridades es el más intenso de los últimos 40 años a nivel nacional. Y que en algunas regiones como el Valle es uno de los más intensos de los últimos 100 años.
Tan importantes son las lluvias que, de acuerdo con el ministro de Minas, la única manera de evitar que se prolongue el racionamiento más allá del primer semestre, es "con un invierno rápido y duro". Pero no sólo eso. Además de permitir que se levante el actual racionamiento, el que los embalses recuperen sus niveles históricos de almacenamiento es una condición fundamental para evitar que se presenten nuevos y mayores racionamientos en 1993.
Y es que hasta el momento la polémica se ha centrado en las causas de la situación actual del sistema eléctrico y poco se ha dicho sobre lo que puede pasar en los años venideros, que puede ser todavía más grave, si no se adoptan a tiempo las medidas indispensables para recuperar la capacidad de producción del sistema y para incrementar las posibilidades de generación a niveles suficientes para cubrir el aumento de la demanda.
En su intervención televisada, el ministro Juan Camilo Restrepo aseguró que la primera condición para que no haya racionamientos en 1993 es que se logre terminar en el presente año la construcción de la represa del Guavio y que en el mes de enero pueda entrar en funcionamiento por lo menos la primera de las cinco unidades que tendrá la central. Para garantizar que eso pase, el Gobierno nacional concedió un crédito puente a la Empresa de Energía Eléctrica de Bogotá por 70 millones de dólares y está gestionando un crédito adicional por 130 millones de dólares con el Banco Interamericano de Desarrollo, BID. La otra condición es que se logre terminar, también antes de finalizar el año, el primer circuito de interconexión eléctrica con Venezuela, un proyecto que se encuentra muy adelantado y para el cual el Gobierno nacional concedió otro crédito puente por 11 millones de dólares a ISA.
El que las dos obras entren a funcionar en enero es una condición necesaria para que no haya ra- cionamiento en el país en 1993. Porque si se atrasan hasta mayo, por ejemplo, y la hidrología del año entrante se asemeja a la de 1991 -cosa factible si se tiene en cuenta que en períodos anteriores el fenómeno de "el Niño" se ha prolongado hasta por cuatro años-, y no se hace nada más, el país se vería sometido a un racionamiento igual al doble del actual de acuerdo con estimaciones preliminares de ISA. Pero no es una condición suficiente. Porque de acuerdo con las mismas estimaciones, aún entrando a tiempo la primera unidad del Guavio y recibiendo la energía esperada de Venezuela, el país podría sufrir un nuevo racionamiento -equivalente a la mitad del actual-, si las condiciones hidrológicas no mejoran y los embalses del país no alcanzan a finales del presente año los niveles requeridos para enfrentar el verano del primer semestre de 1993.
Es por eso que el Gobierno está desarrollando, como lo dijo el ministro, acciones destinadas a mermar la presión sobre el sistema hidroeléctrico. Y una de ellas es la rehabilitación inmediata de varias unidades térmicas que actualmente se encuentran fuera de operación y el estudio de fórmulas rápidas para incrementar la producción de energía térmica en la Costa Atlántica. En 45 días, aseguró Restrepo en su alocución, Corelca puede habilitar varias de las plantas que, por problemas laborales o por falta de recursos, estaban fuera de operación.
Cabe recordar que buena parte de la polémica actual gira alrededor del manejo que se le dio el año pasado a las plantas de generación térmica. Mientras algunos expertos -como el ex ministro Guillermo Perry- consideran que el racionamiento se hubiera podido evitar si en lugar de permitir que se desocuparan los embalses se hubieran puesto a producir las centrales térmicas en toda su capacidad, los organismos del sector aseguran que no más del 15 por ciento del racionamiento es atribuible a una reducción en la generación de dichas plantas.
Lo cierto del caso es que se ha llegado a una especie de consenso sobre la necesidad de hacer menos vulnerable el sistema, mediante la inversión en plantas térmicas. En palabras de Guillermo Perry, "es indispensable utilizar mejor tales plantas para poder guardar agua en los embalses". Y por eso el ex ministro considera que es urgente acelerar el programa de rehabilitación de las plantas de Corelca -que según él estaba previsto desde 1987-, arreglar Termozipa y acabar el traslado de la planta de Chinú a Cartagena y Barranquilla.
