Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2009/01/11 00:00

Y la crisis lo arrolló

La recesión económica que sacude al mundo ha tenido efectos devastadores. Incluso mortales. Adolf Merckle, uno de los hombres más ricos de Alemania y del mundo, se quitó la vida agobiado por la situación. Esta es su historia.

Adolf Merckle buscó la forma más brutal para quitarse la vida: se acostó sobre las vías del tren regional expreso RE 22345, que lo aplastó

La crisis financiera internacional ha tomado dimensiones dramáticas e inimaginables. La semana pasada ocurrió un hecho que le dio la vuelta al mundo. Uno de los 100 hombres más ricos del planeta se suicidó, agobiado por la situación financiera. La forma como este millonario le buscó salida a la crisis resulta inverosímil para muchos. Porque por mucho dinero que pudiera perder, aún estaría muy lejos de la miseria en la que quedaron miles en esta crisis.

El protagonista de esta historia es el alemán Adolf Merckle, uno de los hombres más ricos de ese país. Este es su drama.

Merckle tuvo su casa, su familia y se quitó la vida en Blaubeuren, un pequeño poblado a las orillas del Danubio. Era el quinto hombre más rico de Alemania y el 94 del mundo, según la revista Forbes.

A sus 74 años, el miedo y la decepción consigo mismo lo llevaron a un suicidio insólito que tiene consternados a los alemanes y sorprendido al mundo.

Merckle, fundador y propietario de Ratiopharm, una de las insignias de la industria farmaceútica de su país, no decidió autoinfligirse una muerte sin dolor con un coctel de fármacos. Ni colgarse de una soga en la soledad de su casa. No. Lo que hizo fue buscar la forma más brutal para quitarse la vida: salió en la noche del pasado lunes 5 de enero de su casa y se acostó sobre las vías del tren regional expreso RE 22345. Y con ello no solo puso fin a su vida: a juzgar por la experiencia de un país en el que este tipo de suicidios son pan de cada día, el conductor de la locomotora que lo arrolló quedará traumatizado por el resto de su vida.

A Adolf Merckle la angustia lo venía acosando desde octubre del año pasado cuando la crisis estalló en Estados Unidos, las bolsas alrededor del mundo empezaron a caer y sus empresas más poderosas -las farmecéuticas Ratiopharm, Merckle y Phoenix, y la cementera Heidelberg Zement- estuvieron al borde de la quiebra.

Era un multimillonario y una de las personas más importantes de un país con una economía tan poderosa como la alemana. Su capital se estimaba en alrededor de los 8.000 millones de euros, y sus consorcios le dan trabajo a más de 100.000 personas alrededor del globo. Producen materias primas y exportan medicamentos y patentes en el mundo entero. Merckle era un baluarte, una insignia de la industria alemana por excelencia.

En las semanas de angustia que siguieron al resquebrajamiento de Wall Street, el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung lo citó para una entrevista. Sería la última de su vida. Aunque se lamentaba porque "en tiempos de crisis como estos la opinión pública puede ensañarse arbitrariamente contra cualquier acción de cualquier individuo'', tampoco se veía muy angustiado: "¡Yo ya he sobrevivido a muchas caídas de bolsa!''

El 'Padrino de Blaubeuren', como lo habían apodado en la carátula de una revista en 2004, provenía de la región de Suabia. Las personas que lo conocieron en este pueblecito de 12.000 habitantes hablan de un hombre modesto en su economía hogareña, lo cual en esta región de Alemania es la primera virtud de todo hombre respetable. No es extraño que sus vecinos se hayan desbordado en elogios ante las cámaras.

Pero para la opinión pública, Merckle jamás dejó de ser el empresario voraz de siempre. Llevaba una doble vida con la que aparentemente sólo buscaba el dominio y la conservación del poder adquirido. Mientras día a día se jugaba en la ruleta especulativa mundial el capital (y la vida) de su empresa, en su vida privada se bañaba a gotas en la austeridad.

Hacía ya tiempo que estaba Merckle en el ojo del huracán, desde que se conoció que había especulado durante varios años con acciones de Volkswagen y que, en esas apuestas, había perdido millones de euros. Se supo también que mientras se jugaba el capital de sus empresas, indagaba mediante su lobby sobre la posibilidad de que, en caso de un descalabro, el Estado alemán le fiara dinero. Se le trató entonces de 'descarado' y 'oportunista', con lo cual su fama empezó a declinar.

Desde la catástrofe de octubre, Merckle se consideraba un fracasado. En la carta de despedida que le dejó a su familia, aunque no explica sus motivos, pide perdón. Sus parientes admitieron el martes mismo ante los medios que la inseguridad y la sensación de impotencia en que estaba imbuido el abuelo Merckle "habían quebrado en mil pedazos al apasionado empresario''.

Y las cartas ya estaban jugadas. Antes de morir, Adolf Merckle puso su firma donde fuera necesario para dejar protegida a su familia. Una semana después del suicidio, los bancos acreedores salvaron al grupo empresarial con un crédito de 400 millones de euros, pero obligaron a su familia a vender la firma de medicamentos genéricos Ratiopharm (la empresa que Merckle mismo constituyó y de la que vivía orgulloso). Su familia será expulsada del grupo por los bancos prestamismas: ya su hijo Ludwig anunció que no continuará en su posición gerencial. El gigante de los fármacos alemanes terminó arrollado... por la crisis.
 

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