Pero además, y con el fin de aliviar la presión sobre los embalses, el Gobierno está adelantando otra serie de medidas en el corto y el mediano plazo. En primer lugar, decidió aumentar la oferta de gas propano, para lo cual incrementó la producción en las dos refinerías del país y eliminó las cuotas y las restricciones geográficas que pesaban sobre la importación del producto. Según el ministro de Minas, el propio Gobierno hará una importación del orden de las 2.000 toneladas, equivalentes al 60 por ciento de la oferta actual. "Eso -dijo- hará que fluya más rápido el gas, permitiendo la sustitución del consumo de energía eléctrica".
Aparte de eso, el Gobierno está adelantando un inventario de aquellas empresas o personas con capacidad de autogeneración, con el fin de establecer si hay excedentes que se puedan trasladar a otros usuarios, y está estudiando una serie de cotizaciones para la contratación de barcos generadores de energía que puedan contribuir a satisfacer la demanda en algunas ciudades costeras del país. "No son muchas, pero pueden ayudar", le dijo a SEMANA Juan Camilo Restrepo.
Todo lo anterior permitirá aliviar la presión sobre el sistema interconectado nacional. Y garantizará que si las condiciones del clima no son muy adversas y las obras del Guavio y la interconexión con Venezuela están listas en 1992 el año entrante se pueda evitar un nuevo racionamiento. Contando, por supuesto, con que no se presenten problemas laborales y no se intensifiquen las acciones terroristas que en el último año han sacado de servicio 24 torres del sistema interconectado y tienen prácticamente secuestrado un sistema de generación tan importante como el de Tasajero.
Ahí no para todo, sin embargo. Porque tan importante como garantizar el suministro de energía el año entrante, es hacerlo para lo que resta del presente siglo. Y en ese objetivo, como lo dijo el ministro, cualquier atraso puede ser fatal. Es por eso que tanto para él como para los demás analistas del sector, resulta indispensable "desengavetar" el plan de expansión del sector, que reposa en los escritorios desde hace cuatro años.
Producir la energía necesaria para el fin de siglo no será un reto fácil. Primero, porque el consumo anual tendrá un crecimiento estimado en 350.000 kilovatios al año, lo que significa que en tres años la demanda se "tragaría" un proyecto como el del Guavio. Y segundo, por las dificultades para financiar las obras. Un estudio reciente de la organización Latinoamericana de Energía, Olade, estima que los ensanches eléctricos de América Latina requieren, por lo menos, 20.000 millones de dólares al año.
Y pocas son las entidades, multilaterales o privadas, dispuestas a soltar ese dinero en las circunstancias actuales de la región. De allí que resulta indispensable colocar dicha financiación como una prioridad en la agenda diplomática y financiera del país.
El plan, además, tendrá que recoger las lecciones de la situación actual, lo que supone apoyar la expansión del sistema en proyectos más versátiles que Guavio o Riogrande -cuyos atrasos son en gran medida responsables del racionamiento-, y hacerlo menos vulnerable a las condiciones del clima mediante el desarrollo de fuentes movidas por gas o carbón.
Pero más importante, quizás, es que el país se despierte del sueño en el cual lo sumió su abundancia de electricidad. Que los colombianos aprendan, por un lado, lo importante que puede resultar el ahorrar energía. Y que los gobiernos aprendan, por el otro, a manejar de manera responsable los problemas del sector. No sólo en materia financiera sino institucional. Porque resulta paradójico, por lo menos, que a estas alturas las empresas no conozcan a sus clientes, y tengan que recargar la mayor parte del peso del racionamiento en los usuarios de menor capacidad, cuando -como lo dice el ex ministro Perry- conocer a los clientes grandes permitiría ahorrar grandes cantidades de energía, aún con incentivos económicos que de seguro resultarían mucho menos costosos que los cortes de luz a los cuales está sometido el país en la actualidad. -

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